Del linchamiento y el odio

You’re always on display for everyone to watch and learn from. Don’t you know by now you can’t turn back? Because this road is all you’ll ever have. And it’s obvious that you’re dying, just living proof that the camera’s lying.

– “Fences”, Paramore

Recientemente, el video de una conferencia de prensa provocó uno de los fenómenos más observables en la industria musical, no sólo mexicana, sino de todo el mundo. En dicha grabación, Mon Laferte, cantautora de origen chileno y residente mexicana, responde de mala manera a la pregunta de un reportero.

La polémica pregunta fue: ¿cómo es que Mon Laferte ha logrado hacerse de público femenino, si las mujeres suelen atacarse entre sí? La chilena, visiblemente molesta, definió la pregunta como machista y pidió al reportero informarse más y reformular tal cuestionamiento. El diálogo se convirtió en una serie de interrupciones mutuas, hasta que la cantautora declaró: “Estoy hasta la madre de que me hagan preguntas pendejas machistas”.

El video se hizo viral gracias al rechazo masivo que provocó la actitud de Laferte. Los comentarios tachaban la respuesta de la chilena como exagerada, aún cuando la intención misógina de la pregunta era evidente. Dada la aparente “sobrerreacción” hacia un tema “sin importancia”, Mon Laferte fue un blanco más de los linchamientos masivos.

Como se mencionó, este fenómeno es muy común, al menos en la actualidad. El internet facilita al individuo la identificación con ciertos grupo, haciendo más sencilla la gestión de comunidades unidas para una causa específica. Aunque suena bastante benéfico, el problema radica en que no todas las causas son particularmente favorables.

Los linchamientos masivos en redes sociales tienen la sola intención de hacer catarsis furiosa sobre una persona. La idea que pone a un músico, un actor, un conductor, o incluso a un deportista, en el puesto de “enemigo público” no puede ser puesta a debate, dado que todos los movimientos de este fenómeno son dignos de una masa, y la masa no perdona ni razona.

Existen diversas razones por las cuales una persona se vuelve el centro de odio de una masa furiosa. Sin embargo, todas las características que pueda reunir el enemigo público siempre aludirán a contradecir los sistemas de valores en los que una masa esté inmersa, y a partir de ello se puede desarrollar todo un discurso de odio en contra de dicho personaje.

En el caso mencionado al principio, Mon Laferte arremetió contra dos sistemas de valores muy arraigados en la idiosincrasia mexicana: el machismo y el concepto mismo de ídolo o personaje público. El primero es bastante obvio, dado que se encuentra textual en las palabras de la chilena. El segundo refiere a la idealización de las celebridades.

A un gran porcentaje de las personas que vieron el video mencionado anteriormente les pareció que la respuesta de la chilena fue exagerada, dado que la pregunta no parecía tener una mala intención, o siquiera un trasfondo machista. Sin embargo, es claro que la molestia radica en que Mon Laferte cuestionó un estereotipo de género muy marcado en el imaginario colectivo.

A esta masa le parece imperdonable que una mujer se aventure a polemizar sobre su papel en la sociedad. De esto surge que muchos de los comentarios referentes al video contengan la palabra “feminazi”, un término utilizado para demeritar cualquier discurso relacionado con la impugnación de la estructura de géneros actual.

Ejemplos de comentarios en el video de la conferencia de prensa. Fuente: Youtube

 

Por otro lado, existe una idealización de la figura pública. Este ideal radica en una imagen mental que la masa se crea de las personas que ven en los medios. Pareciera ser que una persona constantemente expuesta a las cámaras de televisión y a los micrófonos de entrevista debe perder por completo su humanidad.

El ídolo no debe sentir más que agradecimiento y felicidad por estar donde está. Por tanto, cualquier gesto que éste haga en contra de dicha idea le ganará el puesto de enemigo público. En este caso, el hecho de que Mon Laferte tratara con evidente enojo a un reportero rompe con el concepto de ídolo, y le gana la etiqueta de “diva” o “mamona”.

En este caso particular, los puntos mencionados anteriormente son clave para que la chilena fuera blanco del odio masivo. Sin embargo, los linchamientos masivos son sólo el estallido de una acumulación de odio dada desde tiempo atrás, la cual también encuentra motivo en la contradicción de ciertos sistemas valóricos de la masa.

Dicho en otras palabras, el linchamiento masivo nunca es espontáneo. El caso de la conferencia de prensa no es un hecho aislado, sino que fue una suerte de pretexto para que la masa pudiera hacer catarsis de un odio existente desde tiempo atrás. Así, el linchamiento es la herramienta que usa una masa para ganar más adeptos, y lograr que más gente odie a su enemigo público.

Existen dos probables puntos en los cuales la masa pudo haber encontrado la contradicción a sus valores desde antes de la conferencia de prensa. Uno es el hecho de que Mon Laferte es chilena, y otro la sobreexposición en los medios. El primero deriva en una suerte de xenofobia disimulada, y la otra a un esnobismo generalizado.

Evento creado en redes sociales. Fuente: Antena 7

 

Mon Laferte es chilena de nacimiento, pero técnicamente su carrera musical la desarrolló en México. Aunque en 2003 se catapultó como Montserrat Bustamante en su lugar de origen, en 2007 decidió trasladarse a México, uno de los países más fructíferos para los artistas extranjeros, para hacerse del nombre Mon Laferte.

Muchos de los comentarios que referían al video de la conferencia de prensa se veían molestos con el hecho de que Mon Laferte, con un marcado acento chileno, usara lenguaje soez característico de la mexicaneidad. Esto puede ser a causa, entra varias otras cosas, del rencor en nuestros paisanos por sentirse usados por una sudamericana que, al final, terminó teniendo el cenit de su carrera en Viña del Mar.

El siguiente punto es el esnobismo. Es muy común que las personas odien lo que es popular, dado que, irónicamente, se piensa a lo popular (arte, música, literatura, etc.) como un producto de la masa irracional, aquella que no cuestiona lo que consume, y que, a partir de la repetición sin sentido en los medios de información, tiene en un pedestal al cualquier “hijo de vecina”.

Este fenómeno es habitual encontrarlo en debates sobre la música pop, e incluso con el reggaeton. Sin argumento sólido alguno que se base en un verdadero conocimiento musical o lírico, se demerita este tipo de música sólo porque es del gusto del “populacho”, y entonces se forma otro tipo de “populacho” que hace moda el odiar sin sentido a algo o alguien.

Este punto del esnobismo es quizá el más importante dentro del fenómeno del enemigo público, ya que usa de pretexto todos los puntos ya mencionados (en este caso, el machismo, el ideal del ídolo y la xenofobia) para demeritar el trabajo de los artistas, tomando o no en cuenta los valores estéticos o artísticos de dicho trabajo.

Esto último se considera dada la cantidad de discursos de odio disfrazados de críticas musicales. No es erróneo juzgar los defectos de cualquier composición lírica o musical; de hecho, es un diálogo muy constructivo. Sin embargo, debe ser eso, un diálogo, y no una imposición de ideas gestionada por prejuicios que sesgan la información (y eso está dirigido a ambas partes: los que odian y los que aman).

Para concluir, no es ideal dejar a artistas como Mon Laferte sin una crítica constructiva de su música. Sin embargo, la interpretación y valoración de su música no debe de ser atravesada por razones que se justifican en el odio masivo, ya que estas no tienen un valor como crítica real al trabajo artísitico, sino que lo tienen como reveladoras de nuestros complejos e ideologías irracionales.

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Ciencias de la Comunicación. FCPyS, UNAM. Viviendo desde el 96.