Escuchar pop sin prejuicios (texto + playlist)

Cuando se habla de pop pareciera siempre haber muchos prejuicios de por medio. Es un tipo de música que por lo general tiene una mala reputación en círculos “rockeros”, “alternativos” o “indies”. El rechazo que genera es casi inmediato en los adeptos a otros géneros, muchas veces atrapados en una rancia y obsoleta discusión de “rock vs pop”. Lo cierto es que muchas opiniones, que pudieran pasar por argumentos, resultan ser simples prejuicios.

Al pop se le tacha de ser música “mala”, simplona, hecha por gente sin talento, cuyos exponentes son prefabricados y cuyo principal objetivo es un mercado juvenil femenino. El problema con afirmaciones como éstas es que no pueden ser ciertas o falsas en sí mismas al generalizar en demasía. No hay “géneros buenos” o “géneros malos” por sí mismos, sino una gama de diferentes exponentes dentro de cada uno.

Además de que en estos tiempos las fronteras entre los géneros son cada vez más difusas, hay que considerar un razonamiento lógico bastante sencillo: no todos los artistas pop son malos solo por hacer pop; ni todos los artistas de rock (u otros géneros) tienen un talento desbordante. Rock, hip-hop y electrónica hoy también adoptan sonidos accesibles y venden millones de álbumes y abarrotan estadios. Así también hay artistas de sonido pop que escapan a las convenciones sonoras del género y trabajan desde la independencia económica y estética.

Existe otro prejuicio, quizá menos evidente, que relaciona al pop con lo femenino y le atribuye cualidades que (erróneamente) se asocian con ello. El rock, según el cliché, es masculinidad, energía, rudeza, autenticidad. El pop es, también desde los clichés, feminidad, diversión insulsa, pasividad, artificialidad, espectáculo. El rock es auténtico y está en control de sí mismo. El pop debe cumplir con cierta imagen, es un instrumento de entretenimiento. Si una mujer quiere sobresalir en el mundo del rock (como creadora o consumidora) debe adoptar cualidades “masculinas”. Un hombre cercano al pop es señalado como “femenino”.

Todo esto puede repercutir en la forma en que el público percibe y consume cierto tipo de música. ¿Conocen a alguien que no escucha pop simplemente porque no encaja en el estereotipo que tiene como bandera? ¿O que lo escucha como un placer “culpable” del que siente vergüenza y lo mantiene en secreto para no avergonzarse en sociedad (la parte de la sociedad en la que se siente aceptado)?

Al final resulta anticuado, obsoleto y hasta ignorante pensar que tal o cual género en sí es “mejor” que otro. Tampoco es que haya mejores gustos que otros (quizá algunos sean más diversos). Cuando se idealiza algo, sólo logramos encerrar nuestra visión. Hoy más que seguir pensando en géneros parece que debemos hacerlo en los distintos sectores (mercados, circuitos, escenas) en que se mueven los artistas, aspecto que también está en expansión. Cada vez más actos son aceptados en escenarios que no parecieran los “naturales” para ellos, y tanto medios de comunicación como público amplían constantemente su espectro musical.

¿Cómo romper los prejuicios? Abriendo nuestros oídos a otros sonidos y nuestra mente a otras ideas. Una experiencia amplia de la música no sabe de ideologías; puede ir de lo más amigable a lo más experimental y disfrutar de cada expresión de forma diferente. Sé que este consejo comúnmente iría para aquellos que no salen del gusto popular; pero irónicamente muchas veces aquellos con gustos “diferentes” llegan a encerrarse en sus ideas, haciendo que lo purista y conservador funcione de manera inversa. Señalan y rechazan lo diferente a ellos.

Al final no se trata de defender al pop porque sí. Es cierto que hay (mucho) pop con esos atributos negativos que se le achacan, pero también hay propuestas estéticas y artísticas valiosas. Se trata de argumentar que en cualquier tipo de música puede haber expresiones valiosas y que podemos abrirnos para expandir la forma en que la experimentamos.

Presentamos esta playlist con artistas que, por un lado, hacen pop (o algo que se le parece); por otro, son mujeres. El prejuicio común diría que por esas razones su música no vale la pena. Una buena escuchada nos hará pensarlo dos veces. Algunas, como Grimes, Sky Ferreira o M.I.A., son más reconocidas dentro del mundo “alternativo-indie”. Otras como Beyoncé, Solange o Rihanna le han dado una nueva cara al pop mainstream. Y otras más como Lorde, FKA twigs y Kelela han demostrado que aún se pueden lograr nuevos avances estéticos en este tipo de música. Todas son autoras en total control de su obra, retomando influencias y métodos del rock, R&B, la electrónica, el hip-hop y otros géneros para empujar poco a poco lo que el pop puede ser.

Si al final sigue sin gustarte el pop, es válido. Pero no lo es fijarse una postura sin salir de nuestra comodidad sonora, dejar a un lado las ideas preconcebidas y escuchar. No sean tan fresas y escuchen pop.

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