La versatilidad vertida en pop: ‘Colors’ de Beck

Colors

Beck

Capitol Records / 2017

Después de tantas fechas de lanzamiento dilatadas, llega Colors, el treceavo disco del fructífero multi-instrumentalista Beck, quien entrega el conjunto de sonidos más cercanos a la intención pop de su carrera. Sin embargo, aún cuando la creación de sonidos pueda ser ligeramente más obvia, este nuevo álbum tiene ese sello característico que el músico estadounidense ha cuidado a lo largo de sus trabajos anteriores.

Se había estado trabajando este material desde hace aproximadamente dos años, tiempo en el cual Beck unió mentes con Greg Kurstin, quien actualmente es reconocido por su trabajo con Adele, Kelly Clarkson y Sia. Entre los dos estuvieron a cargo de la interpretación de casi todos los instrumentos dentro de la grabación del disco. Beck declaró que, usando esa forma de trabajo,  “no tendríamos que pasar por los filtros de otras personas”.

Colors tiene una base electrónica-pop muy marcada, lo cual hace del disco una sesión de movimientos involuntarios con el pie. Sobre este cimiento, el músico de Los Ángeles le da personalidad a cada uno de los tracks con arreglos de un género particular, y logra incluir en este nuevo disco sonidos que van desde el funk hasta el folk. Esto, por supuesto, sigue hablando de la provechosa y bien manejada versatilidad de Beck. Además, este ambiente alegre del disco, y en especial toda la lírica manejada en él, transparenta la reciente felicidad que el autor ha sentido gracias a su esposa y sus dos hijos.

El disco inicia con el track que la da nombre a la totalidad, y, desde los primeros beats electrónicos que sirven como bienvenida, el espectador no da tregua a los movimientos que surgen desde el centro de su cuerpo: alegres, juveniles, con la visión puesta en la gama de colores que ofrece la vida. Este sentimiento también empata muy bien con Up All Night, canción que apela a esa búsqueda de la fiesta perpetúa en las cosas cotidianas de la vida, haciendo una suerte de engaño a la rutina para poder divertirse con ella. Al escucharlas, se entiende la decisión de tomarlas como sencillos, ya que representan perfectamente el alma del disco.

Beck incluso va más allá de la felicidad humana con “Seventh Heaven”. Inicia con una especie de juego con sintetizadores, los cuales dan la idea primera de un cielo más allá, una especie de nirvana. El ritmo que el track tiene posteriormente sigue siendo bastante rápido, y aún así, las guitarras dan esa sensación de paz alegre y rítmica. “Fix Me” también tiene ciertas intenciones de entender lo que está fuera del alcance material, pero, en su caso, es algo que se está aspirando conscientemente a sentir: la esperanza de que el amor lleve a un lugar completamente desconocido para muchos, que es el interior propio.

“Dear Life” toma la forma de una carta en la que se le pide a la vida mostrar el camino a seguir. Sin embargo, la tonalidad que toma la canción a partir del piano y la guitarra evitan las súplicas, y más bien se oye como una risa irónica. El entusiasmo por la desubicación personal se transforma a ritmos de hip-hop con “Wow”, canción que consigue plasmar la situación del hedonismo a corto plazo, en el cual una persona trata de impresionarse con cualquier cosa, pues la vida sólo pasa, y no parece tener otro propósito.

El funk se hace presente en dos partes del disco: “No Distraction” y “I’m so free”. En la primera, el tonito funky se percibe mucho más, en tanto el bajo le da ese matiz setentero, mientras las líricas aprovechan para volver a reconquistar a esa chica que se conoció hace muchos años en una disco. En cambio, “I’m so free” utiliza más recursos en cuestión de géneros, ya que empieza con una melodía funk, para después pasar a una guitarra muy distorsionada, y explotar con un beat electrónico.

“Square One” es una de las composiciones con más toques de pop del disco, junto con “Colors” y “Up All Night”. Esta canción retoma un poco de la estética ochentera, que son sintetizadores en colores pastel: suaves aunque con mucha carga de energía. Por otro lado, “Dreams”, el sencillo que lidera toda la publicidad del disco, tiene una estructura más parecida a la música electrónica. Sin embargo, como se puede esperar de Beck, fusiona sonidos de guitarras y percusiones para darle una textura mucho más dinámica e insolente, como una coquetería desfachatada y voraz.

Colors es un disco pensado para ser disfrutable, sin dejar de tomar en cuenta todas las posibilidades de significar a partir de la experimentación con sonidos. En ese sentido, Beck confía que cualquier tipo de escucha pueda apreciar lo que él trata de expresar. Más que descalificar su decisión de tornarse hacia lo que más fácilmente se escucha, este nuevo material puede entenderse como la complejidad de mantener un estilo propio cuando se manejan varias formas y técnicas, incluidas las fórmulas más conocidas en el mercado.

Ciencias de la Comunicación. FCPyS, UNAM. Viviendo desde el 96.