You are a simpleton! 15 años del Turn on the Bright Lights de Interpol

Algunos veíamos con recelo el hecho de que Interpol lanzara una re-edición antes que un nuevo material en 2012, pero muchos honestamente también agradecimos que los neoyorquinos finalmente colocaran “Song Seven” en el mismo set que “PDA”.

Sin embargo, el 2012 era un año cabalísticamente complicado y no quiero decir que esa sea mi visión, pero nuevamente todo el mundo era bombardeado con un mejorado apocalipsis y con éste el hecho de que probablemente, nadie escucharía más nada, gracias a que un nuevo ciclo iniciaría… pues bien, como casi todos sabemos el mundo sigue y la banda neoyorkina con todo y quejas lanzó nuevo disco hasta 2014.

Y si bien, El Pintor (Matador Récords, 2014) no fue recibido con bombo y platillos, la verdad es que sí llenó cierto vacío de oscura esperanza; la idea no es hacer un comparativo temporal pero definitivamente este hecho no es nada como cuando en el 2002 el Turn On the Bright Lights hizo su aparición, cuya salida sí subsanó ciertas heridas implicadas en la música tanto cultural, como socialmente hablando.

Contextualicemos, los inicios de los 2000 fueron bastante difíciles para todas las industrias, mucho más para una tan “trivial” como puede considerársele a la musical, problemas económicos y culturales derivaron en grietas estructurales que generaron trabucos que quizá conservamos hasta la actualidad, ¿A quiénes podríamos culpar? Invariablemente deberíamos frivolizar y puntualizar en que son dos hechos bastante grandes: el primer apocalipsis noventero (Nostradamus) y al derribo de las torres gemelas en NYC.

En ese hilo mental, yo sé que estuve lejos de sentir o concientizar lo difícil que era iniciar un nuevo “siglo musical”; mucho menos de comprender lo que sería para la industria globalmente crecer después del 9/11, sin embargo, no puedes exteriorizar -como manufactura- todos tus problemas y menos a todo el mundo tan abiertamente.

¿Ejemplos?

Se me ocurre mencionar el error que tuvo dicha industria al nombrar a The Strokes como los “salvadores del rock”, y no estoy diciendo que un disco debut tan especial como lo es el Is This It (2001, RCA récords), no pudiese ser capaz de generar expectativas tan altas; pero probablemente ayudó más el hecho de que gozaron un entorno favorable cuya vulnerabilidad catapultó a los también de New York a “ser” eso que no son, ni serán… y, el que hayan caído justo a tiempo con un buen material solo fue para hacer paliativas a una industria semi-destruida, en otras palabras, fue bastante fortuito para ambas partes; por suerte hubo fragmentos de esta mediatización que no permearon a todas las bandas de la camada norteamericana de aquellos años.

Quiero recalcar que no es que solamente sea culpa de la llamada “americanización de las cosas” el que haya decaído todo, ya que fuera de ese radar pop/mainstream –en América (EE. UU.)-, hubo también factores externos y globales cuya relevancia es demasiada, pero hablar de economía y política internacional quizá no sea tan adecuado justo ahora, mucho menos cuando también hubo factores ad hoc en forma de bandas “emergentes”, como: The National, The White Stripes, Animal Collective, The Killers o los reiterados Interpol que estaban allí, para solventar en alguna medida lo que “nadie” sabía que estaba roto, así como teorizar de la misma manera lo aterrador que era tener un panorama donde: “¿Cómo demonios suena el periodo inicial de siglo?”. Definía la postura musical frente a décadas pasadas.

Teoría que hoy en día no es muy diferente, pero que sería aún más cruel sí álbumes como: The National (2001, Brassland), White Blood Cells (SFTRI, 2001) Campfire Songs (2001, Paw Tracks) y un poco más adelante el Hot Fuss (2004, Universal) respectivamente. No hubieran llegado, entonces gracias a ellos y a muchas bandas más es que hay cierto rastro de felicidad hasta la fecha, porque lanzamientos como esos, aquellos y muchos otros, sí salvaron el promedio en esta llamada “nueva era musical”.

De ahí que la relevancia de Interpol y aquellas bandas “jóvenes” va mucho más de si nos gustan o no.

Ahora regresaré al vínculo principal: el Turn On the Bright Lights sin mucho más que decir es un disco emblemático y quizá para algunos no es tan relevante porque suele ser visto como una remezcla ochentera y mal hecha de lo que fueron bandas como The Chameleons y Joy Division, para otros -dónde me incluyo- es esa chispa deprimente que el mundo necesita (todo el tiempo) para explicar lo que muy dentro de nuestro corazón ocurre. Como un carnicero o como un explorador épico, ya depende de cada uno.

Sí bien el disco inicialmente sólo contaba con 11 canciones, ahora con varias ediciones después, compilados y extend plays lo que engloba el TOTBL ha generado muchísimas más, desde la querida “Specialist” hasta la sufrible pero necesaria “Gavilan” que no se crearon después, pero si adquirieron relevancia pasando bastante desde su tiempo de gestación.

Situación que ha enriquecido de sobremanera lo que un día fue solamente el debut de una banda, por consecuencia, los liderados por Paul Banks -aunque ya no estén todos- han sabido a través de los años en sus distintos caminos respetar ese legado que llevan cargando desde que decidieron ser una banda completamente diferente, que no inició sola, pero que supo reacondicionar y recuperar necesidades básicas en la música, respetar sonidos enaltecidos y superar lo que siempre admiraron.

Pesé a ciertos tropiezos que han tenido a lo largo de su carrera,  han sabido escoger con sapiencia lo que define a Interpol como Interpol, y no como una banda que tocó post-punk algún día. La portada del primer disco es uno de estos magníficos puntos a favor, ésta fue capturada por Stacy Lannacone y retocada a la idea final del disco que hoy en día conocemos por Sean McCabe, quien realizó lo restante en portadas del mencionado trabajo.

En otro aspecto destacable, podemos y debemos mencionar la inclusión de Gareth Jones al trabajo de productor, Jones quien ya había trabajado con bandas como Nick Cave & The Bad Seeds, Erasure y Depeche Mode, otorgó un expertise fuera de serie, que concretaría de manera soberbia lo que algunos amamos desde los demos. El mixeo, y la timidez vuelta guitarras ensimismadas, volcó el trabajo a un lugar desconocido y encantador, por el solo hecho de hacer la tristeza más llevadera, esté elepé fue grabado casi en su totalidad en un recatado estudio en Connecticut, que en cierta manera ayudarían a volverlo aún más entrañable y desolador.

Desolación que sin duda desembocaría en cada una de sus canciones.

Sin miedo

Sí bien, oscuridad es lo que más se manifiesta dentro de todo el trabajo de los neoyorquinos, “Untitled” es una canción que juega muchos matices dentro de sus pocas letras:

“Oh, I will surprise you sometime, I’ll come around when you’re down…”  – Untitled.

Mantenerse siempre será cualidad de una esperanza implícita, probablemente de una luz que atravesaría lo innecesario, porque ¿Para qué sorprender sí no hay una razón?, premisa perfecta que deja un pensamiento diluido y curioso que crecerá largo del bajeo final en la canción.

No me detendré en cada una de las pistas. Desgraciadamente creo fervientemente que las letras de Interpol son muy introspectivas y a veces más simples de lo que uno podría pensar, por ende, no quiero inmiscuir ni discernir lo que probablemente indica una canción con la lírica, porque muy ciertamente hay historias rebuscadas que no encajan del todo para todos.

Pero, sin duda quiero recalcar que este es uno de los motivos por los que la banda de la ciudad más famosa del mundo se vuelve más interesante, ya que logra reflejar, identificar y plasmar en situaciones completamente polarizadas, historias comunes y diarias que probablemente jamás habíamos imaginado que pudiesen compararse con el descubrimiento de América (Leif Eriksen) o con problemas tan llanos como el miedo que puede generar ser rechazado por regalar afecto en “público” (PDA).

“Yours is the only version of my desertion (…) You are the only person who’s completely certain there’s nothing here to be into” – PDA.

En parentético, podríamos desentrañar cada una de ellas, pero creo que el valor de este álbum va más allá, incluso un poco más allá de Sam Fogarino, Daniel Kessler y aun en esta alineación de Carlos Dengler, porque el TOTBL aún no ha hecho huella suficiente, hay quien aún desvaloriza la aportación que ha tenido para el mundo musical, incluso para algo tan irracional como lo es el amor, asimismo de lo que es capaz en una noche o tarde apasionada. El intenso bajeo, la deprimente nostalgia con la que canta Banks, la intensidad de cada coro, el desdén oculto que cada despedida, la ironía de una ciudad tan emblemática, y la “no experiencia” a flor de piel que surge en cada tortuoso guitarrazo vuelve al disco tan emocionante que fuera de todo prejuicio, se vuelve imperdible.

Lo cual autoriza a admitir que este disco no está sobre valorado, sino desprestigiado por la era y manera en que nació, lejos de verlo como un pobre estandarte debería considerársele como un escape a la ficción que vivimos. A esa poca notoriedad musical que se vuelve necesaria en estos días, a esa terrible depreciación del amor melancólico. A esa terrible necedad de llamársele obsoleto a lo que no entendemos.

Dicho en otras palabras, es increíble que no se consideré a este álbum, en una meritocracia, como: obligatorio.

De ahí que deba arribarse a la conclusión de que es un LP exquisito, con paréntesis necesarios, frases indelebles y despedidas imperativas, todo esto plasmado en sonidos memorables, y ausencias sonoras imperceptibles pero que ahondan en lo profundo, y que terminan generando un disco cuya circularidad raya en la genialidad.

No quisiera sonar más cliché por hoy, pero el 2002 no era tan malo después de todo.

 

“Her love’s is a phony, my love’s subliminal”.

Those who fear music are dangerous || CDMX || Periodista musical