Baby Driver: la música es el camino

Es cierto que cualquier producto cultural o artístico no surge de la nada. La creación casi alquímica del ser humano en materializar sus ideas en obras tangibles no puede considerarse un proceso simple producto de la generación espontánea. Se requieren años de trabajo, mismos que Edgar Wright ha atravesado y Baby Driver es la culminación de una idea que tuvo que esperar más de dos décadas para que su creador madurara y perfeccionara sus habilidades.

Baby (Ansel Elgort) es un chico de buen corazón que por varias razones termina dentro del mundo criminal. Constantemente es reclutado por Doc (Kevin Spacey), un líder mafioso que orquesta diferentes robos dentro de la ciudad. El trabajo de Baby consiste en manejar los autos que se usan en cada atraco, tarea que para él resulta muy fácil gracias a su gran habilidad al volante.

Baby pierde a sus padres durante un accidente automovilístico, el cual también lo deja con un problema de tinnitus –zumbido constante en los oídos-, por lo que vive prácticamente con sus audífonos pegados a la cabeza y su variada colección de iPods.

La primera escena es genial. No sólo en su realización, sino en toda la actitud que demuestra. Baby espera en el auto al ritmo de “Bellbottoms” de The Jon Spencer Blues Explosion, mientras que sus compañeros Darling (Eiza Gonzalez), Buddy (Jon Hamm) y Griff (Jon Bernthal) asaltan un banco. Posteriormente, todos suben al auto y comienzan a escapar a gran velocidad de la policía, quien ni con helicóptero puede detenerlos. Todo perfectamente coreografiado para mostrarnos no sólo las habilidades de Baby, sino el ritmo y la línea que se mantendrá prácticamente toda la película.

La música lo es todo. Aunque Baby la usa para calmar el zumbido en su cabeza, en realidad es un elemento que constantemente funge como guía y marca el ritmo de cada escena, por lo que el soundtrack es muy importante y claro, fue seleccionado con el detalle que Wright siempre pone en su trabajo.

Si algo ha causado “polémica” en México es la participación de Eiza González dentro de la película y, para ello, el mejor consejo sería que como público dejaran de lado el prejuicio que la actriz carga y den más peso al producto audiovisual. El personaje de Eiza funciona y encaja bien dentro del universo de Baby Driver, lo mismo con Jamie Foxx y Jon Hamm –quien por cierto, para desgracia de las fans, se da sus besos con González-.

Tanto los fans de Edgar Wright como el público en general pueden estar seguros de disfrutar mucho la película, que, aunque buena, no es perfecta. Son tantos los temas que se abordan que no conocemos más a profundidad a los personajes principales ni su relación entre ellos. Pero, ¿en verdad nos atraen los personajes, la historia, o es el ambiente y ritmo de la película lo que la hace cautivadora? Es indudable el dominio del director sobre el lenguaje audiovisual y eso mismo hace que la película funcione.

Baby Driver es la culminación del actual trabajo de Edgar Wright y marca un nuevo paso en la carrera del director, uno que deja de lado los aspectos más cómicos y se adentra en la realización de nuevos géneros, los cuales continúa mezclando en su búsqueda por una mirada propia del mundo, una mirada llena de pasión por el cine, la música y la televisión… El resultado: la película más cool del año.

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