Dunkirk: Una bomba de tiempo

Resulta emocionante saber que llega a salas una nueva película de Christopher Nolan. Tras el éxito de Interstellar en 2014, el director de origen británico regresa para poner los pies sobre la Tierra… allá por 1940, en las costas de Dunquerke, Francia. Y lo hace de una forma totalmente épica.

Es 1940, la Segunda Guerra Mundial aún no llega ni a la mitad, cuando los ejércitos británico y francés son flanqueados por los alemanes y obligados a recluirse en la costa de Dunquerke. Más de 400,000 soldados esperan poder ser evacuados del lugar. Tarea que el ejército alemán hace prácticamente imposible.

Nolan nos permite conocer la evacuación a través de tres frentes diferentes. Por un lado, están los soldados que esperan con ansias la retirada. En el aire, los cazas británicos que buscan abrir una brecha para que los barcos que lleguen no sean hundidos y, por el océano, las embarcaciones civiles que cruzan desde Dover para brindar apoyo en el rescate.

La forma en la que se construye la tensión dentro de la película es uno de sus más grandes logros. En conjunto, cada plano perfectamente pensado, el score de Hans Zimmer y las acciones de los personajes nos van absorbiendo cada vez más hasta el grado de que uno como espectador se ve dentro de la situación y sólo espera llegar al desenlace.

Dunkirk se aleja de las recientes películas de guerra como Hacksaw Ridge (2016) y nos muestra otro tipo de terror, uno más discreto. Los soldados alemanes prácticamente no salen a cuadro, por lo que los disparos son casi fantasmas. Nadie de los ejércitos contrarios sabe de dónde van a caer las balas; de lo único que están seguros es que cada barco que llega termina hundido por los bombardeos de los cazas enemigos.

Es a través de la psicología de los personajes que se desvela la acción y el terror dentro de Dunkirk. Los tres diferentes puntos de vista en los que presenciamos el evento son suficientes para construir toda una visión heroica de lo más interesante. Mientras que el público y el mundo mira a los soldados como unos héroes, son estos mismos los que se consideran perdedores y nada dignos de alabanza. Al final, todo se trata de sobrevivencia.

El trabajo de Christopher Nolan lo ha colocado como un director de culto. Uno cuya seña particular radica en poder moverse dentro del éxito taquillero que involucran los productos “mainstream”, al mismo tiempo que ha construido su libertad creativa dentro de la industria. Las productoras le han confiado una gran amplitud en cuanto a la toma de decisiones sobre sus proyectos y eso resulta en audiovisuales digeribles y propositivos.

Las recientes decisiones de Warner Bros, de permitir que sus directores tomen mayor rienda sobre sus proyectos se reafirman como un camino monumentalmente correcto que toda la industria cinematográfica se debería permitir. Dunkirk es una película con tintes épicos que rompe con lo que hemos visto recientemente dentro del género bélico y nos recuerda que incluso un evento tan comentado como la Segunda Guerra Mundial, siempre va a tener múltiples formas de ser expuesto y reinterpretado. De ahí la importancia de saber narrar, y Nolan claramente sabe lo que hace.