100 años de anime: los primeros pasos

La animación es uno de los más grandes y llamativos géneros dentro del universo audiovisual. La labor de dar vida a objetos y materiales que en principio no la tienen puede parecer una tarea casi alquímica que constantemente nos cautiva a través de las diferentes formas y técnicas que ha desarrollado. Este 2017 se cumplen 100 años del anime, un regalo de Japón para el mundo cuya popularidad continua en constante crecimiento.

El primer cortometraje de anime del que se tiene registro es Namakura Gatana (The Dull Sword) de Junichi Kouchi. El corto de apenas cuatro minutos data de 1917. En él se puede ver bajo un tono cómico las desventuras de un torpe samurái de ojos saltarines y su recién adquirida espada.

Es cierto que antes de Namakura Gatana ya existieran ejemplos de anime. Sin embargo, es a partir de este cortometraje que podemos decir que se cuenta una historia y no sólo se trata de un ejercicio para explorar los aspectos técnicos de su realización. Por desgracia, el 1 de septiembre de 1923 un gran terremoto de 7,8 grados Richter golpea la región de Kanto -y zonas aledañas-, provocando que mucho material fílmico se perdiera, y entre ello, posiblemente más ejemplos de los primeros pasos del anime en Japón.

Como suele suceder con las nuevas expresiones artísticas, en un principio el anime se centraba en presentar historias tradicionales de la región, cuyo atractivo recaía en la forma en la que ahora podían ser mostradas. En cuanto a técnicas, los primeros animes se hacían con dibujos de gis sobre pizarrón. La dificultad y el tiempo que conllevaba  su realización, obligaba a cada producción a tener una extensión de entre dos y cinco minutos.

Investigadores del National Film Center de Tokio consideran tres pioneros que marcarían los comienzos del anime: Seitaro Kitayama, Junichi Kouchi y Oten Shimokawa. El primero decide dejar en 1921 la Nikkatsu Corporation -estudio cinematográfico fundado en 1912, el más viejo de Japón- para crear Kitayama Eiga Seisakujo, el primer estudio dedicado al anime.

Es hasta la década de los años treinta cuando el anime sufre una nueva revolución y aparece Kenzo Masaoka, quien tendría dos grandes logros para la industria.  En 1933, Mazaoka haría Chikara a Onna no Yo no Naka (Within the World of Power and Women). Un año después crearía Chagama Ondo (Dance of the Chagamas), primer anime hecho completamente con hojas de celuloide, es decir, con transparencias.

La nueva técnica resultaba muy cara para las productoras, por lo que debieron buscar dinero de otras fuentes. Para el gobierno japonés no pasó inadvertida esa situación y comienzó a invertir en propaganda en formato de anime. La Segunda Guerra Mundial se aproximaba a finales de la década y se buscaba generar un mensaje contundente y claro.

En los años previos a la gran guerra, las historias del anime se vuelcan a batallas surrealistas (al menos para nuestros ojos occidentales) entre diferentes personas, animales e incluso objetos. Gran ejemplo de ello son los cortometrajes protagonizados por el personaje Momotaro, quien proviene de uno de los cuentos más populares y tradicionales de Japón, sólo que en esta ocasión podemos ver al héroe y sus compañeros animales viajar en avión para vencer a una enorme águila o defender con un submarino a una aldea acuática de los ataques de un gran tiburón. Siempre resultando victorioso.

Los mensajes, aunque siempre claros, resultaban en ocasiones muy tajantes, tanto así que entre 1934 y 1936 aparece en forma de anime una clara referencia a Mickey Mouse invadiendo una pacífica isla japonesa. Aún con un ejercito de serpientes, cocodrilos y murciélagos, el ratón se ve derrotado –lo repito, los mensajes son muy claros. Al final, la isla baila felizmente tras haber repelido la invasión.

Tras la guerra, Japón no volvería a ser el mismo y es justo a través de sus expresiones artísticas que ellos mismos y el mundo comenzarían a darse cuenta de lo que eso representaba. Conmemorando los cien años de la invención del anime, el National Film Center de Tokio puso de forma gratuita más de 70 audiovisuales que marcan el comienzo de un arte que hasta la fecha no se ha detenido. Los pueden ver aquí.

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