Un muro sonoramente diferente o como tú digas: Ti amo de Phoenix

Pese a que el regreso de Phoenix se dio de la mano con un spot de Sofia Coppola (esposa de Mars), su sexta placa ha logrado apartarse y resaltar la calidez del amor musical en tiempos de guerra muy lejos de la teatralidad.

Phoenix

Ti amo

Glassnote; 2017

El afamado synthpop es -o debería ser- una gran referencia a la década de los 80. Quizá una referencia que vendría siendo vaga si habláramos plantados en aquellos años, porque como todo el mundo debería saber -también-, el punk reinó durante la mayoría de la misma, aunque algunos de nuestros ancestros cercanos -nuestro primer contacto musical- recuerden a la década sonoramente con “Coco Jambo” de Mr. President, canción que por cierto es del 96.

Es cierto que es bastante pretenciosa la manera en que intento hacer énfasis en lo esencial y “desconocido” que es el synthpop, pero lo hago de esta manera porque, aunque la mayoría de la música suele colarse de manera muy “noble” en los oídos del escucha, el synth para mí es algo que va un poco más allá, aun contando con lo digerible que puede llegar a ser en nuestros días. Porque, como todo en la vida, no es lo mismo escuchar “As You Said” de Joy Division que “Just Can’t Get Enough” de Depeche Mode; o “Hiroshima Mon Amour” de Ultravox! que “Take On Me” de A-ha.

En fin, propuesto lo anterior, me gustaría pensar que Phoenix es de esas bandas sumamente kitsch que intentan a pegarse en demasía a ello. Franceses o no, synth pop o no, old-fashioned o románticos, lo musical no debería ser solo sentimental y, por muy feliz que seas al hacerlo -como banda-, no quiere decir que esté bien per se. Sin embargo, me gustaría dejar claro que esto puede ser bien aprovechado independientemente de lo anti-cool que pueda ser para la música de hoy. O viceversa.

En ese contexto, y basándome en opiniones de los creadores en turno, Phoenix (que a su vez son liderados por Tomas Mars), han decidido tomar lo de Bataclán de la manera más pacífica -predecible- y rítmica que pudieron: tomando esos conflictos como una manera de renacer, tratando de verlo por el lado más amable y dar un giro de 360° a lo difícil que puede ser atravesar por dichos sucesos. Por ende, me gustaría pensar que todos somos afectados por lo que nos pasa a veces más de lo que notamos y/o pensamos conscientemente y esto permea de manera eterna y aterradoramente explícita en nuestras distintas expresiones; en el caso de los de Versalles, en su álbum Ti Amo.

Ahora, me parece que juzgar de manera exclusiva ese aspecto en el álbum sería un poco precario, ya que a la vista de los parisinos, su manera de abordar su perspectiva del mundo es bastante ad hoc y/o justa y, si atacamos o defendemos un punto de vista que no daña a nadie sería a su vez muy poco, digamos, ético.

De ahí que “Je t’aime, ti amo, te quiero” … podría y debería tomarse como la frase que subjetivamente defina por completo el álbum, ya que es un sentimiento que rara vez se puede explicar y que pocas veces anuncia su finalidad. Traspalarlo llevaría demasiado tiempo, y como en todo lo que no es exacto, formularía muchas posibles “soluciones” que nos llevarían a un resultado muy parecido: “suena bien pero no creo que sea lo que necesito”. ¿Por qué? No sé, en estos días todo el mundo es muy intolerable a la felicidad, a lo simple y a lo que no es del todo pegadizo.

La sexta placa de los liderados por Mars inicia con “J-Boy”, primer sencillo, que además funge como un parteaguas pletórico y cheesy de todo lo que vendrá. Si bien hace un álbum que yacíamos en expectativa por las nuevas “Lisztomania”, “1901” o “Girlfriend”, la verdad es que dudo que eso pase pronto. Por ende, ni “J-Boy” ni ninguna otra perteneciente a este trabajo: es la sucesora de ese legado que cada vez se vuelve más un only one, y que quizá no es el objetivo de la banda, pero sí una meta que cada uno de sus fans espera cuando se rumorea algo relacionado con la banda más rockera de Paris.

Entonces centrados en “Ti amo”, “Tuttifruti” y “Flor di Latte”, canciones 2, 3 y 4 de diez, nos debemos replantear lo que esperamos y tomar en un tono altamente dulce lo que viene, ya que estás canciones llenas de acordes tiernos y con tinte veraniego-sol-en-la-cara-sin-quemar serán lo que reinará por más momentos de los que sería prudente, ya que con un poco de contexto sabemos de sobra que es un álbum que aboga por tener en mente lo que es un verano en “la bota”, pero eso no es justificación suficiente para no resaltar algo más allá de tener un helado en la mano.

¿O?

O tal vez el mundo da tanto por hecho que una mezcla fría y homogénea de sabores vaciados en un conito de galleta son tan fáciles de conseguir que ya no los tomamos tan enserio como en aquellos días a blanco y negro.

Y sí, quizá la Toscana no es tan romántica como dicen, pero Phoenix nos deja claro que Italia aunado al gelato son amor desbordante en cada rincón, aun cuando ni ellos pasarían más de unos cuántos veranos allí. No obstante también dejan bastante claro que visitar el país es un obligado para cualquiera que defina a los parisinos en su lista de “me gusta”.

Quizá a cualquiera que sienta cierta empatía con el helado.

Por ello, no abordaré las canciones 5 y 6 porque me parece que, aunque son relevantes para la circularidad del álbum, no son tan exquisitas o memorables para recordarlas justo ahora. He de decir que es el mayor problema de todas las canciones del disco: no ser lo suficientemente alienables con una popularidad y calidad proporcionalmente hablando, pero que sin duda funcionarán en vivo seguidas del algún otro hit de la banda. Es decir, todo el disco podría congeniar en un festival: porque para eso está hecho.

Dicha premisa nos permite llegar a la parte final de la placa: que abarca de “Fleur de Lys” hasta “Telefono”, dejando a “Role Model” como la más destacable en cuanto a consistencia y genialidad, pero que no deja muy por detrás a la adorable “Via Veneto” cuyas románticas insinuaciones avanzan lentamente hacia el final del disco con un aceptable progreso.

Por dichas razones esta se vuelve la mejor parte de todo el conglomerado de tracks, que si bien siguen careciendo de una habilidad innata para quedarse en la mente a la primera, si dejan en obviedad el que Phoenix es una banda que se ha vuelto autosuficiente y que conoce su potencial -invariable, parece-: porque saben crear canciones para y por un fin. Saben que el amor no va de la mano con el baile, pero que sabe mejor si van juntos; que el gelato no solo se sirve en Italia, pero que en Italia nos enseñaron a ver que la vida en escala de grises también es divertida y que, aunque no sea la mejor versión de la misma, sí es esa que latinamente siempre será la más pomposa.

Entonces, tampoco me gustaría decir que es mero rococó y ya, porque sin pensarlo mucho es fácil notar que el Phoenix nacido al lado de Daft Punk y Air está muy lejos de volver, y quizá también muy lejos del Wolfang Amadeus Phoenix! (2009). Pero no es un Phoenix terminantemente erróneo: es una banda madura que tiene una imposibilidad de concretar esas expectativas que algún día crearon, y cuya finalidad ahora se ha vuelto perfeccionar su repertorio en las giras que desde hace varios años, es lo que mejor hacen. Y sí, estéticamente esto es poco plausible, pero bien ejecutado lo hace una propuesta que cualquiera pensaría al menos dos veces antes de declinar.

Tomar una decisión, contraria o no, siempre será el dilema, pero he de decir que un verano soleado no se le debería negar a nadie.

“Andiamo fratello, non-Mastroianni tutti i funyuns”. M.E.