Alien: Covenant

Siempre resulta emocionante escuchar que el director Ridley Scott trabaja en una nueva película que expanda el universo de Alien. Su filmografía es amplia y variada, pero uno de los géneros que lo llevó a la cima es el de la ciencia ficción; siendo más preciso, fue con Alien (1979) que Scott marcó la cultura pop para siempre. Tanto así que en 2017, más de treinta años después, llega Alien: Covenant.

Han pasado 10 años desde los eventos de Prometheus (2012) y la nave Covenant avanza por el espacio en su misión de llegar a Origae-6, un planeta que tiene las características necesarias para sostener vida. Durante el viaje, una onda de energía daña parte de la nave, lo que hace que Walter (Michael Fassbender), robot sintético encargado de verificar que todo funcione, despierte a la tripulación del hipersueño en el que están inmersos.

Como un primer mal augurio, el capitán de la misión (James Franco) no logra salir ni siquiera de su cápsula y muere, dejando al mando a Oram (Billy Crudup), quien piensa que el equipo no confía en él debido a sus creencias religiosas. Anteponiéndose a su pérdida y de forma rápida, la tripulación logra solucionar el problema y encuentran una extraña señal aparentemente humana desde un planeta del cual no sabían nada.

Viendo que la llegada a Origae-6 tardará unos 7 años más, todos, exceptuando a Daniels (Katherine Waterston), votan por ir al recientemente descubierto planeta que en escaneos preliminares demuestra ser mejor opción para la misión de colonización en la que se encuentran.

Una vez ahí descubren que, aunque habitable, el lugar es desolado y misterioso. La sensación de que no están en donde deberían se apodera de Daniels, y ella y su equipo entenderán por las malas por qué no debieron desviarse de su primer objetivo.

Podrían pensar que ya dije mucho de la película, pero en realidad es que pasan muchas cosas dentro de ella. Alien: Covenant recobra por momentos esa sensación de horror y suspenso que Ridley Scott nos dejó claro que domina desde Alien. Sin embargo, eso no es suficiente para satisfacer al público, en especial uno que no recibió lo que esperaba desde Prometheus.

Como mencioné en el párrafo anterior, la película se siente más como el episodio de una serie en el que pasan demasiadas cosas y, aunque varias de ellas finalicen, el argumento central permanece en “continuará” (y no logramos acercarnos más al primer encuentro de Ellen Ripley con los xenomorfos).

Antes del lanzamiento de Covenant, 20th Century Fox compartió a través de Internet un prólogo que conecta los sucesos del final de Prometheus con esta nueva entrega y así eliminar un poco el sesgo que existe entre el público que no vio la película anterior y ahorrar minutos de explicación dentro de Covenant para los fanáticos que a estas alturas ya vieron el video en YouTube.

Aunque cercana a Alien en espíritu (por momentos), en realidad la película se sigue guiando más por la línea de Prometheus. Ridley Scott no está apurado en que ambas líneas de la saga se unan, sino que busca adentrarse más en la cuestión sobre el origen de la vida humana y su condición frente al desarrollo de inteligencia artificial y los viajes espaciales. Y, sí, uno se queda con ganas de ver más acción alien.

Michael Fassbender hace nuevamente un gran trabajo y no sólo da un aire de profundidad a la trama, sino que además otorga a la película de un marcado y extraño homoerotismo. Mientras que, por otro lado, Katherine Waterston en el papel de Daniels se une a esa firma de Scott desde Alien. Es decir: el personaje femenino que aún con miedo demuestra que puede anteponerse a los horrores más indescriptibles que el espacio le pone en frente. ¡Toda una pateatraseros!

Alien: Covenant puede que no sea la película que esperamos pero marca un paso más hacia las respuestas que buscamos en el universo de Alien. Al igual que la tripulación del Covenant sólo nos queda esperar y ver hasta donde Scott nos puede llevar y esperemos que sea muy pronto.