OK Computer (O cómo Radiohead conquistó el mundo que odiaba)

Radiohead

OK Computer

Parlophone/Capitol; 1997

Hoy es extraño pensar que hubo años en que Radiohead no era Radiohead. No lo era en el sentido de que aún no existía la idea de Radiohead como esa banda con un sonido propio, único e inigualable que miles de bandas alrededor del mundo han tratado de imitar y ha influenciado a casi todos los grandes artistas surgidos después del 2000. El concepto de Radiohead como esa banda con un prestigio casi indestructible.

El punto de inflexión que hizo posible dicha idea fue el lanzamiento de OK Computer en 1997. Hasta antes de ello, la historia de Radiohead era muy distinta. Su melodramático sencillo “Creep” los había introducido como una banda prometedora, con un sonido que la prensa asociaba con actos como Nirvana, Smashing Pumpkins o Pixies. Programados constantemente en MTV, en aquél momento Radiohead no pintaba para ser más que un one-hit-wonder.

En 1995, Yorke y compañía dieron la primera señal de su incansable búsqueda de reinvención. The Bends significó un salto gigantesco en comparación con Pablo Honey. Si bien fue asociado con el entonces inmensamente popular brit pop, el segundo disco de Radiohead tenía un sonido más expansivo que el de Blur o Oasis, dando las primeras señas del interés del grupo por la textura sonora.

Radiohead se mostró como la nueva gran promesa del mainstream noventero basado en guitarras, lo que los llevó a ser teloneros de Alanis Morissette. La expectativa de la disquera (y de la gente) era que el siguiente álbum fuera el de la consolidación masiva a ambos lados del Atlántico. Todo mundo parecía querer un The Bends 2… menos Radiohead, quienes no disfrutaban mucho de la fama y las constantes giras.

Irónicamente, fueron dos trabajos por encargo los que marcaron la pauta para la existencia de OK Computer. El primero fue “Lucky”, compuesta y grabada en cinco horas por encargo de Brian Eno para The Help Album. El segundo, de Baz Luhrmann para su filme Romeo ­+ Juliet. Radiohead compuso “Exit Music (For a Film)”, que suena en los créditos finales de la película. Estas dos canciones, en los años ’95 y ’96 respectivamente, iluminaron a Radiohead el camino que querían seguir.

En vez de intentar crear los nuevos himnos juveniles, los británicos decidieron perseguir sus ambiciones musicales, dando la espalda a aquello que la gente esperaba de ellos. El hecho de desechar “Lift”, canción que era todo un éxito en los festivales pero no fue considerada para OK Computer por creer que los haría demasiado populares, dice mucho de la actitud con la que la banda emprendió el nuevo viaje.

Gracias al éxito de su disco anterior, Radiohead consiguió libertad creativa total por parte de Parlophone, su disquera. Ninguna fecha límite fue establecida para la entrega del nuevo álbum y se les permitió producirlo por su cuenta, con la ayuda de Nigel Godrich, quien había trabajado en The Bends como ingeniero. (Y desde entonces se ha convertido en el arma secreta de la banda).

Cuando en Parlophone escucharon el álbum terminado, bajaron las expectativas de venta de 2 millones de discos a 500,000. Definitivamente no era lo que esperaban. La elección de la épica robótica de 6 minutos “Paranoid Android” como sencillo principal hacía pensar que Radiohead quería cometer suicidio comercial. Pero, a pesar de todo, incluso de sus mismos creadores, OK Computer fue un éxito enorme a nivel comercial, crítico, de audiencia y musical.

En este álbum, Radiohead logró lo que parecía imposible: el balance perfecto entre buenas canciones y la exploración de diferentes posibilidades en la creación musical. Sus influencias van de Miles Davis a DJ Shadow, de Phil Spector al krautrock de Can y Faust. Todas tan perfectamente apropiadas e integradas en un concepto propio que pareciera que Radiohead las inventó.

Y es que OK Computer es de esos pocos, poquísimos álbumes que no suenan a otra cosa más que a ellos mismos. Sus guitarras parecen tener vida propia, desde el estridente intro de “Airbag” hasta el solo levitante de “The Tourist”, pasando por el collage de “Let Down” y el loop final de “Karma Police”. Radiohead abrazó la tecnología de forma tan orgánica que la contradicción en ello desapareció. Todas las canciones construyen su propio espacio, y, sin embargo, al escucharlas es imposible no pensar en la esencia de OK Computer como una sola obra, cohesionada.

Sus letras (proféticas o no) parecen retratar el inicio de una era donde la alienación, la ansiedad, el odio/amor a la tecnología y las implicaciones de esta en la sociedad son cotidianas. Androides paranoicos, abducciones extraterrestres, bolsas de aire, el sentimiento más vacío y empleos que nos matan lentamente. La lírica de Yorke y la densa estética sonora, llena de texturas, apelaron a un nuevo tipo de sensibilidad que retoma los aspectos más oscuros de la modernidad.

Pero todo el análisis (sin que pierda importancia) parece cancelarse en el momento de darle play. OK Computer tiene una capacidad impresionante para invocar emociones a través del sonido. Parece hablarle a esa parte nuestra que siente miedo, soledad y enojo y, de alguna forma, nos hace creer que eso está bien, que no somos los únicos. Todas las decisiones inteligentes e innovadoras en materia musical que hizo la banda se traducen en una complejidad emocional exorbitante. Una vez que habitas estos espacios sonoros es difícil querer salir de ellos.

OK Computer hizo a Radiohead como lo conocemos hoy: una banda que parece invencible, en la cima del mundo. Con este disco, Radiohead pasó de ser una banda comparada-con a ser EL punto de comparación. Para muchos, todavía lo son. Para otros, OK Computer es el último gran disco de una era pre-digital donde éstos eran obras completas para escucharse de principio a fin. Una obra de una banda que, atacándolo descaradamente, conquistó el sistema desde adentro. OK Computer sonaba a todo lo que habías escuchado y al mismo tiempo a nada. Y eso es porque Radiohead no se imaginó el futuro: lo inventó.