Necedades bien logradas: Slowdive de… Slowdive

Slowdive

Slowdive

Dead Oceans Records; 2017

Una de las dádivas de la vida es dejar bandas moribundas; quizá sería sensato preguntar el por qué, pero la verdad es que, si nos detenemos a pensar un poco, la razón es muy sencilla: cuando algo no es destruido del todo –o vetado–, como si trama de Marvel se tratase, tiene oportunidad de regresar, y de regresar por la puerta de enfrente. ¿Conveniente o no? Se vuelve una cuestión altamente personal.

De ahí que la duda general quizá será si funcionará regresar. Se vuelve una pregunta lógica ya que no todo lo que regresa es bueno o para bien, y a su vez mucho menos es algo que sea común; por ende, es “normal” ser escépticos. Aún más cuando se trata de reencuentros o rejuntes musicales, más si lo es para llevar a cabo un nuevo trabajo.

Debo recalcar que tener “rota” a una banda desde 1995 no es fácil, ya que al oír los primeros acordes de “Slomo”, track abridor de Slowdive, es imposible no notar ese dejo de nostalgia que puede nublar un poco la crítica, pero si de algo estoy seguro es que 22 años de ausencia no son los causantes de la genialidad radicada en la vuelta de los ingleses, pero que quizá sí podría fungir como coadyuvante de ese mal que cada día es más frecuente en otras bandas que “deciden” regresar a “trabajar” –Sí, U2, te estoy viendo a ti–.

Regresando al tema y apreciado por un enfoque diferente podríamos llamar a esa nostalgia como “familiaridad”.

Y es que eso es precisamente lo que hacen los de Reading con su álbum homónimo: llenar de familiaridad un sonido que un día se catalogó como shoegaze y hacerlo tan suyo que podría hablarse de una apropiación más allá de lo mediático, cuyo propósito se vuelve exclusivamente el generar una reinvención de la calidad con la que trabajan hoy en día. Porque en resumidas cuentas eso es lo que se hizo a lo largo de las 8 pistas: deconstruir lo que un día vimos/escuchamos como shoegaze.

En ese contexto y después de “Slomo”, llega el primer sencillo, “Star Roving”, canción que se encarga de demostrar espontáneamente lo que tiene como finalidad todo el álbum: sonar melancólicamente perfecto, como sí una mágica, rítmicamente sucia y aventurada noche estuviese por llegar.

Ello autoriza a definir que el álbum no depende de un mood en específico y que las posibilidades que nos brinda(rá) Rachel Goswell (vocales, instrumentalista) y compañía en cada pista dependerá enteramente de la causalidad otorgada.

Esto nos dice que no será necesario detenerme en cada pista, porque realmente son un viaje autoajustable en todo el sentido de la palabra, tanto sonora como líricamente. Lo que sí se vuelve obligado es alabar o cuantificar la ecuanimidad, genialidad y esfuerzo que dejó Neil Halstead (líder y productor de la banda) al realizar y ejecutar su labor con Slowdive. Trabajar con Brian Eno no fue en vano y la prueba está aquí… aunque sea 22 años después.

Y sí bien Slowdive no regresa con bombos y platillos, aunque no fuese necesario ni ellos lo quisieran, sí lo hacen para dejar claro que son una banda gigante y que ni remotamente estamos cerca de encontrar una banda tan “noventera” y actual como ellos.

Dicho de forma breve, son buenísimos y este álbum homónimo no se queda nada atrás.

Go get it!

Those who fear music are dangerous || CDMX || Periodista musical

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