Humanz: Gorillaz – La tierra firme aún queda lejos.

Gorillaz regresa con uno de los discos más esperados del año. Una fiesta que nos recuerda que el mundo no es precisamente lo que todos queremos.

Gorillaz

Humanz

Parlophone Records; 2017

Hace mucho que todo el mundo esperaba el regreso de la banda animada más famosa del mundo.

Al menos eso parecía cuando la hiperactividad mostrada –since 2014- de Damon Albarn dejó ver que, además de su álbum de solista, Blur, su colaboración con Tony Allen, Wonder.land (el musical de Alice) y algunos otros pequeños trabajos, tenía en mente regresar con un longplay de Gorillaz.

Recordemos un poco: El último lanzamiento de la banda británica fue con su recopilación de éxitos en 2011; pero no sería lo último, ya que “regresarían” en 2012 con “Do Ya Thing” al lado del magnificente Andre 3000 y el increíble James Murphy. La ya mencionada canción goza de ser épica desde sus colaboradores, pero fortalece dicha premisa con lo plasmado en esos 13 minutos con 4 segundos, haciendo aún más honorables a los involucrados en el tema.

De ahí, Gorillaz desaparecería un poco del mapa, y los problemas que yacían entre los dos creadores, Jamie Hewlett y Damon, serían lo que más se escuchó de la banda a lo largo de los años. Esto provocó una espera que mellaría un poco los sueños de todos aquellos que esperábamos ver a la banda inglesa con ese ansiado quinto álbum un poco antes del presente año.

2017: Antes de empezar con el hype creado por los mamíferos

El 2017 ha sido un año terrible; por ende, cualquier cosa fuera de un contexto “normal” nos parece aterrador o increíble. Lo triste es que la única variable suele ser nuestro aleatorio mood o el de quienes se jactan de expresar por qué está mal hacer las cosas con cierto apego emocional a las mismas. La verdad es que cuestionarnos la razón de ello dista de ser adecuada para relacionarla con un álbum, ya sea en específico -o no-. Pero si hay algo que decir al respecto es que cada año, a nivel mediático, un rapero saca el mejor álbum del año, pero también un rockero o un popero. Y diré que es bastante común ver que miles coinciden tan fácilmente cuando al álbum se le categoriza dentro de un “género”; a decir verdad tampoco es que la crítica tenga su problema en ese aspecto: el problema me parece que empieza cuando la crítica destruye o -valga la redundancia- critica el trabajo enfocándose más en la histeria colectiva que en el desarrollo del álbum.

No quiero sonar pretencioso, pero supongo que eso pasará con varios más a lo largo del año. Por eso, antes de proseguir me gustaría recomendar que más allá de generalizar o prejuzgar lo que escuchamos nos diéramos la oportunidad de conocer todo un poco más a fondo, dejando así esas ideas primarias que generaran comentarios como el clásico: “así no suena Gorillaz”, “ese rap es para los que compraron el frappé rosa” y más del estilo.

Pero claro, y como siempre, todo queda en ustedes.

Intro

Sonará mucho a cliché, pero la vara era y siempre será muy alta para 2D, Murdoc, Noodle y Russel. Si bien es cierto que The Fall (2011) para muchos no fue un gran disco, sí dejó muy claro que Gorillaz no solo es una faceta más de Albarn, sino que es también una mirada donde Hewlett utiliza su talento en cuatro sujetos enormemente badass que quizá ahora gozan de una imagen y mente propia.

En otros términos, deberíamos considerar que estamos escuchando la evolución de 4 sujetos que pausaron su “revolución” comenzada en Plastic Beach. Por ende, deberíamos creer que en Humanz puede suceder lo inimaginable.

¿Qué es Humanz? ¿Por qué la mayoría de los acontecimientos suceden dentro de un elevador?

Aunque algunos detalles ya se conocen y algunos no deberían de importar tanto, el concepto creado a la par de todo el lanzamiento debería impactar igual o más que la voz del ciego 2D.

Primer Interludio

Hostear una fiesta siempre es complicado, pero eso no redime que el álbum inicie con tan poca fuerza. Quizá, como (casi) todo, es un medio para obtener un fin, pero a veces es inevitable perder audiencia. Imagina si es desde el primer paso; si bien no es algo que destruya el trabajo concebido, si condena parte de este, ya que tantas colaboraciones en esta primera parte no retribuyen con lo esperado, dejando un vacío bastante inapropiado para la gente más nostálgica, aun cuando éstas piezas sí podrían llegar a ser geniales por sí mismas.

Por consiguiente, no podemos culpar a Popcaan, Peven Everett, Vince Staples o a los grandísimos De la Soul de este hecho; menos es factible culpar a la hija de Damon, que se dice es la sospechosa principal de que la banda contenga a tantos colaboradores a lo largo de la placa, porque con colaboradores o no las piezas por sí mismas no son malas, pero creo que hasta la fiesta más enigmática y tenebrosa odiaría comenzar de esa manera.

Segundo Interludio

Hacía la oscuridad planteada, todo pinta bastante bien. Aquí se presentan tres colaboraciones un poco más nobles en cuanto a relevancia, pero que dejan muy claro porque fueron citados en este nuevo trabajo: Danny Brown, Kelela y la mítica Grace Jones.

Sí bien no son tan relevantes en cuanto a la misión planteada, si elevan la calidad de lo prometido o al menos de lo que se espera de la banda.

Tercer Interludio

Es de aclararse que la mayoría de los álbumes de Gorillaz son muy completos en cuanto a lograr una meta se refiere: todos tienen una idea muy clara, y, aunque pueda o no gustarnos, siempre tienen un cometido muy único. En este interludio podría jurar que los 4 integrantes dejan muy presente que las fiestas siempre tienen/tendrán un pico muy alto y uno terriblemente bajo: D.R.A.M. es el encargado de concretar la pista más rítmica del álbum (“Andromeda”) y 2D, Murdoc y compañía en dejar claro que la melancolía es algo natural en ellos (“Busted and Blue”).

Cuarto Interludio

La mayoría de los mortales, donde me incluyo, no sabemos realmente lo que es subir a un escenario tantas veces como lo ha hecho la banda en turno. De ahí que está intermisión marque un camino distinto a lo que esperábamos, quizá comparable con ese pre-copeo que un día te llevó hasta el Ajusco cuando esperabas quedarte en la Escandón.

(Ya sé, mal, mal comparativo)

Pero técnicamente es lo que sucede con la placa de los monos: todo se pone más intenso y quizá se dan cuenta que no es realmente lo que querían, o que quizá no están listos para regresar al mundo como es hoy en día.

Por ello Anthony Hamilton, Mavis Staples y Pusha T tienen unas de las mejores colaboraciones en todo el álbum, porque concentran todo lo que puede pasar en esas situaciones y aun así llevarle a flote, sin dejar de lado que posiblemente lo que viene será increíblemente diferente. Tal vez hasta incierto.

 

#momentz in the studio with Ben Mendelsohn and @hewll #HUMANZ

Una publicación compartida de Gorillaz (@gorillaz) el 28 de Abr de 2017 a la(s) 5:12 PDT

Penúltimo Interludio

“Aquí es cuando llega lo denso, todos en el penthouse, tus invitados, Kali Uchi y Jamie Principle están allí, alguno que otro fan también, pero sigue sin importarte.”

La fiesta está en su punto más álgido y la intensidad no tiene cabida para nadie: es demasiada, sigues reclamando que el mundo no es lo que debería de ser, pero ya no sirve de nada, ahora todos están pensando en sí mismos. ¿Qué haces? Seguir con la fiesta.

“Sex Murder Party” y “She’s My Collar” dejan muy claro que la fiesta tétrica será un recurso bastante utilizado por la banda, pero que esta vez no será su única meta, que esta vez las cosas no son simplemente como todo el mundo piensa que son.

El álbum gana una solemnidad bastante ad hoc a nuestros tiempos y aunque 2D con los demás han mostrado mejores caras de este y otros asuntos a lo largo de su trayectoria, no significa que en 2017 necesitáramos otra cara de Gorillaz.

Interludio final

Sí bien el álbum para mí no termina aquí, es la parte más resaltante, porque implica llegar hasta la cima, literal y figurativamente hablando, y de la manera más oscura posible. Es decir, justifica todo lo hecho e imaginado. Así es como Humanz tiene una razón.

¿Te imaginas llegar a una fiesta donde odias todo lo que pasa, pero que no te puedes ir? Justo como si se tratase de la trama de El Angel Exterminador de Luis Buñuel.

Benjamin Clementine, Noel Gallagher y Jenny Beth se encargan de que no quieras irte y no por lo técnicas y lógicas que pueden ser sus interpretaciones, si no porque el álbum ha cerrado lo que vino explicando a cuenta gotas en cada una de sus pistas: el mundo no es lo que nadie espera, pero porque ni la música ni nadie está haciendo realmente algo. ¿Problema nuestro? Obviamente sí. ¿Un álbum cambiará ese panorama? Probablemente no.

Pero sin duda es de agradecerse que algunos se atrevan a crear todo un concepto y reinventar una banda con tal de dejar claro su punto.

Y así es como otro álbum de la banda ha finalizado y, más allá de criticarlo, te preguntarás si hay más que ofrecer por parte de Hewlett y Albarn, que nuevamente han dejado claro que lo que hacen es manejar una ambigüedad que siempre dividirá a aquellos que esperan otra “Clint Eastwood” de los que entienden “Rhinestone Eyes”, pero que no deja de ser la versión de 4 animados monstruos de la música.