Power Rangers: El poderoso club de los cinco

Los Power Rangers vuelven a la pantalla grande, dispuestos a llegar a las nuevas generaciones. ¿Lo lograrán?

Hace más de 20 años los Power Rangers cautivaron a los niños de los noventa. Aún recuerdo lo emocionante que era ver el episodio donde Rita Repulsa, Goldar y Finster (posteriormente aparecería Lord Zedd) creaban un plan extremadamente simple y generaban un malvado monstruo para detener a los Rangers y destruir la Tierra.  Hoy los Power Rangers (Saban’s Power Rangers, 2017) le hablan a una nueva generación.

La historia comienza en era de los dinosaurios con un grupo de Rangers moribundos. Zordon (Bryan Cranston), el Ranger rojo, hace un último esfuerzo para salvar a la Tierra y enfrenta a la Ranger desertora, Rita Repulsa (Elizabeth Banks). Para ello, oculta las Monedas de Poder —los cristales que proveen de energía a los Power Rangers— y pide a Alpha 5 (Bill Hader) que ataque su posición.

Millones de años después, en ese mismo lugar, aparece el pueblo de Angel Grove. Ahí se conocen Jason (Dacre Montgomery), Kimberly (Naomi Scott), Zack (Ludi Lin), Trini (Becky G.) y Billy (RJ Cyler). Éste último descubre las Monedas de Poder, que les dan poderes a los cinco para intentar detener a Rita, quien de nuevo quiere destruir la Tierra y apropiarse del Cristal Zeo que hay dentro de ella.

La película, basada en los Mighty Morphin Power Rangers noventeros, mantiene la misma estructura que la serie de televisión. Sin embargo, hay dos elementos añadidos: el nuevo reparto y el CGI (imágenes generadas por computadora).

El director Dean Israelite presenta una apuesta por colocar a los Power Rangers de la forma más verosímil que se haya visto. Desde un inicio conocemos que sus poderes son alienígenas, que los Zords tienen formas de dinosaurios porque cuando llegaron a la Tierra copiaron la apariencia de los animales más fuertes de aquel entonces y que los cinco adolescentes elegidos para la nueva generación de Rangers no son los chicos perfectos a los que la serie nos tiene acostumbrados (esos que van a tomar licuados y hacer ejercicio en el Centro Juvenil de Angel Grove).

Seamos honestos: en sus inicios, la serie noventera —basada, a su vez, en la japonesa Super Sentai— carecía de continuidad y buenos argumentos. El primer episodio comenzaba simplemente con Zordon pidiendo a Alpha que trajera un grupo de adolescentes para que defendieran la Tierra de Rita, que escapó quién-sabe-dónde. Y ni hablar de las tomas recicladas. Pese a todo, la idea funcionaba y más importante aún, dejaba una oportunidad para imaginar cosas más allá de la pantalla.

En esta ocasión, los adolescentes elegidos son un grupo de chicos con problemas —la mayoría de ellos se conoce en el salón de castigos muy a la El club de los cinco (The Breakfast Club, 1985)—, todos con miedos y sentimientos más reales. El Ranger rojo quiere dejar atrás la vida de pueblo; el azul es un chico con autismo que perdió a su padre y la amarilla debe lidiar con su homosexualidad —la inclusión no podía faltar-. El público de esta entrega es muy distinto al de la serie y, por lo tanto,  sus problemas son más contemporáneos. Sin embargo, Israelite y los guionistas nos permiten profundizar en cada uno de los personajes, que también adquieren gran fuerza por el gran trabajo de actores poco conocidos(excepto por Cranston y Banks).

El CGI es bastante bueno y se apega mucho al universo que plantea la película, dejando claro que no se trata de televisión, sino de Hollywood. Los Power Rangers a lo largo de los años han mantenido la estética de Super Sentai e innovaron  algunas técnicas de animación y efectos especiales, tanto analógicas como digitales. Por ello, para quienes seguíamos la serie original, resulta un tanto extraño no ver una botarga o golpes que sacan chispas desde el suelo, sin olvidar los rayos añadidos por computadora y por supuesto los poderosos Zords —dinosaurios robot. Si eso no es genial, no sé lo que es—.

Aceptemos que el tiempo pasa y todos los que vimos las primeras temporadas de la serie, crecimos. Power Rangers es una experiencia nostálgica, pero no por eso mala. La película se mueve en un limbo raro que busca satisfacer al público nuevo y al de antaño, aunque sin duda hay momentos con mucho fan service. El resultado final, sin embargo, no es muy satisfactorio.

PD: Recuerden quedarse al final de la función para ver la escena post-créditos que promete que los Power Rangers estarán durante un buen rato en la pantalla grande.