T2 Trainspotting. De turista por tu propia vida.

Ir al cine en la era que vivimos significa elegir entre la nueva entrega de los universos cinematográficos de Marvel, DC o Star Wars, spin-offs, reboots, secuelas de películas ochenteras o remakes absolutamente innecesarios de clásicos o filmes europeos o asiáticos. Entre todo ese fetichismo retro se asoma una secuela (sí, una más) que en un principio podría parecer improbable (“Trainspotting 2” suena tan raro como “Taxi Driver 2”), pero cuya existencia está completamente justificada.

Porque no es tan descabellado pensar en una secuela de Trainspotting si pensamos que, en el universo literario creado por Irvine Welsh, su secuela, Porno, existe desde 2002. Desde entonces tanto los fans como los involucrados en el primer filme especularon con una posible continuación cinematográfica. Sorprendentemente (los filmes de culto casi siempre parecen “intocables” para sus fans), la idea de reunir al equipo original veinte años después fue bien recibida y generó una gran expectativa.

En T2 Trainspotting encontramos que Mark Renton ha estado viviendo en Ámsterdam los últimos veinte años, casado y limpio. Su regreso a Edimburgo nos permite ver qué ha sido de sus compañeros: Spud sigue siendo un adicto y está sumido en la desesperación; Sick Boy (ahora conocido como Simon) maneja el bar de su tía y chantajea a los clientes sexuales de su “novia” búlgara Verónika; mientras que Francis Begbie consigue escapar de la cárcel.

La película no es precisamente una adaptación de Porno. Es más bien, como su nombre indica, una segunda parte para Trainspotting, la película, que retoma elementos tanto del primer libro como de su secuela. Los hechos de este filme se centran en el regreso de Renton a su ciudad natal, el reencuentro con sus amigos (y enemigos) y las consecuencias, veinte años después, del final del primer filme, donde huyó con gran parte del dinero que habían conseguido juntos (también de forma ilegal).

En términos de forma y estilo, T2 honra y retoma el de su antecesora, pero lo actualiza sorprendentemente bien. Muchos elementos se repiten y se retoman con fines nostálgicos, pero T2 encuentra su propia estética, que va entre el presente acelerado y el anhelo por un pasado que, si no fue necesariamente mejor, es extrañado. Trainspotting definió a una generación y gran parte de los noventa como los recordamos, pero, afortunadamente Danny Boyle (con ayuda del genial Anthony Dod Mantle) no se propuso repetir la fórmula, si no entregar algo con identidad propia.

Mucho de lo genial de la primera película es la identificación que logra en el público con sus personajes. Son drogadictos, ladrones, vendedores de droga, traicioneros, egoístas, pleiteros… y aun así, logramos pasar un buen rato con ellos porque se nos muestran como humanos tratando de encontrar algo de sentido en la vida. Dentro de todo ese remolino de decadencia está el “choose life”.

En este sentido, mucho del valor de T2 está en su conexión emocional con el primer filme. Vemos a los personajes recordar con alegría y arrepentimiento. La película misma nunca intenta ocultar su pasado y el hecho de que es una secuela. T2 logra exitosamente que nos identifiquemos, encontrando a sus personajes en un momento diferente de su vida, tratando de encontrar nuevas respuestas para viejas preguntas.

Así como Trainspotting es mucho más que una historia de adictos a la heroína, T2 es mucho más que una historia del paso de la juventud a la madurez. Evoca el paso del tiempo de forma que logra un tono melancólico que contrasta con la energía retomada del primer filme. Los personajes se mueven entre el sentimiento de una vida desperdiciada y un destello de esperanza que los mantiene con vida (en este sentido, Spud se roba la película, mientras que cierto nuevo personaje no termina de convencer). El “choose life” sigue presente.

Claro que las comparaciones con el filme original serán inevitables. Pero el preguntarse si la supera o no parece un poco inútil cuando T2 nos deja claro que nunca quiso hacerlo y que intentarlo sería necio e improductivo. Danny Boyle y todos los involucrados tuvieron éxito en aceptar la condición del filme como secuela y convertirlo en una virtud.

“Sólo es nostalgia. Eres un turista en tu propia juventud.”, le dice Simon a Mark. Esa frase parece representar a T2 en distintos niveles: aplica para sus personajes, para la película misma, para sus creadores y, claro, para su público. Trainspotting fue un fenómeno de una-vez-en-la-vida, y su secuela tiene que lidiar con ello. Pero, una vez que superamos esto, puede convertirse en una experiencia encantadora y conmovedora.

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