Nrmal 2017: diversidad como sinónimo de calidad

Dorit Chrysler / Festival Nrmal 2017. © Nydia Valerio

Hablar de festivales en la CDMX en la segunda década del siglo XXI es hablar de diversidad, variedad y calidad. Desde los ya consagrados, pasando por los que se han transformado en especialistas en propuestas de un circuito independiente que crece y se profesionaliza cada día más, hasta los pequeños e independientes que nutren a la escena creciente y joven de la república. Entre los segundos se encuentra el festival Nrmal, con sus particularidades que han sabido explotar para ofrecer una experiencia diferente.

Ya en su octava edición, este festival ha ido creciendo de poco en poco, pero de manera certera y consistente. Desde su nacimiento en Monterrey a su mudanza y aceptación en la capital mexicana, se ha convertido en un referente de propuestas independientes de diferentes partes del mundo, todo esto logrado con una buena gestión y diversas actividades alrededor del mismo, apostando más por una experiencia que equilibra el entretenimiento con los temas puntuales que incumben a los involucrados en la escena independiente musical, cosa que el público mexicano no acostumbra experimentar si de festivales se trata.

La cita era en el Deportivo Lomas Altas el segundo fin de semana de marzo. Pese a la lejanía, el tráfico desquiciado de la zona y las probabilidades de clima un poco precipitado, fans de la música se dieron cita para disfrutar de un fin de semana lleno de las más nuevas propuestas de la escena independiente internacional y un par de bandas de culto que dotaron al festival de una sana combinación entre lo naciente y lo ya consagrado.

Desde OCEANSS hasta Tortoise, cada día del festival tuvo una diferente combinación de talentos, que resultaron ser armónicos para la audiencia. Tres escenarios; dos juntos (Azul y Reverberation) que no descansaron hasta el cierre del festival, y uno separado, el rojo, que contó con una propuesta electrónica y experimental interesante, hicieron que la experiencia Nrmal fuera completa.

A lo largo del festival las propuestas latinoamericanas dieron señales de que los proyectos de este lado del mundo han crecido y se han desarrollado bastante, ofreciendo presentaciones vibrantes y llenas de energía. Trementina es un ejemplo perfecto.

Provenientes de Chile, esta banda con tintes de shoegaze que mezclan la envolvente y expresiva voz de Vanessa, su vocalista, distorsiones, reverberaciones y más efectos hicieron que el público presente comenzara a volar entre sus acordes, que llamaron la atención de propios y extraños. OCEANSS, banda mexicana que en su naciente carrera musical se ha dado a notar por el concepto que gira alrededor de su primer material, el cual pudo escucharse con fuerza el segundo día del festival. Destellos de post punk, shoegaze y deepnoise hicieron que el público se diera cita frente al escenario Reverberation y disfrutara de talento nacional que seguramente dará de qué hablar en el circuito independiente de la ciudad.

Pero no todo fueron guitarras y atmósferas reverberantes. Otro proyecto mexicano que puso a bailar a todo el mundo el primer día del festival fue CLUBZ. Provenientes de Monterrey, este dúo que crece bastante en vivo invocó un atardecer lleno de nostalgia y movimiento, con su música llena de electro pop que se aderezó perfectamente con la respuesta del público que se entregó cada minuto de su presentación.

Camila Moreno hizo lo propio en su presentación el segundo día del Nrmal. Proveniente de Chile y con una carrera que ha crecido de manera considerable desde el lanzamiento de su tercer álbum, Mala Madre, dan muestra de que el pop no debe ser color de rosa siempre. Con letras muy personales cargadas de vivencias y situaciones atípicas, la cantautora conectó con un público atento que pese a los destellos de lluvia no se movió ningún momento y disfrutó de esa mezcla de pop, psicodelia y energía que Camila ofreció la tarde del domingo.

Otro de los actos más esperados, y promesa del festival, fue el de Mueran Humanos; dúo de nacionalidad argentina pero proveniente de otras latitudes, que no decepcionó en ningún momento de su presentación a los que se dieron cita al trance que provocan sus actuaciones en vivo. Con un trabajo en el escenario que puede traducirse como una experiencia musical y visual completa, esta pareja que evoca las letras más oscuras y profundas con reflexiones de todo tipo (desde el amor hasta la tarea del ser humano en el mundo), con sonidos electrónicos llenos de dark wave y un synth pop bastante oscuro, fue una de las joyas del festival.

Lorelle Meets The Obsolete es otro ejemplo claro de que, lamentablemente, bandas mexicanas con una propuesta diferente pocas veces son difundidas ampliamente en nuestro país. Provenientes de Guadalajara y con un sonido con tintes de shoegaze y psicodelia, hicieron que la noche del segundo día del festival fuera una de las más variadas en cuanto a estilo y géneros.

Las presentaciones internacionales no se quedaron atrás en cuanto a calidad y propuesta, pese a que algunas llevan años brillando en las sombras y en circuitos independientes que ya las consideran de culto. Ejemplo claro fue la actuación de The Brian Jonestown Massacre, que pese a haberse formado en la última década del siglo XX, su música presenta una clara influencia de la psicodelia que juguetea con el shoegaze y la electrónica de una manera balanceada, dotando a la banda de una frescura y madurez poco vista. Con la hipnotizante voz de Anton Newcombe que remonta a un estilo folk, junto con el hipnótico Joel Gion que podría fungir como guía entre los acordes de esta banda norteamericana.

En esta misma línea nos encontramos a Holy Wave y Moon Duo, bandas con una propuesta llena de atmósferas, psicodelia y distorsión que se complementan con sonidos actuales que van desde el pop hasta un poco de post punk, haciendo que este tipo de mezclas nos conduzcan a nuevos estílos que en vivo son toda una experiencia audiovisual.

Cerrando el festival nos encontramos con Psychic TV, con una propuesta que sobrepasa a lo musical y sitúa a su líder, Genesis Breyer P-Orridge, como un referente debido a su propuesta provocadora y transgresora que te invita a reflexionar diversas cuestiones del ser humano, la cual se hace acompañar con una mezcla de acid house, psicodelia y sonidos industriales que dotan a sus presentaciones en vivo de un efecto impactante y duradero en cuanto a discurso.

La octava edición del Nrmal da muestra de cómo un festival puede mantener un concepto valido y coherente pese a la diversidad de temas tocados, estilos y formas de concebir la música y todo lo que hay alrededor de esta. Jugando con una experiencia agradable en cuanto al venue, una equilibrada, coherente y versátil propuesta musical, junto a una variedad de comida y servicios que te hacen sentir cómodo frente a varias horas de propuestas musicales que cada año reúnen a un público un poco ignorado por festivales consagrados y que todos conocemos.