Björk: música y arte

Björk es una artista. Es algo que no resulta obvio ni tonto decir, menos en una época donde se llama así a ciertas personas casi por cualquier razón. Pero cuando alguien como ella aparece y pone de cabeza lo que entendemos por arte, es necesario cuestionarse qué demonios es un artista y lo que hace. Y no creo exagerado decir que, en ese sentido, actualmente no hay nadie que se le compare.

Es por muchos sabido que Björk proviene de aquel remoto país llamado Islandia, una pequeña isla que está más cerca del polo norte que del resto del mundo. Hija de un líder sindical de electricistas y una activista, parece haber nacido con un espíritu incansable. Mostró su talento a muy temprana edad en un recital escolar, en el cual sus maestros quedaron tan impactados que enviaron la grabación a la única estación de radio de Islandia de entonces. La transmisión a nivel nacional le ganó, a sus 12 años, un contrato discográfico y la grabación de su primer álbum, Björk.

Pero lejos de convertirse en una estrella infantil, su curiosidad la llevó a tomar un camino diferente. Durante su adolescencia abrazó de lleno las influencias del punk, las cuales llevó a la práctica en diferentes bandas a principios de los ochenta. A finales de esa misma década cobró notoriedad internacional como la voz de The Sugarcubes, banda que logró un relativo éxito con su sencillo “Birthday”, donde ya mostraba su inimitable forma de cantar.

Tras la desintegración de los Sugarcubes, Björk dejó en claro que sus intereses iban mucho más allá de ser parte de una banda de rock. Se mudó a Londres y con Nelle Hooper (responsable del Blue Lines de Massive Attack) produjo Debut (1993), el primer álbum de Björk tal como la conocemos, donde sintetizó las tendencias dance de la época. Quizá su música no consiguió un éxito inmediato, pero sus videos llamaron la atención del mundo; sobre todo “Human Behaviour”, dirigido por Michel Gondry. Esto marcaría el inicio de la longeva colaboración con el director francés, así como de la especial relación de Björk con el audiovisual.

En una posición privilegiada gracias a su primer disco, Björk llevó su sonido a un nuevo plano en el genial Post (1995), donde reflejaba la multiculturalidad de Londres y el eclecticismo de sus influencias. Tras mudarse a España debido al trauma que supuso que un fan obsesionado le enviara una carta con ácido (afortunadamente interceptada por la policía), Björk grabó Homogenic (1997).

Este disco marcó un nuevo camino de experimentación para Björk, al ser su primer álbum conceptual. En él trató de crear beats y acompañamientos que reflejaran los paisajes de su natal Islandia. Destaca también su colaboración con Chris Cunningham en el video para “All is Full of Love”, donde dos robots se enamoran, quizá adelantando muchos de los intereses posteriores de Björk con la tecnología.

A partir de entonces, Björk se ha dedicado a reinventar su arte en cada nuevo álbum. En Vespertine (2001) incluyó orquestas, coros y microbeats creados con objetos caseros. En Medúlla (2004) creó un increíble entramado sonoro compuesto casi en su totalidad por voces humanas. En Volta (2007) se acercó al hip-hop y las nuevas tecnologías con el Reactable. En Biophilia (2011) diseño nuevos instrumentos pensados específicamente para lo que ella deseaba. En Vulnicura (2015) se liberó de los conceptos y nos entregó su disco más personal: una catarsis de su rompimiento con el artista Matthew Barney.

Incluso un acto como es el de pasar de la música a la actuación o viceversa, que para otros puede representar una movida publicitaria, lo hizo a su manera al protagonizar Dancer in the Dark (2000) de Lars von Trier (además de componer e interpretar el soundtrack). Si bien la película ganó la Palma de Oro en Cannes y Björk fue reconocida como la mejor actriz del festival (además del famoso episodio del vestido de cisne en los Oscar), la islandesa juró nunca volver a actuar gracias a la traumática experiencia que le provocó el director danés.

Desde Debut y a lo largo de su carrera, algo ha quedado claro: Björk siempre ha sabido de quién rodearse. Sus colaboradores, más que estar de moda, son portadores de las tendencias que a ella le interesan: Nelle Hooper, Tricky, Howie B, Mark Bell, Timbaland, Arca, Matmos, Zeena Parkins. Pero siempre es su visión y talento la que guía lo que sus cómplices sonoros pueden hacer.

La innovación en el trabajo de Björk va mucho más allá de sus discos. Su voz es sin duda privilegiada, y la forma en la que la utiliza es inusual para una figura pop. Su relación con el videoclip siempre ha sido especial, trabajando con artistas visionarios como Michel Gondry, Spike Jonze, Chris Cunningham, Sophie Muller, John Kricfalusi, Alexander McQueen, Michel Ocelot o Andrew Thomas Huang, los cuales se han puesto al servicio de Björk y su excéntrica y extraordinaria personalidad.

No podemos dejar de mencionar su relación con la moda, la cual puede verse en los vestuarios utilizados en sus portadas, videos y giras. Sus conciertos, comúnmente alojados en teatros y casas de ópera, son toda una experiencia. Su reciente interés en la tecnología y su relación con la naturaleza la ha llevado a desarrollar apps y videos de realidad virtual. En un tiempo donde muchos alegan que la tecnología demerita la música, ella busca formas en que pueda mejorar y expandir su experiencia estética.

Björk ha repetido en varias ocasiones que no le interesa ser artista y sólo quiere ser músico. Pero todos sabemos que es mucho más que eso. Es una artista porque es capaz de empujar los límites de su arte y expandirlo en nuevas formas; porque es capaz de desarrollar conceptos a través de sonidos, letras y todo aquello que cree conveniente para transmitir su visión.

Quizá su estética no parezca estar muy allegada al punk, pero sus ideales siguen vigentes en su pensamiento. “Aun me siento punk, sobre todo en lo que se refiere a la política, las compañías de discos y lo que es y no es el sistema. No me gusta que me obliguen a encajar.”, declaraba para El País hace unos meses. Más allá del cliché, Björk ofrece un mensaje del punk donde lo más importante es ser tú mismo.

Siempre está en el límite, trabajando con las últimas tendencias tecnológicas, estéticas y artísticas, pero a la vez ofreciendo su propio mundo de una manera sincera. Su valor va más allá de que sus discos sean los mejores o de ser la cantante más trendy. Cuando se es uno mismo de esa forma, el mensaje se vuelve universal y puede llegar a tocar algo en todos. Después de tantos años es fácil acostumbrarse a su presencia, pero no debemos dejar de sorprendernos con su trabajo y agradecerlo.

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