Fotoperiodismo musical: ¿existe?

Contar historias: es lo que hacen los periodistas a partir de la selección de los eventos más relevantes, importantes o trascendentes de la realidad, para los cuales tienen a la mano herramientas como notas informativas, crónicas, entrevistas, reportajes, entre otros. Esta práctica se extiende a todas las modalidades del periodismo, como lo es el fotoperiodismo. El periodista gráfico tiene como medio narrativo las imágenes para transmitir las noticias, pero, ¿qué tan relevante es su profesión dentro del periodismo musical?

En este mes dedicado en Afónica Magazine a la reflexión periodística alrededor de la música, vale la pena repensar la labor de los fotógrafos en esta industria, más allá de ser los privilegiados con los lugares más cercanos en el concierto, como creadores de historias a partir de su lente fotográfico.

La fotografía desde su nacimiento se ha encontrado en medio de diversas discusiones (que si es arte o no, que si es sólo una técnica o no, que si hay que estudiar o basta con tener talento), pero a pesar de esto ha llegado (y se ha transformado) hasta nuestros días como una práctica valorada y de gran utilidad para los medios de comunicación. Actualmente es impensable publicar cierta información sin acompañarla de una imagen, tanto en la web como en un medio impreso. Así en el periodismo político, de guerra, deportivo, pero, ¿qué hay del periodismo cultural, específicamente el musical?

Es complicado, pues las noticias en la música suelen ser eso: música. Muchas veces basta con la fotografía del artista para ilustrar la nota, y pareciera que el único momento para la acción del fotoperiodismo es en los conciertos.

La relevancia de las imágenes dependen de su contexto. Basta con pensar las fotos premiadas año con año por el World Press Photo, el organismo más importante que difunde esta rama de la fotografía donde recuperan los sucesos políticos, ambientales, deportivos y sociales más relevantes del año en cuestión y a sus personajes. Así, en el periodismo musical hay que pensar quién, qué o cuál suceso es relevante para la música y cómo transmitirlo con imágenes.

Hace algunos meses, previo a la última edición del festival Hell and Heaven, se realizó una dinámica vía Facebook para seleccionar al fotógrafo oficial del evento. Para ello, quienes deseaban postularse debían enviar una fotografía de su trabajo; éstas se colgaban en un álbum en la misma página. El seleccionado sería quien obtuviera más likes. Lo preocupante no fue que este fuera el modo de selección, sino las imágenes de quienes se presentaban como candidatos, pues muchas de ellas eran de baja calidad, algunas tomadas con celular y, hay que decirlo, sin mucho cuidado estético, lo que nos hace pensar: ¿quiénes querían ser los fotógrafos oficiales del festival? ¿Fotógrafos profesionales o fans que querían asistir al evento?

Cosas así suceden en todos los conciertos. Con las cámaras digitales profesionales al alcance de más personas, todos pueden ser fotógrafos, y todos quieren entrar acreditados a los conciertos, sin embargo, es responsabilidad del medio seleccionar bien a quién le encomienda esta misión. Más allá de haber ido a una escuela, el fotógrafo debería conocer las características básicas del manejo de una cámara reflex (las viejas confiables); aunque algunos se jacten de tomar muy buenas fotos con su celular, estas no irán más allá de Instagram por su baja resolución. La valía de la fotografía está en su calidad estética, por eso, aunque cada vez haya más personas interesadas en hacer fotografías de conciertos, son pocos los que destacan del montón.

Sería bastante pobre decir que el fotoperiodismo en el periodismo musical se limita a los conciertos (o festivales) donde se puede capturar alguna sorpresa durante el show, pero es complicado que una banda tenga a un fotógrafo en cada reunión, ensayo, presentación o evento al que asistan, y donde al final las imágenes sólo serían de interés si la agrupación se volviera muy famosa. En los conciertos, la prensa tiene una batalla por tener las mejores fotos, no sólo las mejores tomadas, sino las que recuperan los mejores momentos, los personajes más extraños, excéntricos, histriónicos o curiosos, no sólo de la música sino entre los asistentes. Aún así, sería importante, como lectores y profesionales del periodismo, preferir la calidad a pesar de la cantidad de fotógrafos que haya y curiosidades que hayan recuperado.

Con un texto o una fotografía, la misión del periodismo musical es hacerte sentir y transmitir aquel suceso lejano, comunicarlo con todas sus características. Es un reto bastante interesante el que tienen los fotógrafos musicales: el de poder compartir con sus imágenes las emociones de músicos y público, la personalidad de la banda y la intensidad de sus composiciones. El trabajo del fotógrafo en el periodismo musical va más allá de tomar una buena foto del concierto: es la capacidad de construir narrativas de interés publico con sus imágenes. La búsqueda constante de la novedad y capturarla a través del lente. Su trabajo periodístico va más allá de documentar el momento: también debería reflexionarlo y transmitirlo.

Aun hay mucho trabajo por hacer dentro del periodismo musical, pues quienes han sabido destacar son justamente quienes saben ser periodistas más allá de expertos en la música. La misma labor y trabajo en la profesionalización debe tenerla el fotógrafo, quien más allá de desear asistir al concierto debe reflexionar acerca de su papel y las posibilidades que este le ofrece para comunicar. Y, más que preguntarnos si el fotoperiodismo es relevante dentro del periodismo musical, habría que comenzar a tomarnos en serio su papel en esta rama del periodismo. Tanto público como actores de esta profesión. Para consumir y reproducir mejores historias. Esperemos siga habiendo fotógrafos en los momentos adecuados. Y como en todos los ámbitos, valorar la calidad y profesionalismo del fotógrafo antes de cualquier cosa.