Manchester by the Sea

Manchester by the sea sigue la historia de Lee Chandler, un hombre que, tras la muerte de su hermano, debe hacerse responsable de su sobrino Patrick y dejar su vida en Boston donde se desempeña como conserje.

Este es el segundo trabajo como director de Kenneth Lonergan (Margaret, 2011) y resulta bastante irregular. El comienzo es débil y la historia tarda en arrancar, pero una vez que lo hace vemos cómo cada personaje tiene un clímax y catarsis emocional que compensan la espera.

Las largas secuencias donde “no pasa nada”, acompañadas de piezas de ópera la hacen parecer pretenciosa, sin embargo, están justificadas por la necesidad del director de entrar en la psicología de los personajes.

El tema de la película y el tratamiento es interesante: el duelo y la forma en que se vive dependiendo de la experiencia personal. Cada personaje pierde a un ser querido y vive el duelo de forma distinta: de ahí que la gran virtud de esta película sean los personajes y las actuaciones.

Lonergan se destaca entre los guionistas por su habilidad en dar profundidad y corazón a los personajes. Su formación como dramaturgo antes que guionista le ha permitido hacerse de un lugar en una industria donde los personajes entrañables pueden llegar a ser superfluos, sin fondo.

Es precisamente el guion lo más sobresaliente de Manchester by the sea. Los personajes son sólidos desde su esencia hasta su ejecución, lo que nos deja muestras de grandes actuaciones. Todos los actores están en el tono correcto, sin que ninguno sobresalga más que otro, y eso es resultado del trabajo en conjunto con el director para construir y entender las motivaciones de cada personaje.

Quien lleva el peso de la historia es Casey Affleck como Lee Chandler y lo hace de forma magistral. En entrevista con The New Yorker, Affleck destaca el trabajo que hace Lonergan para construir a los personajes, pues asegura que en el guion están descritos los movimientos precisos que deben hacer los actores, todos pensados en la psicología del personaje; incluso cómo deberían tomar una bolsa de papas. La actuación de Affleck muestra el total entendimiento y apropiación del personaje, pues de principio a fin podemos ver, incluso sentir, el dolor y la culpa que representan haber perdido a su familia por una mala decisión.

Por su parte, Michelle Williams (Randi, ex esposa de Lee) y Lucas Hedges (Patrick) hacen un excelente trabajo como actores secundarios. Williams no es una revelación pues desde Brokeback Mountain (2005) ya nos había dado muestras de su registro actoral y aquí no es la excepción. El personaje de Williams es el opuesto a Lee Chandler. Randi es una mujer que a pesar de lo que representa perder a sus hijos, logra sanar y perdonar sin que eso implique que haya superado el dolor. Para Randi, la muerte de Joe Chandler (Kyle Chandler) representa revivir ese episodio traumático que aparentemente había dejado atrás y una oportunidad para sanar las heridas del pasado.

Lucas Hedges es todo un acontecimiento por su actuación como el sobrino de Lee, Patrick, un adolescente a quien le cuesta mostrar y entender sus emociones, que debe lidiar con la muerte de su padre y la separación de su madre por el alcoholismo que ella padece. La secuencia por la que seguramente recibió la nominación al Oscar 2017 es una donde Patrick tiene un colapso nervioso al abrir el congelador de su casa. A lo largo de la historia, el personaje de Hedges se muestra fuerte e inmutable ante la pérdida de su padre: su vida continúa con normalidad, como lo haría cualquier otro adolescente. Cuando llega el colapso emocional, no logra entender lo que pasa y lo que siente. Es la primera vez que Patrick entra en contacto con sus emociones.

La estructura de la película no es lineal. Constantemente hay saltos de tiempo que muestran la vida de Lee y Randi como pareja hasta llegar al incidente que les cambió la vida, lo cual ayuda a rescatar el ritmo de la película en la segunda mitad hacia el final.

Manchester by the sea es una película desoladora que vale la pena por la complejidad de sus personajes y el tratamiento de la temática, sólo por eso. Lonergan merece el reconocimiento por su espléndido trabajo como guionista. Sin embargo, esta es una de esas películas que podrías omitir esta temporada de premios.

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