Pensar la música: tres plumas que suenan

¿Quién dice que estamos en plena desmaterialización de la música? En la era del Youtube, el mp3 y el Spotify, debemos comprender que la música también se lee y se piensa. Aunque es verdad que la música alcanza su expresión máxima al darle play, hay muchas otras prácticas que nos pueden envolver en un sinfín de placeres. Leerla y pensarla nos ayuda muchas veces a comprenderla, y es que no siempre basta lo sonoro para penetrar ese campo tan místico que envuelve a la música. Varios personajes de la historia lo entendieron bien: gracias a sus letras podemos conocer música nueva, puntos de vista, apreciaciones más detalladas sobre lo que escuchamos y sentimos. Aquí van 3 personajes del periodismo musical que nos enseñaron a escuchar mejor.

Lester Bangs

¿Los sorprende? ¡Claro que no! Lester Bangs es para muchos la piedra angular del periodismo y el rock. Su actitud desarrapada era cercana a sus letras, las formas en la que concebía la música y los quehaceres a través de ella. Nunca fue un periodista que se preocupara por quedar bien con las élites de las revistas en turno; muy al contrario, ganaba enemistades con sus letras salvajes a la hora de dar su opinión sobre algún disco, alguna banda o artista en especial. Sus declaraciones abiertamente incómodas para algunos le hacen estar en listas como estas, pero aún más, en las influencias de cualquier persona que quiera tomar una pluma y una hoja e intente explicarnos cómo es que se siente escuchar a Can o a Los locos del ritmo. Su manera de expresarse y comunicar parecía como si alguien dictara sus oraciones, un espectro que comprendía a la perfección cada riff, cada línea de bajo o las voces agudas del vocalista, y podía hacernos ver que el escuchar y escribir sobre el rock es, ante todo, una actitud.

“Creo que (el rock) es algo que te hace sentir vivo. Algo humano, cuando mucha música actual no lo es. Y es algo que me gusta escuchar cuando está hecho por seres humanos en lugar de ordenadores y máquinas (…) El rock n’ roll es una actitud, no un estilo de música o un género estricto. Es una manera de hacer las cosas, de acercarse a las cosas”, Lester Bangs (De Rogatis, 2000).

Uno de sus textos más conocidos es el manual expreso de “Cómo ser un crítico de rock”. En este texto, Bangs habla de un personaje que nace de la experiencia onírica, la de ser “crítico de rock”, digamos, como un paralelismo al rockstar. En este curioso texto da algunas señales por las cuales un periodista nunca ganará bien, pocas veces te reconocerán en la calle, y quien lo haga, será para decirte a la cara que te odia por lo que escribes. En realidad es un texto con mucha carga de humor, una sátira al periodista que busca la fama y el dinero, las groupies y los lujos que todo rockstar tiene, pero debajo del escenario, desde una máquina de escribir y una botella de ron.

“¿Te gusta lo que ves? ¿Quieres darle una oportunidad? Bueno, entonces prepárate, porque los buenos tiempos están a la vuelta de la esquina. La única cosa que queda por mencionar antes que te embarques en tu carrera como crítico de rock es que el talento no tiene absolutamente nada que ver con el asunto, por lo que no te preocupes si no sabes escribir”.

Greil Marcus

Rastros de carmín es tal vez la obra más lucida escrita sobre la música, la rebeldía y los movimientos que podríamos llamar “contraculturales”.  No sólo es identificar los hechos, sino ponerles nombre y apellido de lo que significan. Las sociedades de la postguerra, el aburrimiento y el consumo. Greil Marcus partió del movimiento punk, el cual, según dice, es también una experiencia intelectual. Marcus tuvo la lucidez de poder conjugar las ideas de Guy Debord y los situacioncitas, o el anti arte de los dadá y las vanguardias artísticas para poder explicarnos movimientos tan estridentes.

“Un veinteañero permanece de pie frente a un micrófono, y tras declararse un demonio procede a arremeter todo lo que rodea….reduciéndolo a escombros. Reniega con una carcajada los principios de su sociedad, luego pulsa las cuerdas de las historia de sus sociedad con un cambio de vocales tan violento que lo que produce es un placer en estado puro. Reduce los frutos de la civilización occidental en una serie de siglas de guerrillas”. Greil Marcus (Rastros de carmín, 1989)

Más allá del periodismo, libros como Mistery Train o The History of Rock ‘n’ Roll in Ten Songs dan una pauta para comprender mejor los significados de la música en nuestros tiempos. Cómo es posible concebir los movimientos culturales a la par de lo que se cantaba arriba de los escenarios, de lo que se censuraba en las radios, o bien, de lo que se componía en una vieja alcoba. El aporte de Marcus al periodismo musical es la intelectualidad bien aplicada a la música, pero más allá de lo rimbombante que podamos creerlo, nos hace pensarla.

Simon Reynolds

Retromanía, Después del rock y Postpunk son algunos de los títulos de los libros más leídos del inglés Simon Reynolds. Los temas en los que se sumerge, o mejor dicho, nos sumerge Reynolds son muy variados, desde la desmaterialización de la música, la adicción al pasado, los coleccionistas de discos o los orígenes de la música drone, el krautrock o el feminismo en el pop. Reynolds tiene un especial sentido del periodismo: por ejemplo, en su libro Después del rock, la mayoría de los subtemas que componen su libro son en realidad artículos que aparecieron durante diferentes décadas en revistas inglesas de música. Es decir, llevar el periodismo a un nivel de reflexión aguda partiendo de su formación como historiador.

Justamente en Retromanía, tal vez su obra más importante, hace un análisis sobre cómo la industria a “brandeado” el pasado, lo retro y toda aquella nostalgia y añoranza como activos de consumo. Además de sumergirnos por reflexiones en la forma por la cual contemplamos la música a través del iPod, el MP3, el YouTube y el shuffle. Otros temas que sobresalen en su texto son los coleccionistas de discos, los museos de música y el vacío que intenta explicar de los coleccionistas y archivadores de música, que intentan llenar una y otra vez con fetiches sonoros.

Si bien es un texto que se emprende desde los principios de la historia, me parecen lecturas fundamentales para todo aquel que quiera comprender el complejo ecosistema de la música. No importa si eres periodista, músico o investigador, por igual sus textos te harán hacer una pausa reflexiva y preguntarnos: ¿será verdad que nos gusten más las cosas, pero las amemos menos?

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