Apuntes (y preguntas) sobre la crítica de rock

¿Qué significa ser crítico de rock hoy en día? Sin duda es importante preguntarse tal cosa en una era en la que no sabemos qué significan muchas cosas. Si el mismo rock ha mutado innumerables veces desde su nacimiento hace poco más de medio siglo, es de esperar que el acto de reflexionar y escribir sobre ello se haya adaptado a dichos cambios, aunque no siempre de forma premeditada.

Si partimos de lo más general, quizá parte de la dificultad de entender el propósito de la crítica venga de la concepción común sobre la misma palabra. Al menos en un contexto coloquial, esta tiene regularmente una connotación negativa: se suele creer que aquél que critica lo hace con una intención negativa. Pero más allá de concepciones generales, nos atañe la crítica como forma de entender la música popular.

Si la crítica de rock existe es porque este tipo de música comenzó a ser considerado un arte, algo serio digno de analizar. El rock nació con un espíritu incendiario y revolucionario: su crítica se contagió rápidamente de ello. Las primeras reseñas eran proféticas, mesiánicas, progresistas. Los críticos de rock replicaban la actitud de los músicos, tratando de identificar (y señalar) el camino correcto a seguir para la música, desdeñando aquello que no encajara con dichas ideas. El tono casi clarividente y evangelizador trataba de convencer al lector de aceptar la visión del escritor.

Este tipo de crítica de rock, que predominó por mucho tiempo, contrasta con cierta tendencia actual, que privilegia el revisionismo. Establecida la cultura pop, sus estudiosos voltean cada vez con más frecuencia a ver el camino recorrido hasta ahora. Así como las nuevas bandas constantemente reciclan sonidos y los actualizan, los críticos miran al pasado con una actitud nostálgica, celebratoria.

La pregunta es: ¿cuál debería ser la función del crítico de rock actualmente? Una mirada rápida a los sitios y revistas más populares nos hace pensar que la concepción general es que el crítico juzga y evalúa. La escritura sobre música está llena de opiniones que se conducen bajo la dirección de decidir si algo es bueno o malo. Calificar o descalificar. Someter el trabajo del artista a un juicio de valor.

Esta frivolidad llega al grado de otorgar un valor numérico o de otro tipo a un producto musical. Cuatro estrellitas. 8.5. ¿En verdad se puede decir que un disco es dos décimas mejor que otro? El punto sería: ¿mejor bajo qué criterio? La idea del crítico como ese experto sabelotodo e inmamable que decide lo que vale la pena escuchar y lo que no, cual juez del buen gusto, parece ser (y debería estar) obsoleta hoy en día.

Hoy la crítica parece estar en un lugar extraño: a medio camino entre el periodismo de espectáculos y la a veces elitista academia. Entre el mero chisme y la teoría. Puede moverse entre la “alta” cultura y lo popular. Esto podría entenderse como una crisis de identidad (y quizá lo sea), pero también es una ventaja: tiene el alcance de hacer llegar una forma más completa de entender la música a un gran público.

También debemos entender que la crítica no es una actividad pasiva ni aislada, sino que juega un papel fundamental en los procesos de producción, distribución y consumo de la música. Es deseable que los textos críticos tengan la capacidad de transformar la música, en el sentido de que puedan ofrecer a artistas y productores una retroalimentación sobre las formas de pensar su trabajo.

Asimismo, una crítica que se dedica a valorar las obras musicales en términos de “bueno o malo” da mayor visibilidad a ciertos productos sobre otros con el argumento de que son mejores por cierta razón, al mismo tiempo orientando su consumo. Pero, al menos en un papel ideal, la crítica debería proveer al público de las herramientas necesarias para consumir de una forma más completa los productos musicales.

Otro error sería pensar que para hacer crítica de música sólo hay que saber de música. No es que se tenga que saber todo sobre todo, pero un crítico debería tener las herramientas para identificar argumentos dentro de las obras, que pueden provenir de diferentes formas de pensar. Hacerle preguntas a la obra musical, tratar de comprender de dónde viene y por qué es así.

Ya sea para profundizar en el aspecto sonoro, lírico, cultural o cualquier otro, el crítico debería poder identificar la perspectiva correcta para aproximarse a su objetivo. Quizá sea sociológica, musicológica, histórica, productiva, antropológica, estética, o una combinación de distintas. Tampoco se supone que el crítico deba tener súper poderes intelectuales, pero encontrar los lentes adecuados para ver una obra desde distintos puntos de vista es parte de su trabajo.

Entonces el trabajo del crítico iría más allá de simplemente sentarse a escuchar y escribir lo que siente. Su identidad es una extraña combinación entre periodista, historiador, esteta, científico social y cualquier otra cosa que pueda aportar a la comprensión de la música. ¿Quizá sería posible una carrera entera dedicada a formar críticos musicales?

¿Cuál es entonces, la función de la crítica? Según Simon Reynolds (crítico de verdad), es “hacer de la música algo más que música”. Concuerdo. En mi opinión, el crítico debe ser capaz de observar la realidad, encontrar en ella fenómenos y tratar de dar una explicación, más allá de enfocarse en reseñar y evaluar discos.

La crítica, entendida como un acto de comunicación, no puede entenderse sin aquellos que la consumen. Tendría también, por lo tanto, una función social: la de formar públicos cada vez más capaces. Pero en vez de otorgar respuestas, el crítico tomaría parte en las preguntas, construyendo y propiciando la discusión a través de su trabajo.

En el ámbito del arte contemporáneo se habla de la mediación como una herramienta para acercar al público general a un arte que muchos sienten lejano. En el caso de la música, quizá no sea necesario un acercamiento mayor, pero sí tratar de hacer ver que la música es mucho más que un espectáculo o una diversión: es cultura, política, poder, arte, tradición, innovación y muchas cosas más.

Es cierto: para que una crítica de este tipo (¿ideal?) exista se necesita de música que sea radical en su forma y contenido, que cimbre el territorio como un terremoto. También es cierto que no toda la música puede ser así. Es por eso que el pensamiento crítico sobre rock cobra mayor importancia en este momento, en el que muchos acusan a este tipo de música de estar estancada, falta de creatividad.

Hace tiempo que el hip-hop, la electrónica y otros géneros se unieron al rock como parte del discurso de la música popular, ampliando el campo de observación de la crítica. Hoy la música se complementa con conciertos, portadas, videos, redes sociales y todo un entramado audiovisual e interactivo. Venga lo que venga en el futuro, la música necesita críticos apasionados, dispuestos a adentrarse en sus intrincados e interminables laberintos.

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