Kubrick: la obsesión

Stanley Kubrick: la exposición nos muestra un amplio recuento de la carrera del director neoyorquino, sus obsesiones y su dedicación al trabajo. Estará en la Cineteca Nacional hasta mayo de este año.

Durante su vida, el afamado director Stanley Kubrick fue sumamente discreto en lo concerniente a su vida personal y a sus proyectos profesionales. Tanto así que (como lo atestigua la película Color me Kubrick) el estafador Alan Conway se hizo pasar por él en repetidas ocasiones, esto a pesar de no tener ningún parecido físico con él y no ser un cinéfilo. En tiempos previos al Internet, este grado de hermetismo trajo consigo un aura de misterio y una serie de mitos urbanos a su alrededor.

Esto explica la gran importancia de que en 2003 sus archivos personales fueran accesibles por primera vez para su catalogación y curaduría. Dichos archivos contenían gran cantidad de materiales de todos sus proyectos: documentos de producción e investigación, guiones, correspondencia, fotografías, utilería, vestuario, cámaras y lentes. Todo esto brindó la oportunidad de disipar o confirmar muchas de las conjeturas que durante décadas el público se había hecho acerca de esta figura enigmática.

Posteriormente se decidió montar una exhibición que fuera una muestra representativa de dichos archivos, ilustrada con elementos clave de su filmografía como uno de los disfraces de simio utilizados en 2001: Odisea del espacio; el bastón utilizado por Alex en Naranja Mecánica; o el hacha utilizada por Jack Torrance en El Resplandor.

Gracias a los esfuerzos combinados del Deutsches Filmmuseum Frankfurt am Main, Christiane Kubrick, The Stanley Kubrick Archive de la University of the Arts London, entre muchas otras corporaciones e instituciones, la Cineteca Nacional consiguió incluir a México en el tour internacional de dicha exposición, que ya ha pasado por San Francisco, Seúl, Toronto, Berlín y Monterrey, entre otras ciudades.

Fotografía por Edgar Rodríguez Huerta ©

La exposición hace un recuento completo de la carrera del afamado director, desde sus inicios como fotógrafo amateur hasta sus más grandes superproducciones. Podemos observar proyecciones en pantalla grande de escenas emblemáticas de sus filmes, mientras que algunas citas del director guían al asistente a lo largo de la exposición. El entramado del material audiovisual, los objetos de utilería originales, documentos de la producción y los textos explicativos le permiten al visitante acceder a la naturaleza polifacética de su obra.

Uno de los aspectos más interesantes de la exposición es poder revisar sus documentos y materiales de producción, que nos revelan la exhaustiva manera de investigar los temas abordados en sus películas. Estos documentos son un testimonio del enfoque meticuloso que ponía en la planeación y ejecución de sus proyectos, así como del grado de detalle con el que supervisaba cada aspecto de las producciones.

Sin lugar a dudas, Kubrick era un obseso que no daba un sólo paso en producción sin años de investigación previos. Sin embargo, en el set parecía propenso a la improvisación, un aspecto que no aparece propiamente reflejado en la exposición y que uno puede comprobar en entrevistas con quienes compartieron créditos con él, como es el caso de Malcolm McDowell, Jack Nicholson o Sterling Hayden.

Su obsesión por la composición de los planos en cada escena nos lleva a darnos cuenta de que  entendía al cine primordialmente como un medio visual, y que su talento principal era el de narrar a través de la imagen, narrativa que ha sido llamada simétrica en más de una ocasión. No es de extrañar entonces que sus trabajos sean recordados por sus innovadores efectos especiales y por su peculiar composición visual.

Fotografía por Edgar Rodríguez Huerta ©

Encontramos además el equipo con el que trabajó: cámaras, una mesa de edición Moviola y una selección de lentes, incluyendo el lente ultra rápido Zeiss que le permitió filmar escenas de Barry Lyndon con luz de vela. Esto da testimonio del grado de independencia que Kubrick decidió tomar del sistema de los estudios, lo que a su vez le permitió tener control total de sus producciones.

Los proyectos inconclusos de Kubrick también aparecen; los materiales de archivo documentan el grado de avance que se alcanzó en la preproducción de Napoleon, Inteligencia Artificial y Aryan Papers. Es una de esas raras ocasiones en las que nos podemos encontrar con proyectos que seguramente hubieran sido interesantes, a pesar de que cedieron su lugar a otros con mayor preponderancia o viabilidad.

Aunque la exposición cuenta con una pequeña sala dedicada a las bandas sonoras de sus filmes, se perdió una gran oportunidad para adentrarse en el proceso de elección musical y en la colaboración  con los compositores. Hubiera sido grato escuchar la banda sonora que Alex North compuso originalmente para 2001: Odisea del espacio y exponer las razones por las que no se usó. Del mismo modo, no hay mayor mención de Wendy Carlos o sus colaboraciones en Naranja Mecánica y El Resplandor.

En conclusión, se trata de una muy nutrida exhibición que nos hace poner en perspectiva la carrera de uno de los directores de cine más influyentes del siglo XX, cuyo legado sigue presente el día de hoy.  Stanley Kubrick: la exposición, puede visitarse en la Galería de la Cineteca Nacional hasta el 29 de mayo.

Fotografía por Edgar Rodríguez Huerta ©