Otros mundos: ¿Quieres ser normal?

Soy homosexual. No es algo que diga cuando me presento ni que ande gritando todo el día, pero es parte de mí. Antes no me sentía a gusto con ello; en especial cuando iba en la primaria y en vez de querer mirar debajo de la falda de las niñas veía a los niños. Conforme crecí y tuve experiencias —algunas buenas, muchas malas—, aprendí a verlo como algo “normal”.

No siempre lo percibí así: la tele, los padres católicos y los compañeritos se encargaban de eso. Cuando tienes diez años y nunca has conocido a alguien que piense como tú y sienta impulsos hacia el mismo sexo, te sientes de muchas maneras: confundido, con miedo, triste, enojado, pero nunca “normal”.

¿De dónde llegan, a esa edad, las únicas señales de que existen otros-como-tú? De la tele y el cine. Los libros no: no puedes pedirles a tus papás “literatura gay” [me caga choca el término]. Lo que se dice en la televisión y lo que escuchas de los compañeros-que-sí-salen-a-la-calle es tu única ventana al “Mundo Gay” cuando eres niño.

En la secundaria tuve mis primeras experiencias con chicos. A escondidas y todo, sirvió para confirmar mi gusto por los varones —y mostrarme que sí había más gais ¡en la misma escuela que yo!—.

Pero la preparatoria fue el verdadero ‘desmelenamiento’. Aproveché la libertad de transportarme solo. Conocí —poquito— el “Ambiente”: sus slangs, usos y costumbres. Mas siempre me acerqué con cautela, con miedo de que me descubrieran mis papás, me rompieran el corazón o me pegaran alguna ITS. Sobre todo, temeroso de los mismos gais.

Ese temor se convirtió en prejuicios. Me formé una idea del “Ambiente” y de las mismas jotas muy cliché. Creía que el “Mundo Gay” estaba lleno de mentirosos, infieles y perras: que la promiscuidad lo caracterizaba. Y tenía razón. Pero así son, en general, las personas, no sólo los gais. El poliamor, los chismes y engaños existen en cualquier grupo social, sin importar género u orientación.

Descubrí que el “Mundo Gay” no era tan diferente del “Mundo Hetero”. Lo único que para mí los hacía distintos era que uno era más prohibido que otro.

Aun así, nunca encajé en el “Ambiente” preparatoriano. No era delgado ni bonito ni vestía extravagante. Más bien siempre fui muy equis. Salí del clóset y hubo quienes no me creyeron: “No se te nota” “Casi no joteas” “No estás flaquito”.

Siempre me molestó que la gente tuviera una idea muy estereotipada de los gais y cómo son o deberían ser.

Hoy el mundo cambió (según) y la sociedad (medio) evolucionó. Y a la par deben evolucionar los audiovisuales. Ahora hay mayor representación de caracteres gais en la pantalla chica y grande. Pero son pocas las series y películas que muestran como cotidiana la homosexualidad dentro de la sociedad.

Mi idea de cotidianizar la homosexualidad es no darle tanta importancia en los relatos. Parece que me contradigo, pero no.

Me explico: las narrativas audiovisuales cuyos protagonistas son homosexuales casi siempre siguen una historia “trágica” —o más bien melodramática— de un adolescente o señor o anciano gay al que repudian por  ir en contra de lo establecido sexual y socialmente y le pasa algo horrible y muere o se le muere su novio-amante o triunfa pero se queda solo y asexual. También pueden enfocarse la extrañeza de lo-sexual-en-la-“comunidad”. O de plano dejan de lado la trama y sólo muestran hombres ultra sexuales con cuerpos esculturales. Y aunque a veces estos relatos tienen valores estéticos trascendentes o interesantes, la mayoría de las historias con esa configuración pierden vigencia en el contexto actual porque se quedan en la superficie, en los lugares comunes.

Ahí voy a contradecirme de nuevo [no]: No está mal preservar algunos clichés y sé que los cambios narrativos de representación ocurren poco a poco. El problema es cuando las historias giran alrededor de la “condición homosexual” y no de la condición humana. Va: socialicemos las “prácticas gais” poco conocidas, sigamos a personajes que se acuestan con personas de su mismo sexo. Pero que lo importante no sea la extrañeza que causa eso, sino sus propios conflictos humanos. Tengamos protagonistas gais, pero que no sólo eso los identifique: que sean más.

De estas ideas nació Otros mundos (2016- ), la serie web que produjimos mis compañeros de Producciones Simonqui y yo. En la primera temporada —que terminó el pasado diciembre—, quisimos contar una historia donde los protagonistas fueran homosexuales, pero que los conflictos de la trama no vinieran de su sexualidad, sino de los géneros narrativos: thriller /ciencia ficción.

Yo no creo que haya una sola forma de vivir la homosexualidad, ni cualquier preferencia sexual. Acostarse con hombres o mujeres o muñecos inflables no define a las personas. Pero a veces el cine y la televisión y los libros, y cualquier producto cultural, nos dicen que sí. 

Con Otros mundos no buscamos desdeñar la homosexualidad o hacerla menos ni hacer quedar mal a la “Comunidad LGBTTTI”. Al contrario: esperamos que el relato sea un paso más para que las personas empiecen a ver la homosexualidad como lo que es: algo “normal”, natural, cotidiano.

¿Lo logramos? ¿La cagamos? Quién sabe: apenas es el comienzo.

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