Shin Godzilla: homenaje kaiju

Siempre es fascinante voltear a ver los productos culturales que Japón exporta al resto del mundo: mangas, gastronomía, artes plásticas y, sobre todo, cine. Recientemente en México las grandes cadenas de exhibición han dado apertura a estrenos provenientes del país nipón —subtitulados e incluso doblados al español—y gracias a ello podemos disfrutar de Shin Godzilla (Shin Gojira, 2016).

Es un día como cualquier otro en Tokio. Todo parece normal hasta que se detecta lo que aparentemente es una erupción o explosión en la costa. La idea de que pueda ser un fenómeno natural queda descartada cuando el calor comienza a moverse hasta salir a Tierra firme.

Un lagarto gigante, sin brazos y torpe, se adentra a la ciudad y, aunque no sea su intención, destruye todo a su paso, mientras va dejando chorros sangre desde sus branquias. El enigmático reptil resulta ser Godzilla y Japón debe temer.

La productora Toho Pictures no se equivocó en dejar el proyecto en manos de Hideaki Anno y Shinji Higuchi. El primero, reconocido principalmente por ser la mente brillante detrás de Evangelion, mientras que Higuchi ha dirigido parte de las películas de Attack on Titan. Sin duda, ambos directores —como muchos otros en el mundo— fueron influenciados por el Godzilla de 1954 y eso los llevo a desempeñarse en géneros relativos a los monstruos gigantes.

Uno de los recursos más interesantes es el del uso que Anno e Higuchi dan a los movimientos de cámara. En los momentos en los que se requiere una rápida toma de decisión, los cortes rápidos y el uso de primero planos sitúan al público en el lugar de las decisiones como si las opciones que se brindan le fueran otorgadas directamente a él.

Shiro Sagisu, el hombre detrás de la música de Evangelion, compuso el score de Shin Godzilla. Sagisu utiliza temas clásicos de la criatura y presenta nuevos que se acoplan perfecto. En la película todo se escucha clásico y un tanto extraño, por lo que se percibe más “exótico”.

No esperen ver hora y media de Godzilla: la mayor parte de la historia se centra en el gobierno japonés y las decisiones que van tomando para detener el avance del monstruo, quien evoluciona a gran velocidad, haciendo más difícil investigarlo.

Es un hecho que el cine japonés se articuló de una forma diferente a la que nosotros concebimos el cine y la cinta es prueba de ello. Para quienes no estén familiarizados —incluso los que sí, seguro nunca se han acostumbrado— con los filmes del “país del sol naciente” casi siempre, incluso en los momentos más serios o de mayor tensión, no llega a faltar un extraño chiste o gag que parece cambiar todo a un tono cómico.

Aun con el mal CGI con que fue creado el monstruo—que lo hace verse raro, pero bastante funcional—, su diseño es muy apegado al de los años cincuenta. No tenemos un dinosaurio, sino al rey de los monstruos: uno poderoso aunque lento y con toda la energía nuclear que necesita.

A diferencia del Godzilla hollywoodense de Gareth Edwards  (2014), en esta ocasión regresamos a ver al monstruo como alegoría de un contexto nuclear y político no olvidado, que sigue siendo una amenaza para la humanidad y las futuras generaciones; un mensaje bastante explícito en el relato.

Quizá Shin Godzilla no es la mejor película del personaje; pero es un gran homenaje al monstruo más icónico de Japón y qué mejor que verlo nuevamente en acción de la propia mano del país que lo trajo al mundo, un mundo que no debe olvidar.

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