David Bowie y Low. Una nueva carrera en una nueva ciudad

A 40 años de su lanzamiento, revisamos Low, quizá el más extraño de los discos de David Bowie, pero también uno de los más ambiciosos.

David Bowie

Low

RCA Records; 1977

David Bowie es polisémico. Es decir, algo que tiene más de un significado. Digo esto porque al pensar en las palabras “David Bowie”, el concepto que se genera en nuestras mentes puede no ser el mismo siempre. Está el Bowie Ziggy Stardust, el Aladdin Sane, el Thin White Duke, etc. Hablar de cada uno de ellos tiene distintos significados musicales, estéticos, culturales, históricos y personales en la vida de David Jones. Pero su versión de la que hablaremos fue quizá la más disidente, experimental y a la vez la más humana de su carrera.

En 1976, con 10 álbumes publicados, David Bowie vivía su momento de mayor éxito. Asentado en Los Angeles, el ambiente de la ciudad envolvió al británico en su nube de hedonismo y vanidad, lo cual derivó en una fuerte adicción a la cocaína. Su mente no se encontraba en buen estado, aunque su genialidad musical parecía seguir intacta, como se pudo percibir en Station to Station, un álbum extraño pero brillante. Una decrépita delgadez se fue apoderando de su cuerpo y su degradación psíquica lo había llevado a hacer unos controversiales comentarios en favor del fascismo.

Cuando el Duque Blanco se dio cuenta de que tenía que alejarse de aquella situación, se refugió en la ciudad de Berlín (al oeste de la pared), lugar que consideraba como casi terapéutico. Se hizo acompañar de Iggy Pop, amigo suyo que pasaba por un momento muy parecido. Ambos rentaron un apartamento y se inmiscuyeron en la vida artística y nocturna berlinesca. Bowie gozó en aquel lugar de un anonimato poco usual: a los alemanes poco les importaba la vida de un rockstar inglés, y eso era justo lo que necesitaba. Casi sin dinero debido a un mal trato con su anterior manager, Bowie se encontró con un estilo de vida completamente opuesto al que llevaba en Los Angeles.

Low es considerado la primera parte de la famosa Trilogía de Berlín, que se complementa con “Heroes” y Lodger. ¿Qué significa esto? Bowie vivió entre 1976 y 1978 con Iggy Pop en aquella ciudad, aunque su estancia era intercalada con viajes a distintas partes de Europa. Durante este periodo se concibieron dichos discos, pero decir que por eso la trilogía berlinesca recibe su nombre sería dejar fuera muchas cosas.

La música es materialización sonora de un sinfín de motivos, incluyendo las ciudades. La carrera de Bowie tiene varios ejemplos de ello: Ziggy Stardust es Londres; Aladdin Sane suena a Nueva York; Station to Station emana los excesos y el ambiente de Los Angeles. Así, el sonido de la Trilogía de Berlín fue tremendamente influenciado por el ambiente de aquella ciudad. Low es, de los tres, el que más lo evidencia.

Aún en tiempos oscuros, Bowie nunca dejó de trabajar, y después de exprimir lo mejor de Iggy Pop en The Idiot, se concentró en la concepción de un álbum propio. Low, cuyo primer nombre fue New Music Night and Day, fue grabado entre septiembre y octubre del 76 en el Castillo de Hérouville, cerca de París. Tony Visconti fungió como productor; pero el arma secreta de Bowie en esta ocasión fue un tal Brian Eno.

La importancia de Eno va más allá de haber ejecutado casi todas las instrumentaciones electrónicas del álbum: compuso la base instrumental de “Warzawa”, una de las piezas centrales del álbum; además de que Bowie adoptó parcialmente sus métodos de composición experimentales. Como él mismo diría años después, su función era preparar los paisajes para que Bowie los protagonizara.

Como pocos discos, Low se aprovechaba de las cualidades del LP, donde cada lado del vinilo contiene una mitad del álbum. El lado A está compuesto por 7 canciones. Pop electrónico, podría decirse. Parecieran, si se es superficial, inacabadas. Tienen algo del R&B y el funk de Station, pero como si fuera tocado por integrantes de Neu! o Kraftwerk, bandas alemanas por quienes Bowie sentía una gran admiración. Sus melodías tienen momentos bellos, y sus ritmos y texturas son futuristas.

Las percusiones suenan como una explosión contenida en una lata. Cada track se va construyendo a sí mismo, y cuando promete la redención, desaparece. Parecieran fragmentos inconexos de una obra mayor. Rara vez diferenciamos entre los versos o el coro. Algunos sólo son pasajes instrumentales; otros, ejercicios de ritmo y textura. Pero todas estas cualidades, que en otros trabajos parecerían huecos sin llenar, aquí son totalmente intencionales. Y donde hay huecos, hay interpretaciones.

Si el lado A es osado, el B es insolente. Cuatro tracks, principalmente instrumentales. Más largos que sus contrapartes del A. Sin funk ni ritmos amigables. Ambientes ansiosos. Paisajes sonoros. Y, además de ser el lado B física y musicalmente, es un homenaje al lado B de Europa. “Warzawa” es un homenaje a la ciudad polaca; “Weeping Wall” es sobre el Muro de Berlín y las dos piezas restantes sobre el lado este de aquella ciudad.

Esta segunda parte representa también un alejamiento deliberado del concepto de álbum de rock con canciones de rock. Incluso hace que la figura de autor se desvanezca: los beats fueron seleccionados al azar; Eno encontró la melodía de  “Warzawa” al repetir un patrón que accidentalmente tocaba en el piano el hijo de Tony Visconti.

Low es de esos álbumes que, al escucharlo, te hace sentir como si estuvieras ahí, en sus lugares, en su tiempo, en sus influencias. Y, al mismo tiempo, es enigmático. Nunca se revela del todo. Sus diferentes capas de interpretación cambian en cada escucha. Sus sonidos electrónicos, futuristas, contrastan con el esfuerzo increíblemente humano que lo llevó a existir.

Esta versión de David Bowie es aquella donde resurgió de las cenizas de su adicción. Es donde suprimió el ego típico del rockstar para crear un nuevo yo. Sin ningún alter ego, manteniendo el perfil más bajo posible. Low es, de todos sus álbumes, el que tiene la visión más estrictamente artística, alejada de las convenciones de la industria musical. De todos sus trabajos, es el más aventurero, y un reconfortante desafío para aquél que quiera escucharlo.