Tres bandas sonoras que retratan una generación

Sabemos que existen películas que definen una época. Desde el retrato de la rebeldía en chicos suburbanos estadounidenses en Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause, 1955), hasta la confusión existencial de la juventud europea de la posguerra capturada en La Dolce Vita (1960 ). Sin embargo, en algunos casos la banda sonora que acompaña a un filme puede ser igual de importante para definir el sentir de una generación, un movimiento cultural o una escena social. En esta ocasión comentaremos tres de estos casos, que incidentalmente nos narran la historia de la cultura popular norteamericana durante los últimos cincuenta años.

El primer ejemplo de este fenómeno es el del emblemático festival de Woodstock, epítome y comienzo de la decadencia del movimiento contracultural de la década de los 1960 en los Estados Unidos, protagonizado por los hijos de la posguerra o baby boomers. Dicho fenómeno precede a lo que ahora entendemos como “franquicia multimedia”: un festival musical (1969) que además de convirtió en un documental premiado (1970) e incluso en dos álbumes recopilando la música del evento (1970-1971).

El primer álbum recopilatorio, que es el que comentaremos, contiene temas de leyendas en el cénit de sus capacidades interpretativas como: The Who, Santana, Jimi Hendrix, entre muchos otros. En estas interpretaciones podemos escuchar a una generación que cree en la posibilidad de un mundo diferente, artistas que nunca habían tocado ante tal multitud aprovecharon la oportunidad para hacer posicionamientos políticos que en el momento fueron un verdadero desafío a la autoridad.

Interpretaciones como la de “I-Feel-Like-I’m-Fixin’-to-Die Rag” de Country Joe McDonald, en la que hace una clara sátira del apoyo irracional a la guerra de Vietnam prevaleciente en los EUA en aquel momento, junto con la versión de Richie Havens de “Freedom”, una pieza tradicional cantada por los esclavos afroamericanos en los años anteriores a su liberación, son algunos de los mejores ejemplos de espíritu contestatario e inconformista de la contracultura musical en aquellos años. Ciertamente, para quien quiera conocer más sobre el movimiento contracultural de la música  en la década de los 60, es un buen álbum por donde empezar.

Este fenómeno multimedia significó la masificación definitiva de un movimiento que hasta ese punto era relativamente limitado a algunos centros de actividad como Londres o San Francisco. Si productores y organizadores habían sabido por más de veinte años que el Rock era un negocio, Woodstock abre las puertas a eventos cada vez mayores y a ventas de discos nunca antes alcanzadas.

Esta influencia contracultural fue la semilla que un par de década más tarde se cosecharía en lo que  conocemos como “Grunge”. Influenciados por la música de una generación anterior, la generación “X” retomaría la estafeta de los baby boomers con una escena musical que no solamente tenía conocimiento de la música de sus padres, sino que le rendía tributo.

Ésta fue la escena que el escritor y director Cameron Crowe; decidió retratar en su comedia romántica Singles de 1992. Con escenarios que hoy en día nos parecen clichés, como la cafetería, el departamento compartido y el pequeño antro rockero, la película cuenta con la gran fortuna de haber sido apoyada por grupos que formaban parte de la escena musical de Seattle en ese momento, por lo que músicos como Chris Cornell, Eddie Vedder o Layne Staley aparecen en pantalla.

Esa banda sonora cuenta con composiciones originales de Pearl Jam, Alice in Chains, The Smashing Pumpkins y Soundgarden, entre otros. E incluye canciones de Jimi Hendrix y una versión de “The Battle of Evermore” interpretada por las hermanas Wilson del grupo Heart. La única gran ausencia de este álbum es Nirvana, quienes fueron invitados pero declinaron. Esta magistral recopilación logra encapsular perfectamente el espíritu musical que se desarrollaba en Seattle en ese momento y que a su vez fue tan influyente en todo el mundo.

De la misma manera que Woodstock masifica la contracultura, Singles la normaliza, ya no solamente el rock es un fenómeno de masas, sino que es un fenómeno cotidiano y hasta esperado. No obstante, los baby boomers que fueron a Woodstock pudieron regresar a sus casas, quitarse las sandalias y ser parte del periodo de mayor crecimiento económico de la historia humana, algo que sus hijos no tendrían el lujo de hacer.

Si las condiciones de vida para la generación X norteamericana fueron comparativamente inferiores a las de sus padres, para la generación Millenial la inseguridad laboral, las crisis económicas y el desastre ambiental son algo cotidiano. Tal vez esto explique su fijación por los mundos de fantasía, donde pueden escapar de un mundo hostil.

La influencia de los videojuegos, las historietas y la animación ha marcado a la cultura popular del nuevo siglo, y uno de los mejores ejemplos de esto es la franquicia multimedia Scott Pilgrim. El cómic original fue adaptado para su lectura en medios digitales, animación, un videojuego, una película, y una serie de bandas sonoras.

Nos centraremos en la banda sonora que fue recopilada para la película dirigida por Edgar Wright en 2010, que cuenta con la participación de Beck, Frank Black (Pixies), Metric y Broken Social Scene, y más. Dieron vida a los números musicales mencionados en el cómic original, y en algunos casos interpretados por los actores y actrices del filme. Como en Singles, este álbum se da tiempo para retomar música del pasado con canciones de The Rolling Stones y T Rex.

Esta banda sonora está conectada tan integralmente con la narrativa de la película, que por momentos es difícil imaginar el disfrute de esta obra sin dicho contexto, algo que la distingue de Singles y Woodstock, y que ejemplifica perfectamente a los productos multimedia contemporáneos.

Sin duda alguna estas bandas sonoras retratan la sensibilidad de tres generaciones diferentes y sirven como perfecto punto de entrada para quien desee conocer más sobre ellas.

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