Moana: un diez en la escala de Disney

Moana, la nueva entrega de Disney, representa un grato giro de tuerca a la ya tradicional fórmula de la casa productora.

Si una empresa ha logrado superarse en su propio terreno una y otra vez debe ser Disney. Desde Blanca Nieves y los Siete Enanos (1930) hasta Frozen (2013), las películas de esta gran casa productora han sabido colocarse a lo largo de los años como las más populares del público mundial (no de México, no de América, sino del mundo). Moana no es la excepción: es el resultado de ir por el camino correcto.

Moana (Auli’i Cravalho) es la futura princesa de Motonui, una isla polinesia en la que todos viven felices y sin grandes preocupaciones. Aunque ella siempre se ha sentido atraída por el océano, su padre, el jefe Tui (Temuera Morrison) ha intentado guiarla para que preste más atención a su pueblo y así no salga a explorar el peligroso mundo que los rodea.

Gramma Tala (Rachel House) es la “loca del pueblo”, abuela de Moana que se dedica a preservar las tradiciones del lugar. Ella es aparentemente la única creyente de la leyenda del “Corazón de Te Fiti”, una ancestral historia en la que se narra como el semidiós Maui (Dwayne Johnson) robó el corazón (roca mágica) de Te Fiti, una poderosa diosa con forma de isla que tenía el poder de crear vida. Con la ausencia de ese poder, despertó Te Ka, el demonio de lava, que derrota a Maui mientras se iba del lugar, dejándolo sin poderes y perdiendo el corazón en el océano.

La leyenda resulta verdad y un día la oscuridad alcanza a Motonui. Moana, como su princesa y futura líder, deberá salir al océano, encontrar a Maui y regresar el corazón de Te Fiti a donde pertenece.

La dirección estuvo principalmente a cargo de Ron Clements y John Musker. Resulta muy curioso que estos dos grandes de Disney fueran quienes se encargaran del proyecto que, en mi opinión, ha sido de lo mejor logrado. Quizá algunos no estén familiarizados con los nombre de Clements y Musker, pero sin duda conocen su obra. Ellos fueron los directores detrás de La Sirenita (1989), Aladdin (1992), Hércules (1997), El Planeta del Tesoro (2002), y La Princesa y el Sapo (2009).

El hecho de que se sumara el trabajo de estos grandes directores junto con la codirección de Don Hall y Chris Williams -también de gran reconocimiento por su trabajo en las producciones de Disney- se debe a la búsqueda del éxito del nuevo paso que da la empresa. Moana está impregnada de talentos neozelandeses. Desde asesores para la historia, hasta la música y los actores principales, todo por la búsqueda de lograr una película que respete lo más posible las tradiciones y cultura de un lugar, manteniendo la misma calidad a la que han acostumbrado a su público ¡Una tarea monumental!

Moana forma parte de esa nueva generación de princesas de Disney a la que Rapunzel y Merida pertenecen. Aquellas que no tienen una motivación amorosa por alguien más, sino una intrapersonal: descubrir quiénes son, cuál es su función, qué es lo que quieren. Todo sin olvidar sus valores principales.

La película tiene excelentes números musicales que cuentan con la maestría de Lin-Manuel Miranda –mayormente conocido por crear los musicales In The Heights y Hamilton: An American Musical. Así que si pensaron que “Let It Go” de Frozen es lo mejor de lo más reciente de Disney, quizás quieran pensarlo dos veces.

Disney es uno de los ancestros de la industria y ha sido lo bastante inteligente al saber que su público se ha ido transformando y por ende, ellos también deben hacerlo. Aunque su fórmula sigue siendo efectiva (ya saben, aquella que busca hacer historias locales o clásicas del mundo, bajo un tinte familiar destinado a posicionarse en la cultura mainstream), cada vez es más frecuente que en sus historias las princesas no necesiten de un príncipe y se exalte aún más la convivencia de los seres humanos con la naturaleza.

Moana es de esos estrenos que casi nadie se va a perder y la trayectoria de su productora la respalda al grado de interpretar a la película como sinónimo de éxito. Gracias, Disney, por hacer lo que mejor sabes.