Suspenso complaciente: La chica del tren

Rachel (Emily Blunt) es una mujer deprimida y alcohólica que todos los días aborda el mismo vagón del tren y ocupa el mismo asiento para ir a su trabajo. A diario observa a la misma pareja a través de la ventana, intentando descifrar si la perfección que aparentan es real. Los constantes recuerdos de su matrimonio fallido la llevan a obsesionarse y proyectar en ellos sus propias frustraciones.

Una mañana algo cambia en su rutina: la mujer que observa todos los días, abraza a un hombre diferente. ¿Engaña a su esposo con él? La fantasía de Rachel se desmorona ante la idea de la inexistencia de la pareja perfecta y todo lo que había imaginado, lo que había dado sentido a su vida los últimos meses, desaparece.

A partir de este momento suceden una serie de acontecimientos que unen a Rachel con Megan (Haley Bennett) y Scott (Luke Evans), la pareja que admiraba a diario mientras recordaba que ella vivía en la casa contigua con su ex esposo Tom (Justin Theroux), quien ahora vive con Anna (Rebecca Ferguson), su nueva pareja.

Basada en la novela homónima de Paula Hawkins, el director Tate Taylor (Historias cruzadas, 2011) desarrolla en La chica del tren (The Girl on the Train, 2016) un thriller lleno de intriga que se enfoca en descubrir al responsable de un crimen que involucra a todos los personajes, en diferente medida.

En entrevista con el Washington Post, Taylor dijo que no estaba interesado en desarrollar a los personajes, sino en enfocarse en las posibilidades de la historia para construir un thriller a partir de las vueltas de tuerca. Sin embargo, el guion de Erin Cressida Wilson no lo logra por completo. Los personajes, principalmente Scott, no son lo suficientemente sólidos para sostener esos giros en la historia que deberían desviar la atención [SPOILER] sobre el verdadero responsable de la muerte de Megan.

Wilson se enfoca en dar peso a las tres mujeres de la historia para girar en torno a ellas; sin embargo deja de lado el papel de los personajes masculinos que más adelante tienen la misma o incluso más importancia para hacer dudar al espectador respecto a la inocencia de los inculpados. La historia queda a deber en ese aspecto: los giros en la historia son torpes y predecibles.

No obstante, el trabajo de Emily Blunt es brillante. Desde la primera secuencia, llena la pantalla con su expresividad y logra transmitir la desolación y fragilidad del personaje. Lo mejor es que sostiene la intención de principio a fin sin llegar a la exageración. Es el único personaje que tiene la solidez necesaria para evitar que la película se derrumbe en su intento por tomar nuevos caminos.

La chica del tren es como Perdida (2014), pero sin la magia de David Fincher en la dirección. A diferencia de la película de Fincher, la cinta de Taylor carece de la audacia y limpieza con las que Perdida da giros vertiginosos, y de la agilidad en las vueltas de tuerca que buscaba dar el director.

A pesar de estas fallas en el guión, la película funciona y cumple como thriller. Mantiene el suspenso de principio a fin gracias al ritmo que proporcionan las secuencias cortas y la acción continua que permiten al conflicto avanzar sin detenerse visualmente.

La chica del tren se presentó en la más reciente edición del Festival Internacional de Cine de Morelia y puedes disfrutarla actualmente en los cines comerciales de la ciudad. Es una película que te mantendrá al filo de la butaca, aunque podría no cumplir todas tus expectativas, en especial si leíste el libro y esperas una copia fiel.

Deja un comentario