La idea del cambio: Doctor Strange

¿Es la nueva película del Universo Cinematográfico de Marvel la señal de una nueva dirección de la casa productora?

Aun en estos días de Internet, estaciones espaciales y globalización, tenemos que admitir que nuestro conocimiento del universo es mínimo. El quehacer humano tiene mucho trabajo por delante; pero al menos ha generado diferentes métodos y mecanismos que le permitan hacer frente a la oscuridad. La ciencia, por ejemplo, es uno de los caminos que hemos consagrado por sobre muchos otros. Sin embargo, aún quedan lugares a los que no ha podido acceder: aquellos a los que sólo la literatura y otras artes logran aventurarse. Esos lugares donde el Doctor Strange es el mejor.

El Dr. Stephen Strange (Benedict Cumberbatch, Sherlock BBC) es un exitoso neurocirujano de renombre cuyo talento sólo se puede comparar con su ego. De camino a un evento, Strange sufre un accidente automovilístico en su Lamborghini —sí, tenemos que resaltar el auto—, el cual destroza por completo sus manos.

“Yo lo habría hecho mejor”, dice tras despertar en el hospital junto a su amante, Christine Palmer (Rachel McAdams, Chicas pesadas), luego de una ardua cirugía y el shock de descubrir que sus tan sagrados instrumentos de trabajo están inservibles. Strange enloquece por encontrar solución a sus lesiones y mientras más investiga, más pierde las esperanzas —y el dinero—. Cuando se entera de que Jonathan Pangborn (Benjamin Bratt, Modern Family), un sujeto que sufrió una terrible fractura que debería haberlo dejado inmóvil de por vida, se encuentra milagrosamente bien, no duda en localizarlo.

Cansado y sin dinero, Strange viaja a Nepal, en busca del templo de Kamar-Taj, el cual encuentra gracias a Mordo (Chiwetel Ejiofor, 12 años de esclavitud) lugar que dirige “El Anciano” (Tilda Swinton, Tenemos que hablar de Kevin). Buscando una cura para sus manos, Strange termina como aprendiz de las artes ocultas, mismas que le ayudarán a detener a Kaecilius (Mads Mikkelsen, Hannibal), un antiguo aprendiz del templo que se declara enemigo del tiempo mismo y usará la ayuda de una enigmática energía para detenerlo.

Doctor Strange: Hechicero supremo (2016) resulta muy familiar a primera vista y no lo digo por Cumberbatch, quien cada vez se vuelve más uno de los actores clásicos de nuestros tiempos. ¿Un adinerado egocéntrico que sufre un suceso catastrófico que lo lleva al fondo, sólo para levantarse como un personaje heroico les suena familiar? Sin duda, hasta Tony Stark, digo, Stephen Strange, debe reconocer que las fórmulas de Marvel son “mágicas”.

Scott Derrickson realizó un gran trabajo con la película, la cual no se parece a lo que ha realizado antes —Siniestro (2012), El exorcismo de Emily Rose (2005)—, pero ¿qué no es ese el argumento principal de Doctor Strange? ¿Salir de lo conocido y abrirse a otras posibilidades? El modelo de Marvel, aunque bueno, requiere de transformarse si busca mantener su éxito hasta el final de sus proyectos cinematográficos. La película de Strange es un primer paso a ese cambio. Aunque se percibe simple, se define por sí sola y más allá de coreografías de acción, tenemos un juego entre el espacio y tiempo del relato que resulta refrescante en un universo de héroes ocasionales y Vengadores.

 Los efectos especiales son increíbles y muy justificados. Aunque por momentos parece que estamos viendo El origen (Nolan, 2010), en Doctor Strange la realidad se desdobla de forma caleidoscópica —buscando mantener un estilo psicodélico como en los inicios del cómic— y forma un mecanismo en el que todo se encuentra perfectamente engranado y funcionado, nada fuera de lugar y  todo es susceptible de ser utilizado por los magos en un sinfín de formas diferentes.

Como saben los fans del cómic, el mundo del Doctor Strange es muy amplio y lleno de significados, los cuales parecen haber sido omitidos en la película: ¿Ojo de Agamotto? Pensé que era un florero… Sobre la Capa de Levitación, ni hablar, sólo diré que la debió de reclutar Nick Fury. El guión se aleja de la historieta y nos hace recordar que es una adaptación; pero en verdad hay elementos que bien merecen su propio desarrollo y no se les hizo total justicia —por ahora—. ¿Escenas después de los créditos? Dos. Ambas valen la pena y sorprenderán a más de uno.

Doctor Strange mantiene el estilo de Marvel, al mismo tiempo que se aventura a una idea más compleja. Es la apuesta por un salto mayor que, si se logra bien, sin duda llevará a la casa de las ideas a nuevos horizontes. Las posibilidades son infinitas.