Kill La Kill: La ropa lo es todo

Las historias que envuelven el universo del anime son muy variadas y vistas, desde un punto más “occidental”, exóticas. Mundos llenos de grandes máquinas, misterios espirituales, seres fantásticos y dramas de la vida diaria, son algunos de los elementos que conforman la gran gama de matices que la animación japonesa puede ofrecer. Uno de ellos, sin duda es Kill La Kill (sí: esta en Netflix).

La historia se centra en Ryuko Matoi, una misteriosa chica que llega a la Academia Honnōji en busca de información sobre la muerte de su padre, a quien encuentró brutalmente asesinado con una extraña espada en el pecho.

La Academia es gobernada por la presidenta del Consejo Estudiantil, Satsuki Kiryūin, cuyo sistema de poder se centra en los uniformes goku, prendas especiales que mejoran las habilidades de los alumnos destacados dentro de los diferentes clubes de la Academia. El nivel de la prenda es representado por el número de estrellas con el que cuenta. Éstas van de cero a tres y no sólo definen los beneficios que los estudiantes obtienen dentro de la institución, sino también su estilo de vida dentro de la ciudad.

Honnō es una ciudad estructurada en cuatro diferentes niveles y mientras mayor número de estrellas tenga tu uniforme, mejores son las condiciones de vida que tú y tu familia reciben. Tras su llegada, Ryuko conoce a Mako Mankanshoku, una estudiante que se encuentra en la clase más baja de la Academia. Su familia esta conformada por ella, su padre, quien es un médico sin licencia, su madre, una tierna ama de casa y su hermano menor, un carismático ladrón.

Para poder conocer la verdad sobre el aseinato de su padre y la Espada Tijera, Ryuko deberá vencer a los mejores alumnos de la escuela hasta llegar a Satsuki, tarea que sería imposible de no ser porque se encuentra con Senketsu, una prenda parlante que al entrar en contacto con la sangre de su portador libera su poder.

Senketsu y los uniformes goku estan compuestos por “fibras de combate” (o fibras vivas), las cuales son la fuente de poder de cada prenda. Entre mayor es el número de estrellas en el uniforme, más cantidad de fibras especiales tiene. Senketsu, por su parte, está creado totalmente de dicho material por lo que se le denomina como “Prenda Legendaria”.

El concepto de la ropa como eje de la serie es muy interesante. Usualmente en cada programa, show o película se pone un especial empeño en el vestuario y lo que comunica al espectador, sin embargo, en el universo de Kill La Kill, la ropa es lo que diferencia a los seres humanos de los animales: aquel elemento que permitió la evolución de la humanidad tras la desobediencia de Adán y Eva, por lo que hicieron a los hombres y mujeres más libres (al menos en apariencia).

Kill La Kill es dinámico y eso (para muchos) es un gran logro. No hay episodios de relleno – así es, como lo leyó- y se cuenta lo que se tiene que contar. Esa misma virtud por momentos puede dar la sensación de estar viendo un producto incompleto, pero entre más se avanza, más se comprende sobre el pasado de Ryuko y los planes reales que Satsuki tiene para la ciudad de Honnō, haciendo que lo único lamentable sea que por ahora sólo haya una temporada: una muy bien lograda temporada.

El drama, la acción y la comedia se mezclan de gran forma. Uno puede ver un momento de mucha tensión ser interrumpido por un par de chistes y aun así no se percibe como malo o desentonado (otro logro de la serie). Sin embargo, hay que advertir que los chistes llegan a ser súper sexualizados. La ropa de Ryuko y Satsuki no deja mucho a la imaginación y aunque eso siempre ha sido uno de los elemento que caracteriza al fan service del anime, no necesariamente puede ser del gusto de todos (conste que lo escribimos).

Kill La Kill no se salva de la usual disputa entre quienes prefieren anime más tradicional y aquellos que encuentran innovación en las propuestas más actuales. Sin duda, esta serie con su rápido formato, efectos por computadora y temática, sólo se puede concebir como una de las propuestas más interesantes para este siglo. Me atrevo a decir que Kill La Kill está pensada para una generación más de la Internet que de la televisión y no por ello esta mal, sino que responde a nuevos lineamientos, mismos que pueden sorprender a quienes se lo permiten.