Mainstream: drags, salchichas y extraterrestres

¿Es malo volverte 'mainstream'? Pensémoslo con algunos audiovisuales recientes: The Rocky Horror Picture Show: Let's Do the Time Warp Again, RuPaul's Drag Race y Hurricane Bianca, Sausage Party, y Zona invadida.

Anoche se estrenó en EE. UU. el remake de El show de terror de Rocky (The Rocky Horror Picture Show: Let’s Do the Time Warp Again, 2016), el musical de culto de 1975 que homenajeó al cine malhecho, pobremente actuado, pésimamente fotografiado, sin presupuesto y diálogos inverosímiles. ¿Cómo llegó una película que por mucho tiempo sólo se proyectaba en las salas más deplorables a medianoche a ser reimaginada por el director de High School Musical para televisión?  ¿Es una aberración?

Protagonizada por Victoria Justice, Adam Lambert, y Laverne Cox (Orange is the New Black) en el papel del Doctor Frank-N-Furter, la nueva versión está siendo destrozada por los críticos y fans, quienes juran que es la prueba de que “el cine de medianoche debe mantenerse subversivo”.

Desde los avances sabíamos que no iba a ser mejor ni igual a la original; sino sólo un espectáculo colorido. No más. Debemos entender que el remake, a diferencia de las obras de teatro musical que otras cadenas hacen en vivo (como Grease y próximamente Hairspray), no es para los fans —aunque la anunciaran así—. La versión de Kenny Ortega está dirigida las “nuevas generaciones” que no conocen la historia de Brad Majors y Janet Weiss. Por eso los nuevos (y extraños) arreglos, el tono no-tan-sexual y los bailes ridiculitos.

Por eso discrepo enormemente con la frase de la Rolling Stone: yo creo que es justo la prueba de que en algún punto lo subversivo sí puede—y debe— pasar al mainstream. La primera versión ya está en Netflix. ¿Sus creadores habrán imaginado que algún día la verían tantas personas? ¿No es ésa la meta ideal?

Recordemos la original con Tim Curry y Susan Sarandon: él, Frank, un doctor alienígena travesti que crea al “hombre perfecto”; ella, Janet, la chica ingenua-heroína que cede ante sus impulsos sexuales. ¿Cuántos roles principales drag había en pantalla en los setenta, aparte de Divine en los filmes de John Waters? Aunque fuera en burla, el rol de Curry hizo visible y atractivo a los travestis entaconados y la extravagancia que caracteriza a la cinta se popularizó a través de los años.

A muchos no les pareció que la nueva Frank-N-Furter fuera Cox porque es transexual y no sólo-travesti-hombre. Mas justo por eso es importante. ¿Cuántos actores-actrices trans vemos hoy en pantalla? Piensen en los asesinatos recientes en la Ciudad de México, ¿neta creen que es poco avance ver a una transexual en un papel importante que verán miles de jóvenes?

Por eso, aunque El show de terror de Kenny Ortega no pueda ofrecer nada nuevo a los seguidores del musical y amantes del género, hay que pensar en lo que significará para la chaviza. Ejemplo: la canción de apertura “Science fiction, double feature” ahora muestra los pósters de las películas antiguas que menciona y seguro muchos ahora querrán verlas, así como la película original.

Hablar de travestis y popularidad obviamente nos lleva a la drag queen RuPaul Charles, quien tomó lo representativo de la cultura drag y la ball room scene —chequen Paris is burning— y lo llevó a su reality televisivo Drag Race, el cual va por su novena temporada (más dos All Stars) y lo hizo ganar un Emmy por conducción. Ah, y puso de moda los duelos de lipsync.

¿Por qué la RuPaul’s Drag Race (RPDR) se está volviendo tan famosa? De todo hay concursos en TV: de moda, talentos, comida. ¿Qué lo vuelve un producto de telerrealidad distinto?

Yo empezaría por el formato, que en cada episodio de 45 minutos te mantiene interesado en los los dramas, las peleas y los retos. Los colores chillones y los filtros que le ponen hacen que quieras estar dentro de la competencia, en el salón de trabajo, esforzándote por crear tu mejor vestuario.

Es ese atractivo visual y sonoro lo que ha vuelto a RPDR pertinente. Delinea a los concursantes como personajes, pero también como personas, lo que provoca que nos encariñemos con ellxs, con su trabajo. Cada temporada vuelve más cotidiano lo drag. Ahora todos quieren serlo e imitan el formato. Sea por moda o no, es bueno: ayuda a visibilizar algo que empezó como meramente marginal.

Una de las ganadores —o los ganadoras— de RPDR estrenó en septiembre el proyecto más sólido que he visto salir del reality: Huracán Bianca (Hurricane Bianca, 2016), protagonizado por Bianca del Rio (Roy Harlock), a quien Ru coronó en la sexta temporada.

La película—disponible on-demand en Internet — cuenta la historia de Richard (Roy/Bianca), un profesor al que asignan en una secundaria de Texas y lo despiden cuando se enteran —por una página de citas— que es homosexual. Después conoce a una transexual que lo inspira a convertirse en Bianca del Rio, y regresa a vengarse.

Divertida sin ser hilarante —con momentos meh—, Hurricane Bianca es una comedia pura, donde la protagonista deja en ridículo a la sociedad que se burló de ella. Es, además, una cinta independiente, fondeada, donde se incluyen temas políticos como el hecho que en 28 estados gringos aún se puede despedir a los maestros si son gais; además de tópicos universales como el bullying y la homofobia.

Pregunta elhuevo-lagallina: ¿El tema sirve a la narrativa o al revés? ¿Primero piensas en algo que te interese y lo viertes en una historia o tienes la historia y la aderezas con un tema actual? Para mí, van de la mano. Siempre que se sirvan mutuamente, es válido. Casi siempre es evidente cuando una cinta nos quiere decir algo y cuando sólo nos hace pasar el rato.

Como La fiesta de las salchichas (Sausage Party, 2016), de Seth Rogen y Evan Goldberg [Superbad ’07,  This is the end ‘13, The interview ‘14]. Dirigida por Conrad Vernon y Greg Tierrnan, y con las voces de Rogen, Kristen Wiig y Salma Hayek, esta cinta de animación sigue a una salchicha y un pan antropomórficos que buscan encontrarle un sentido a sus vidas cuando descubren que el Más Allá es mentira y que los “dioses” —las personas— en realidad son malos y se los comen.

El relato puede tomarse como una alegoría de la religión y los seres humanos, o de la industria hollywoodense. Lo cierto es que cumple con hacernos reír, dejarnos pensando un poco y molestar a los de mentes cerradas. Quizá Goldberg y compañía sólo mezclaron drogas+sexo+guarradas —como siempre— y de ahí salió todo. Como sea, funciona mucho.

En la función donde la vi, se salieron algunas personas cuando apenas llevaba unos minutos. Qué bueno: si el inicio les pareció feo-malo-aburrido, ¡después se pone mejor peor! Me quedé pensando en que estamos acostumbrados a ir al cine a ver puras cosas que nos agraden o con las que estemos familiarizados. Entiendo que tenemos poco dinero y tiempo para ir al cine, pero justo eso debería hacernos más abiertos a todo tipo de contenidos.

Otra donde abandonaron la sala fue Zona invadida (2016), película de ciencia ficción ¡mexicana! que logró llegar al circuito comercial—ésas sólo las vemos en festivales— al mismo tiempo que Los parecidos. Es la última participación actoral de Mario Almada (fallecido a principios de mes), quien destaca como el comandante Lucio Peña, guardabosques de Mesa de Osos, en la Sierra Madre Oriental, donde ocurre todo. Abducciones, extraterrestres clásicos, y la actuación de Roberto Sosa y Luis Felipe Tovar la vuelven bastante entretenida… Siempre y cuando entiendas su lógica.

Los que se fueron evidentemente no la captaron. Quizá esperaban efectos de blockbuster o más sangre o menos México. Sí, tiene detalles técnicos y se nota el poco presupuesto; pero cuando llega la escena donde abducen el carro o la de Almada diciendo “Se equivocaron de planeta”, lo vale. Podríamos catalogarla casi casi como Serie B/videohome que busca ser mainstream, con todo y shavas innecesariamente shishonas y en calzones (lo único que me sacó de onda).

En fin, yo prefiero ver una película que a veces se desenfoca —pero lo resuelven de manera creativa— que una comedia romántica como miles donde sé todo lo que va a pasar —aunque se vea “bonito”—. Y no lo digo por el género, sino porque parece a veces que sólo eso llega a las grandes salas mexicanas.

Y si después quienes hicieron Zona invadida presentan algo con mayor presupuesto, o hay un remake, será maravilloso. Porque yo creo que las películas de poco presupuesto sí pueden popularizarse, incluso venderse como marca. Es lo bonito de la cultura: puede llegar a cualquier parte, sin importar de donde venga. No deberíamos esperar que se adapte a nosotros, sino nosotros adaptarnos a ella y aprender a consumirla.