Reseña: Desde allá y Los parecidos

Hoy recomendamos dos películas iberoamericanas, una mexicana y otra co producción México-Venezuela, ambas triunfadoras en festivales internacionales: Desde allá, de Lorenzo Vigas y Los parecidos, de Isaac Ezban

Desde allá y la soledad latinoamericana

Armando (Alfredo Castro) lleva a su departamento chavitos que encuentra en la calle. Les ofrece dinero. El trato: ellos se bajan la ropa interior para dejar al descubierto las nalgas; él se masturba viéndolos. No hay contacto físico. Su vida, fuera de esos episodios, es monótona.

Uno de esos chicos,  Elder (Luis Silva), golpea e insulta a Armando — ¡Viejo marico!—, lo deja inconsciente y se va con el dinero. Tras ese encuentro, ambos comienzan a pasar tiempo juntos, forjando una amistad extraña, marcada por el contexto que comparten.

Ganadora del León de Oro en el Venecia 2015, y presente en decenas de festivales (incluida la Muestra de la Cineteca), Desde allá (2016), opera prima de Lorenzo Vigas, retrata las calles de Caracas y a su gente, y al mismo tiempo plasma la realidad de muchas ciudades latinoamericanas. Los productores Rodolfo Cova, Guillermo Arriaga y Michel Franco —el primero, venezolano, y los otros dos, mexicanos— unieron talentos en un “esfuerzo de integración cultural”, como lo llamaron, que “se gestó en México y se pensó en Venezuela”.

La película toca temas como el poder, la diferencia de clases y la búsqueda del padre —real y metafórico—. E incluso hay guiños sobre representación homosexual [ojo: “Tildar a una película de ‘gay’ también es una forma de discriminar”, dijo Vigas en la presentación, cuando le preguntaron el porqué de hacer una ‘película gay’]. Mas, ante todo, habla sobre la soledad que vivimos en esta época y cómo cada quién lidia con ella de forma diferente, buscándose en los demás e intentando ignorar los sueños y deseos reprimidos.

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Esta soledad está presente en cómo graban Vigas y Sergio Armstrong, el director de fotografía, a Armando. En encuadres amplísimos o cerrados, quien resalta siempre es él; lo demás está siempre fuera de foco, ajeno. Eso sí: el cuidado que tienen con la narración la aleja de las películas cuasiestáticas-“contemplativas” —como todos aman llamarlas— a las que estamos acostumbrados.

Desde allá resulta un thriller efectivo que con una puesta en escena cotidiana nos mantiene atentos a todo lo que ocurre en la pantalla. Y nos deja reflexionando, llenando espacios que Vigas deja abiertos para que la interpretemos como queramos.

Los parecidos o la reapropiación a-la-mexicana

Una fecha importante para la nación. Ocho desconocidos. Una madrugada lluviosa en una central de autobuses. Un narrador omnisciente, quien nos engaña guía desde el incio. El segundo largometraje de Isaac Ezban (El incidente, 2015) es un homenaje expreso a series como La dimensión desconocida y Alfred Hitchcock Presenta, y a películas como La cosa de otro mundo (1982), de John Carpenter, entre otras.

Los parecidos es divertida, asquerosita, confusa y nos provoca esos escalofríos que son bonitos de sentir de vez en cuando. Mucho se ha resaltado, desde su recorrido por festivales de Bélgica e Inglaterra hasta el Fantastic Fest y Sitges, lo singular que resulta para ser mexicana, sobre todo por la estética que busca recrear. Y aunque la “crítica especializada” y los fans de la ciencia ficción alrededor del mundo parecen entender lo que Ezban buscaba, hay muchos que no.

En la página oficial de Facebook de la cinta distribuida por Mórbido Films, leí los comentarios del tráiler —siempre es interesante ver qué comenta la gente—. Muchos expresan su emoción por verla, pero hay quienes se burlan y critican —sólo con base en el avance— las actuaciones, los diálogos y los filtros —evidentemente agregados en postproducción— que se utilizan, comparando incluso con “La Rosa de Guadalupe”. Quizá porque no son el público objetivo. Pero qué triste, ¿no?

Para mí, los diálogos, actuaciones y los filtros exageradísimos sólo demuestran el amor de Ezban por el cine. Al verla, recordé los “10 minutos de escuela de cine” que hizo Robert Rodríguez para Grindhouse: Planeta terror, donde explica cómo logró y el porqué del aspecto “descuidado” de su película. (Y después la distribuidora Red Elephant sacó el making-of de Los parecidos).

A lo que voy es que, si se hiciera en otros países, sería alabado. Pero, como siempre, si es mexicano lo juzgamos antes de verlo. El problema de que el cine nacional no tenga una industria fuerte como en otros países no sólo viene de la distribución-prioridad a lo hollywoodense, sino también del público mismo. No sabemos ver películas; pedimos cosas diferentes y cuando algo novedoso por fin llega, le encontramos cualquier defecto estúpido para desacreditarlo.

Son justo los “defectos” los que hacen que Los parecidos sea tan entretenida. A respetados carmenbeatoactores como Gustavo Sánchez Parra o Carmen Beato —la chingonsísima mamá de Somos lo que hay—, que siempre vemos en papeles “serios”,  mesurados o “dramáticos”, aquí los vemos gritar, perder el control y entrar en un timing que imita los productos audiovisuales de los sesenta y setenta. (Ah, y no hay que perder de vista a Santiago Torres [Por mis bigotes], plis).

Sin duda, las virtudes de la cinta vienen de lo “tarantinesco” de Ezban, con quien, de hecho, se identifica: ambos son directores que crecieron amando las películas y lo que éstas representan, y que construyen guiones originales a partir de varias referencias.

Eso no es copiar: es reapropiarse de varios productos culturales para convertirlo en uno nuevo, visto desde otro contexto. Todos lo hacemos, de alguna manera y es una forma maravillosa de poder hacer conexiones entre varias películas-objetos, a la que quizá no estamos tan acostumbrados a ver en México (¿o sí, Manolo Caro-Almodóvar?). Mejor eso que chutarse (malos) remakes sin imaginación ( je, sí, hablo de la Higareda).

Tráiler de Los parecidos:

Tráiler de Desde allá: