Noche Sabinera en el Lunario

Un concierto diferente: así lo definiría. Es peculiar escuchar los éxitos y canciones indispensables del repertorio que Joaquín Sabina nos ha entregado a lo largo de su prolífera carrera, pero sin él. Ésa es la apuesta y el concepto sobre el cual giran las Noches Sabineras, donde en esta ocasión Mara Barros, Pancho Varona y Antonio García de Diego deleitaron a un fiel público por poco más de dos horas en el Lunario del Auditorio Nacional.

Un concierto íntimo. Pese al horario donde la CDMX se vuelve un caos para transportarse desde cualquier punto, la gente acudió puntual a la cita. 9 de la noche y la velada arrancó sin más. Un escenario próximo al público; un público limitado por pequeñas mesas destinadas a guardar las botellas y vasos que poco a poco iban circulando por el lugar; un público entregado desde el primer acorde.

“Concierto para homenajear a México”, así lo dijo Pancho Varona, quien interpretó todas esas canciones que Joaquín y compañía han compuesto pensando en este inmenso y versátil país. El tequila no faltaba, deslumbraba quieto y acomodado cuidadosamente encima de uno de los amplificadores. Uno tras otro, para Antonio García de Diego igual; para Mara Barros un poco de agua, refresco y el néctar mexicano, por qué no.

Ejecuciones con gran sentimiento, precisión. “Se escucha como el disco” comentaban mesas a lado de la mía, y sí, pero diferente, sin la voz rasposa y gastada por tanto cigarro a la que estamos acostumbrados, sustituida por una nítida y acongojada voz de Varona, que se turnaba con una melodiosa y potente voz femenina a cargo de Barros que derretía a los asistentes, tanto por su interpretación como por su belleza.

“Y sin embargo”, “Con la frente marchita”, “Mentiras piadosas”, “Pastillas para no soñar” “Yo quiero ser una chica Almodóvar” y más sonaron a lo largo de la noche, de la que poco a poco fue apoderándose una melancolía y furor por parte del público. Éxito tras éxito los asistentes corearon con gran devoción. Las Noches Sabineras se dividen en dos: primero estos grandes músicos interpretan las emblemáticas canciones; después el público tiene la oportunidad de cantar junto a ellos una de esas canciones. Gran oportunidad.

Cuatro canciones fueron las elegidas, para seis afortunados, que tras un sorteo antes del concierto fueron seleccionados y aventados al ruedo. Gran responsabilidad encima de sus hombros: “19 días y 500 noches”, “El Rocanrol de los idiotas”, “Por el bulevar de los sueños rotos” y  “Caballo de cartón”. Encomienda bien librada. Un premio: un bombín firmado por el ensamble. Afortunado cantante de “El Rocanrol de los idiotas”.

Al final más éxitos y buenos recuerdos que se fijaron con una foto al público, unos tragos más de tequila, canciones faltantes que fueron tocadas y las que se quedaron en el tintero. Un concierto diferente que no dejó nada a desear para propios y extraños que esperan pacientemente otra noche sabinera, pero ahora con Joaquín Sabina.

CEO en Afónica Magazine l Periodista musical l Productor Audiovisual

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