Screamadelica. 25 años del grito psicodélico.

Primal Scream marcó una nueva tendencia con Screamadelica, donde combinó lo mejor del rock psicodélico con el espíritu de la entonces naciente cultura rave.

Primal Scream

Screamadelica

Creation; 1991

We wanna be free, we wanna be free to do what we wanna do

And we wanna get loaded and we wanna have a good time

That’s what we’re gonna do

We’re gonna have a good time, we’re gonna have a party

Con esas palabras que celebran el hedonismo y la diversión comienza “Loaded”, lanzada por Primal Scream en febrero de 1990. Curiosamente, no son cantadas por Bobby Gillespie, el vocalista: son parte de un diálogo recitado por Peter Fonda en la película The Wild Angels (1966). Luego vienen un poderoso riff de trompeta y un groove funky que se extienden por más de 7 minutos. “I don’t want to lose your love”, canta un repetidamente coro de gospel, también sampleado.

“Loaded” fue un éxito poco común en aquel tiempo, considerando que Primal Scream no era muy diferente de cualquier banda de aquel momento. Habían llamado la atención como parte de la explosión indie de mediados de los 80, pero su segundo álbum había sido odiado por prácticamente todos los críticos del Reino Unido. Lo retro cedía ante los anhelos futuristas de la cultura rave, que vivía su época dorada.

La banda no dudó en adentrarse en aquel mundo lleno de éxtasis y baile desenfrenado. Una de esas noches conocieron a Andrew Weatherall, DJ que había escrito, sorpresivamente, una buena reseña de su álbum homónimo. “Creo que yo era literalmente la única persona en el mundo a la que le había gustado”, escribió hace unos años para NME. El guitarrista de Primal, Andrew Innes le propuso a Weatherall que hiciera un remix de alguna de sus canciones, y la elegida fue “I’m Losing More Than I’ll Ever Have”.

Weatherall tenía experiencia controlando los clubes más populares de Londres con su tornamesa, pero no tanto en el estudio. Después de un primer intento no tan satisfactorio en el que trató de respetar la canción original, Innes le dijo que, literalmente, la destruyera. Así nació “Loaded”, después de que la voz de Gillespie fue prácticamente removida y la segunda mitad de la canción ahora ocupaba su totalidad.

Los Primal Scream adoraron aquel groove, que encajaba perfectamente con el sonido y ambiente fraternales de la subcultura rave. Los fans indie de Primal Scream simplemente no querían escucharlo, pero en clubes y fiestas fue tremendamente apreciado. Fueron las primeras señales de vida de Screamadelica, que tardó los siguientes 18 meses en gestarse.

Después de “Loaded” nada fue igual. Los críticos la amaron, pero se preguntaban si aquello era Primal Scream, más allá del nombre. Ahora eran una nueva banda, con un nuevo sonido y una nueva audiencia. Además de Weatherall, se rodearon de otros productores, como The Orb, los pioneros del ambient house. Y después de varios meses de trabajo, Screamadelica apareció el 23 de septiembre de 1991.

Lo genial de este álbum era que hablaba un lenguaje musical nuevo. Conocidos como una banda de rock con guitarras, bajo y batería, el arma secreta de Primal Scream ahora era un sampler. Según el guitarrista Innes: “Esta pieza de equipo causó la explosión en nuestra música. ¡De repente no estábamos limitados! Teníamos flautas, tablas indias…”. El enfoque de la música para ser tocada en vivo se combinó con el de la música procesada en el estudio.

Primal Scream combinó la psicodelia y la fuerza del rock de los 60 y 70 con las texturas, la elasticidad y la celebración de la música house. El encuentro de estas dos aproximaciones es lo que le da a Screamadelica su identidad, perfectamente equilibrado entre la arrogancia del rock y la necesidad de trascendencia de la electrónica. La banda captó el momento que vivían de una forma que nadie más pudo y desafió los límites de lo que una banda podía ser en la era remix.

Visto de otra forma, Screamadelica también es un experimento de creación comunal, donde el ego característico del rock se adentró en el espíritu comunal del rave. Esto se siente en tracks como “Loaded” y “Come Together” (ambos remixes), en los que el papel como cantante principal de Bobby Gillespie es casi nulo y cede el protagonismo a distintos samples de coros góspel y diálogos de películas y discursos (con algunas de las mejores líneas del disco). Estos dos tracks, que juntos se extienden por 18 minutos a la mitad del álbum, son el núcleo espiritual de Screamadelica.

Esta idea de creación donde el autor es borroso se extiende a lo largo de los demás temas. “Slip Inside This House” es un cover de los 13th Floor Elevators, cantado por el guitarrista Robert Young. “Don’t Fight It, Feel It” es cantada por Denise Johnson. Distintas progresiones de acordes son tomadas de temas de The Aggrovators y los Rolling Stones. Frases de las letras son tomadas de canciones de Can y éxitos de la Motown. Y ni hablar de los samples de Sly Stone y Brian Eno.

Pero Bobby Gillespie también tiene sus buenos momentos de protagonismo. En “Higher Than The Sun” canta como un viajero astral post-rave entre el ritmo dub y el paisaje sonoro que viaja entre el techno y el ambient. Su sensibilidad rockera (siempre influenciadísima por los Stones) también tiene sus buenos momentos, como en “Movin’ On Up”, tema que abre el disco de forma majestuosa. O en “Damaged”, canción que por separado podría parecer la más débil del álbum, pero dentro funciona de forma convincente gracias a Gillespie.

Screamadelica fue varias cosas a la vez. Los títulos de sus canciones (y, obvio, su sonido) son como una declaración del espíritu rave de entonces: “Come Together”, “Shine Like Stars”, “Don’t Fight It, Feel It”. También fue un llamado para que el rock dejara de temer al futuro. Fue un desafío y una reinvención de la banda de rock como estética. Fue una demostración de lo que el indie era capaz. Un acto de valentía, con un poco de suerte derivada de la ignorancia al adentrarse en campos nuevos. Y es, claro, un gran álbum para la fiesta.

Después de abrir las puertas a esos nuevos y desconocidos sonidos, Primal Scream decidió, al menos por un tiempo, que preferían ser una banda de rock convencional. Viajaron a Memphis y grabaron Give Out But Don’t Give Up, su disco más rollingstonesco, que rechazaba cualquier parecido con su trabajo anterior. Pero el legado de Screamadelica fue haber combinado el pasado, presente y futuro, y hoy, 25 años después, sigue siendo un descubrimiento vital.