Nerve: la Internet no es el problema

“60 likes y le rompo un huevo en la cabeza a mi hermana”, “150 compartidos y liberamos la siguiente dinámica”,  “Por cada like hago una sentadilla y por cada comentario una lagartija”, “Like y te publico”. ¿Qué pasaría si más allá de un momento gracioso, tuviéramos la posibilidad de ganar dinero y fama con desafíos cada vez más peligrosos y emocionantes? Eso es Un juego sin reglas: Nerve (2016).

Basada en la novela homónima de Jeanne Ryan,  la película se centra en Vee (Emma Roberts) una chica con grandes aspiraciones, aunque tímida y reprimida por su madre. Su sueño es salir de Staten Island e ir a una costosa universidad de artes al otro lado del país. Tras ser humillada por una amiga frente al chico que le gusta, Vee decide demostrar que no teme al mundo y que puede hacer locuras de vez en cuando. Así es como llega a Nerve, un juego en Internet sostenido por el dinero, la discreción y su gran red de usuarios.

¿Observador o Jugador? Así comienza el juego. Si uno decide mirar y proponer desafíos, necesita pagar una cantidad al día. Por el contrario, si eres jugador, exploran todas tus cuentas de Internet: Facebook, Twitter, Instagram, Goodreads, cuentas de banco, historial académico. Toda tu información queda a disposición de personas desconocidas que constantemente te pondrán desafíos por una cantidad de efectivo. Si quieres ganar dinero, el juego no puede parar. Necesitas atraer la atención del mayor número de observadores que puedas para ir calificando a la final. El que gana se lleva todo.

Los desafíos son sencillos al inicio, pero su intensidad aumenta cada vez que la atención crece sobre ti. Durante su intrépido acercamiento a Nerve, Vee conoce a Ian (Dave Franco) y no sólo le termina gustando, sino que también a los observadores, quienes ahora les lanzarán desafíos que ambos tendrán que completar juntos. Aunque todo puede parecer maravilloso, el juego es muy oscuro, sus reglas no permiten hablar de él y quienes lo denuncian se ven atrapados en su “sistema”.

La película continúa con la línea de la novela, dirigida al público juvenil. Aunque puede gustar a cualquier espectador, se percibe como uno de esos éxitos puramente millenials;  su universo se centra en esa generación H&M- Forever 21-Drake- Taylor Swift-Starbucks- Pet Friendly.

No suena nada extraño que los creadores de Catfish (2010) y Catfish: The TV Show (2012), Henry Joost y Ariel Schulman, realizaran el proyecto. Desde el inicio, la Internet se vuelve un elemento principal. No sólo las decisiones que tomamos en ella, sino incluso el “Gran Hermano” que representa: en la era en la que todas las grandes ciudades se inundan de teléfonos inteligentes, las cámaras y micrófonos se encuentran en cada rincón.

Más allá de una mirada pesimista sobre la tecnología, Nerve nos lleva a voltear a vernos como usuarios. Internet es una invención humana, llena de los contenidos que nosotros vertimos en ella, y pese a quien le pese, si la red llega a parecernos un asco, eso no ha sido de la nada. Al final, el verdadero problema de la red es la sensación participar en lo que sucede, sin inmiscuirnos en ello, siendo totalmente anónimos.

De una forma muy ligera, la película también aborda la deepweb, aquel lugar oscuro de Internet de la que muy pocas personas conocen en realidad, mientras que los demás sabemos de su existencia gracias a reportajes o notas muy al estilo de portales como Vice.

Un juego sin reglas: Nerve vale mucho la pena. Desde su fotografía hasta su temática, mantiene un gran mensaje que engloba momentos muy graciosos y situaciones de gran estrés emocional, haciendo gala de su etiqueta como “thriller tecnológico”. Aunque el verdadero terror no se encuentra precisamente en la tecnología.

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