Alan McGee y los excesos de un oído perfecto

¿De dónde vendría la siguiente revolución musical? Al parecer, Alan McGee sabía perfectamente de dónde.

Alan McGee

Hace tiempo vi una película a la cual en español titularon “Las curvas de la vida”. Era protagonizada por Clint Eastwood y Justin Timberlake. Eastwood, lejos de sus papeles de antihéroe, interpreta el papel de un cazatalentos para los bravos de Atlanta, el cual poco a poco va perdiendo la vista, y, alejado de las nuevas tecnologías, debe seguir con su radar para encontrar buenos prospectos capaces de jugar en las grandes ligas. La pérdida de la vista podría parecer todo un factor en contra a la hora de visitar a los nuevos talentos, sin embargo, el veterano y experto tiene otro sentido, el cual potencializa su capacidad.

Y es que a la hora de ir tras un bateador que todo saca del diamante, se da cuenta de que no es tan buena opción para los Bravos de Atlanta, pues al escuchar cómo realiza su swing, se da cuenta de que sólo es capaz de batear rectas, más no curvas. Al final, queda demostrada su teoría, y todo gracias a su oído. ¿Por qué cuento esto? Porque es una forma de ilustrar el oído que posee Alan McGee.

Alan McGee es uno de los visionarios más importantes para la música de nuestros tiempos, tal vez pilar de todo un movimiento musical gestado en Gran Bretaña junto a su sello discográfico Creation Records. Desde luego, toda historia tiene su principio. Alan McGee nació en 1960 en Escocia, y a los 16 años abandonó todo por ir detrás de su gran pasión, la música, creando una banda llamada The Drains junto a su mejor amigo de aquel entonces Andrew Innes, quien más tarde sería el guitarrista de la épica banda Primal Scream. Después de su corta intervención en la música, y ya mudado a Londres junto con Innes, comenzó su trabajo detrás de los escenarios, patrocinando varias tocadas de bandas desconocidas hasta entonces. El pequeño nicho en donde las bandas principiantes pagadas por McGee se presentaban era el Communication Club, situado Gloucester Avenue.

Eran los principios de los años ochenta. En Londres, la ola del post-punk había inundado la ciudad y los suburbios, donde todos se preguntaban cuál sería el siguiente paso de la música británica después de Bowie, Iggy Pop y Joy Division. ¿De dónde vendría la siguiente revolución musical? Al parecer, Alan McGee sabía perfectamente de dónde.

Para 1985, el sello liderado por Alan logra dar un batazo de grandes ligas firmando el primer demo de la banda The Jesus and Mary Chain, quienes después de obtener gran éxito firman por tres álbumes posteriores; todo parecía despegar por fin de sus escritorios y pequeños locales. El primer gran golpe: Creation Records logra vender a The Jesus and Mary Chain a Warner.

Las bandas bajo el sello de Creation Records cada vez sonaban más fuerte y más alto. McGee tenía fórmulas que comenzaban a resultar en éxitos compartidos, y con ello las largas noches de música y drogas llegaban a la pequeña oficina montada arriba del departamento que compartían junto con Dick Green y Joe Foster. Y así rodeado de excesos, fama, poder, contactos y deudas, Creation Records se convertía en el sello indie más importante de la década.

Toda la década de los ochenta, bandas como The House of Love o My Bloody Valentine desfilan bajo el sello. El dinero se va como llega, todo el tiempo invirtiendo, gastándolo en drogas o firmando bandas. Durante los años siguientes, cerca de terminar la década, el sello pinta un lío total a sus adentros. Sin embargo, el año de 1988, Creation Records lanzaba un vinil recopilando a sus mejores bandas. Dicho vinil contiene canciones de bandas como The House Of Love, The Weather Prophets, Primal Scream, The Time, entre otros. Sin embargo, el caso continuaba y no había forma de que la bola de nieve parara, mucho menos de que se visualizara una mejora.

Para 1992, un suceso marca el rumbo del sello, pues es comprado por Sony Music, perdiendo el derecho a decidir por sí mismos el rumbo de la disquera. La autonomía se tambaleaba y todo lo construido durante los ochenta parecía ser parte de un pasado que pronto quedaría sepultado por el monstruo que significaba Sony.

Toda historia, así como tiene un principio, también tiene su magia, y es que una noche de 1993 en pequeño pub, dos tipos de pinta similar en el escenario no tardaron en llenarle el oído a McGee para firmarlos de inmediato. La banda que posteriormente saltara a la fama mundial y en muchos casos considerada como una de las mejores bandas de la historia del rock: Oasis. Los hermanos Gallagher eran pieza angular de lo que sería la historia del sello, pues con su convencional arrogancia lograron demostrar una y otra vez porque McGee los había firmado y sobre todo dejaban en claro el oído tan fino del escoces. Para ese entonces, Oasis y Primal Scream eran las cartas fuertes del sello. El primer álbum de Oasis alcanzó los primeros lugares de venta y en poco tiempo la pareja de inestables hermanos llenaba no sólo pubs locales, sino comenzaban a ser toda una sensación en estadios repletos.

Pero todo lo que sube baja, o eso dice la ley de Newton. En 1999, un año antes del apocalíptico 2000, Creation Records cerraría las puertas, dejando un legado de casi 20 años, donde, en palabras del mismo Alan, las mejores bandas del Reino Unido habían sido firmadas por el sello. Todo indicaba que la vida llena de excesos era lo que en realidad terminaba por cerrar las puertas de la disquera. El nombre del documental que retrata la historia del sello no pudo ser mejor: Upside Down, en el que se enmarca la gran pasión por la música, por la desfachatez, los excesos y modo de vida que cualquier joven quisiera vivir. Sin embargo, todo fue más allá de eso, pues muchos creen que sin Alan McGee y su secuaces, no hubiésemos conocido lo que hoy llamamos britpop, y mucho menos el regocijo de bandas tan fundamentales hoy en día.

Sin duda, hay que incluir la historia de McGee y la disquera como un pilar en la historia de la música indie, donde miles de bandas posteriores encontraron no sólo un sonido, sino la inspiración de cómo querer ser escuchados y, aún más, de cómo querer ser recordados.