Taxi Teherán: Jafar Panahi y cómo contar la realidad

Teherán, primero de marzo de 2010: un hombre es detenido junto con su esposa, hija y quince amigos más. La sentencia: seis años en prisión; veinte años sin hacer películas (ni dirigirlas, ni escribir guiones); no conceder entrevistas a medios iraníes ni extranjeros; no salir del país salvo razón médica. La razón: el contenido de sus películas.  Jafar Panahi (11 de julio de 1960) tiene como tema Irán, específicamente Teherán, su ciudad de residencia, eso ha quedado claro en sus últimas películas ―Taxi Teherán (2015) y This Is Not a Film (2011) ―.

El amorío con el cine empezó a sus nueve años, cuando iba a escondidas al cine para luego representar a sus hermanas en casa los diálogos de las películas que veía. Su padre lo descubrió y se lo prohibió. “’Ver estas películas no te hace bien’, me dijo mi padre. Pero quise ver lo que no me haría bien”, comentó en 2008 a un periodista de Reino Unido.

Taxi Teherán

Panahi consigue hacer magia en ochenta y dos minutos: el Irán que uno concibe antes de esta película-documental se desbarata. En vez, la capital de la República de Irán se asemeja bastante, por ejemplo, a la Ciudad de México: semáforos, señalamientos, taxis como medio de transporte y personajes; sí, sus habitantes, son los mismos que en la CDMX.

La película ganadora del Oso de Oro (Berlín) en 2015 muestra a los pasajeros de un taxi y las conversaciones entre ellos o con el conductor, quien es representado por el director como él mismo. Panahi consigue un retrato social fidedigno al grabar desde varias cámaras en el interior del vehículo la interacción cotidiana entre los capitalinos iraníes. Crea y propicia circunstancias aparentemente naturales al transitar por las calles, subir pasajeros y llevarlos (o no) al destino solicitado.

¿Cómo es el retrato de esta ciudad mostrado —por momentos claramente construido– por el director? El primer pasajero es un asaltante con código moral (tal vez así como la mayoría de asaltantes en cualquier otra urbe) que justifica y define su quehacer como uno “freelance”; supone el bien que resultaría a la comunidad en que vive si “ahorcara a uno o dos” corruptos del poder. Éste discute con una maestra, quien arroja un poco de sabiduría: “Las personas defienden sus ideas por convicción o conveniencia”; también menciona que Irán tiene el record de ejecuciones al año luego de China. Enseguida sube Omid, el tercer pasajero, simpático chimuelo dedicado a la piratería de películas. (¿Dejo claro ya cuán similar resulta esta capital y la nuestra?)

Algunos elementos para una historia:

Al tener todo y nada de azaroso, Taxi Teherán usa a sus personajes (todos y cada uno de los pasajeros, así como al director mismo) para proponer ciertos consejos:

Cuando uno de los clientes de Omid entra en pantalla, este reconoce a Jafar como director y llanamente le pregunta cómo hacer una película, a lo que Panahi responde que lo primero es encontrar tu tema: “Este no llegará solo, debes buscarlo”. También hace aparición estelar la sobrina del director; ella comentará sobre el cortometraje pedido en la escuela: “Debe ser transimisible, o sea, me piden mostrar la realidad pero no lo real-real”. Así la situación en Irán. Quizá resulte obvio el que Panahi se valga de la voz de su sobrina para decir lo que quiere sin rodeos; aun así es efectivo.

La última pasajera advierte al director que si muestra lo que ella dice podrá ser acusado de realismo sórdido: es que menciona la prisión de Vanak, a un hombre en huelga de hambre por diez días y su suspensión de la Asociación de Abogados por su postura social y política… esta es una de las realidades que el gobierno no quiere exponer y que a Panahi le toma unos minutos develar.

En el primer fragmento de la única entrevista encontrada en Youtube, Panahi narra cómo llegó a él la premisa de Offside (2006): seis años atrás, su hija quería ver un partido de futbol en el estadio, actividad prohibida para las mujeres en Irán. Él casi rogó para que le fuera permitido acceder, pero las autoridades no cedieron. Panahi, decepcionado y molesto, entró para reencontrarse unos minutos con la niña en el interior. “¡Los convenciste! ¿Cómo le hiciste?” “Siempre hay una manera”, respondió ella. El director iraní se ha encargado de comprobarlo.

Las historias están en todos lados pues cada persona tiene al menos una. Jafar Panahi, sobre todo en esta, su última película, nos brinda algunos ejemplos.

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