Paris is Burning

En Afónica recomendamos, a través de sus slangs, "Paris is Burning", documental que sigue a las drag queens Venus Xtravaganza, Pepper LaBejia, Dorian Corey, entre otras, y retrata la (entonces) subcultura del voguing y la "ball scene"

Jennie Livingston lo sabe: no basta mezclar una intoxicante dosis de maquillaje y mastique con unas pelucas de nervios estilo Luis XV, y siempre será insuficiente la cantidad de rímel corrido, consecuencia del drama circundante a un grupo de entaconadas para lograr un documental exitoso y trascendental.

Paris is Burning (1990) —además de tener casi mi edad y, a diferencia mía, logra mantenerse vigente en pleno 2016— resume de una manera limpia, organizada y concreta la Ball Scene de finales de la década de los 80 en Nueva York.

Sin embargo, no queda en un simple “80’s Ball Scene for Dummies para la jotita ingenua”.

¿Por qué? ¿Qué no es bastante común ver a innumerables y talentosas (JA-JA-JA) “vestidas” llevar a cabo algún performance? ¿Qué más nos quiere contar de un medio tan profundamente “superficial”? ¿Cómo se estructura esta ball scene? ¡Es más sencillo y de insiders ver algún episodio de RuPaul’s Drag Race, con mucho más dragma! Shantay … you stay!

House

 “UNA ‘CASA’ ES UNA PANDILLa CALLEJERA GAY. LAS PANDILLAS DE LA CALLE OBTIENEN RECOMPENSAS DE LAS PELEAS. UNA ‘CASA’ GAY ‘PELEA’ EN UN BAILE […]

LAS ‘CASAS’ COMENZARON PORQUE QUERÍAMOS UN NOMBRE”

Unión y resiliencia: imprescindibles para la entonces subcultura del balling. Muchos de sus integrantes, provenientes de un nivel socioeconómico bajo, viven el sueño —al menos por una noche— de transformarse en aquella persona que siempre han añorado, con ambiciones de superación, sed de triunfo, y la oportunidad de saciarla con un trofeo al finalizar el encuentro, así como el reconocimiento de los demás. Al mismo tiempo obtienen un sentido de pertenencia y lealtad hacia su respectiva casa.

Un modo voguero para explicar este sistema de “casas” sería: Diana Vreeland (la “madre”), editora de la revista Vogue (la “casa”) es alguien que durante su formación logró forjar un gusto refinado y un estilo propio. Pero necesitó formar un equipo (los “hijos”) que estuviera dispuestos a aprender.

Una vez logrado el dream team, o la preparación adecuada de algún integrante, compiten contra otras revistas (las demás “casas”) en las distintas categorías del balling, que son lo suficientemente diversas e incluyentes para que, sin importar que seas un chacalón de nervios o el sueño de Oscar Mayer (sí, un jamón, pero eso sí: de nervios), puedas demostrar a los jueces y al público asistente todo lo que has aprendido en casa triunfando.

El jurado emite su calificación con alguna de las siguientes tarjetas: menor a 8 (mana, ¡regresa a casa y comienza de nuevo!), 9 (muy buen trabajo), 10 (¡excelente!, pero puede ser mejorado) y OVAH! (OVAAAAHH!).

Otros ejemplos: mi Coco y Karl Lagerfeld con Chanel , Miranda Priestly en Runway con Andrea y Emily, RuPaul en RuPaul’s Drag Race con su prolífica lista de participantes o los Versace. Algunos de los anteriores ejemplos conforman un sistema: una familia, en la cual no precisas de algún vínculo biológico para formar y sentirte un integrante de la misma, ya que además de apoyarte, enseñarte y formarte te ayuda a canalizar de una manera creativa toda tu energía.

Reading and Shade

 “Hay gente que dice caca y huele. ¡Y hay gente que dice caca y te ríes!” – Héctor Suárez.

No hay mejor manera de explicar el significado de Reading: es la forma real del arte de insultar. Al mismo tiempo da lugar al Shade, explicado por la misma Miss Dorian Corey:

“No te digo que eres fea, pero no tengo que hacerlo porque tú sabes que eres fea”.

En otras palabras: ser shady es la efervescencia de lo hojaldra, mala onda. Pero no se trata de  lanzar mierda hacia todos y todo. Para ello debes tener la suficiente confianza, perspicacia, astucia y estilo propio para poder tirar shade a alguien. No todos pueden, pero muchos (o todos) quisieran ser capaces de ejecutarlo. ¿Y en dónde crees poder tener una formación así de canina?  ¡Obvi, desde casa!

 Voguing

Una de las más notables influencias de este grupo de drag queens outsiders a los eventualmente insiders entaconados de la actualidad es la máxima y flamboyante expresión del shade: el voguing, un baile que dos personas llevan a cabo porque la presencia (o existencia) de uno no le es placentera al otro y viceversa.

En vez de pelear y aventar tacones de aguja, preferían arreglar sus diferencias en la pista de baile. Las reglas, claras: no hay contacto físico y quien realizara los mejores movimientos simétricos que hacen referencias a jeroglíficos egipcios y rutinas gimnásticas resultaba el ganador.

( ¡Padresantísimobendito! ¿Cómo que mi Madonna no es la mente detrás del voguing? [¡JA!]).

 Mopping

 “’Mopping’ significa ‘robar’”

Livingston, en aquellos días de enormes brechas racistas (¡momento! ¿aquellos días?), buscó desesperadamente contactos o algún modo para entrar al mundo del balling. Lo logró y convenció a varios participantes de Paris is Burning de permitirle llevar a cabo su trabajo. Ellos, encantados. La profecía de Warhol se cumpliría: tendrían sus 15 minutos de fama.

La grabación transcurrió de un modo di-vi-no, borrando las barreras étnicas. La media se jaló justo después del estreno, cuando comenzaron las especulaciones acerca del enriquecimiento de Livingston gracias al documental, y el diluvio de demandas vino. Los demandantes argumentaron que parte de ese dinero debía ser repartido: ya que las ganancias fueron gracias al maquillaje, pelucas, horas de trabajo en la máquina de coser y el trabajo intelectual de los participantes.

Al final, retiraron las demandas. No contaban con los suficientes elementos legales para sostenerlas y, sobre todo, por la espectacular ausencia de los supuestos recursos económicos en las bolsas de la directora.

GOT TO BE REAL : Realness

 “… pero eres negro y hombre y gay. vas a pasarla mal”

El hecho que un grupo de white boys llevara a cabo las grabaciones de eventos tan selectos, under, propios de la comunidad LGBTTTTTTTI —que en aquel momento no serían significantes para ninguna casa productora— tiene un buen resultado: aprovechan absolutamente todos los recursos que se les pudieran presentar. La puesta en escena es sencilla, clara y plasma sin [más] maquillaje la realidad de los balls. En algunas escenas se siente la necesidad de aprovechar cada detalle que ocurre; incluso lo que hay en segundo plano es importante. ¡Y qué decir de la música! No debería existir un ball sin buena música; mucho menos un documental sin la apropiada.

Paris is burning nos muestra un Nueva York vespertino-nocturno, fuera de las locaciones típicas y esperables para algo grabado en “la gran ciudad” que, en efecto, jamás duerme. Y mucho menos duermen sus habitantes más jóvenes, como el par de (entonces) pubertos con una certera visión de lo ocurrido en la escena gay del momento.

Uno de los más tristes motivos de su vigencia es porque Livingston se enfoca en las drag queens afroamericanas, latinas y los transexuales de la Ball Scene; un sector fuertemente discriminado dentro de una comunidad igualmente segregada por el resto de la sociedad.

También están presentes las penumbras del “Big Disease with the Little Name” (VIH), crímenes sin resolver, asesinatos violentos en contra de una de sus integrantes transexuales, y sí: seguimos hablando de 1987, no de 2016. Situaciones espeluznantes que siguen reinando (#BlackLivesMatter). Paradójico y sorprendente hasta para la mismísima Joan Rivers, quien quedó anonadada al conocer esta situación de racismo y odio cuando entrevistó al elenco y la directora del documental.

“así que ésta es la ciudad de nueva york, y de esto se trata la vida gay, ¿verdad?”

Cómo Paris is burning hizo metamorfosis de algo completamente outsider a un must, es sencillo: influenció a muchos, algunos realizan malas copias, otros lo adaptan a la actualidad o se enfocan en solamente algún aspecto, como la moda. El porqué: es el ardor de la creatividad, el derroche de talento, son las cenizas de París.