La música del videojuego: una breve historia

Cuando alguien menciona la palabra música ¿en qué piensas? Probablemente en un concierto, en un reproductor portátil, un álbum o sencillamente recuerdas las notas de tu canción favorita. Sin embargo, es probable que más de una persona recuerde los cientos de horas que pasó jugando alguno de sus videojuegos favoritos, mientras la música de fondo ambientaba la partida de manera perfecta, quedando por siempre en su recuerdo.

Hacia finales de los años 70 del siglo pasado, cuando las primeras arcades, mejor conocidas
en nuestro país como “maquinitas”, comenzaron a convertirse en un negocio redondo, existieron escépticos que las veían como una moda pasajera de luces brillantes y sonido estridente sin mucho potencial. Sin embargo, para un joven japonés llamado Koji Kondo, el asistir a aquellos lugares significaba hacer un viaje sonoro por el tiempo: poder escuchar las primeras notas de la música del futuro.

Kondo, que acababa de salir de la universidad, era fan del rock y el jazz progresivo, afición que lo llevó a encauzarse hacia las nuevas posibilidades musicales que ofrecía la tecnología de aquel tiempo. Para cuando comenzó a trabajar en Nintendo en 1984, la tecnología había avanzado lo suficiente como para añadir composiciones sencillas a los videojuegos caseros.

Ya que los videojuegos se habían trasladado a las salas del hogar, Kondo decidió abordar el
tema del sonido como un elemento más de una experiencia que se complementa con la
imágen, la interacción y la narrativa. De manera similar a la banda sonora de una película o
una radionovela, la banda sonora del videojuego acentúa las emociones desatadas por la
experiencia de juego. Pero lo que destacó a Kondo de otros artistas involucrados en dicho
medio, fue que abordó a la música de los diferentes niveles en los juegos como una obra
integrada, de manera similar a los movimientos de una sinfonía o a las canciones de un álbum conceptual.

Las bandas sonoras de los juegos que musicalizó están compuestas no como una colección inconexa de arreglos musicales, sino como una obra entera, con un estilo particular, que complementa al estilo visual y a la jugabilidad del videojuego. Para quienes no se encuentren familiarizados con su trabajo, su colaboración con Nintendo puede resumirse básicamente en dos palabras: Mario y Zelda. Como principal responsable de la musicalización de ambas sagas, Kondo no solamente fue un pionero en el ámbito, sino que su trabajo se convirtió en el ejemplo epítome de lo que la música puede aportar al videojuego.

Pero tal vez el mejor ejemplo de la relevancia del trabajo de Kondo con Nintendo sea el hecho de que sus piezas musicales se han convertido en obras que el público desea escuchar de manera independiente al juego. Prueba de ello es la gira sinfónica que ya desde hace varios años ha dado la vuelta al mundo, tocando en vivo la música de la saga The Legend of Zelda.

Aunque las bandas sonoras de Kondo con Nintendo son probablemente las más conocidas y recordadas en la industria del videojuego, difícilmente son las únicas bandas sonoras que han sido consagradas como obras maestras. El nombre Nobuo Uematsu probablemente no te sea familiar, sin embargo, es muy probable que hayas escuchado su trabajo para la saga de Final Fantasy o juegos como Chrono Trigger y Super Smash Brothers Brawl, trabajos que también han sido interpretados de manea orquestal.

Al día de hoy podemos revisar toda una historia alternativa de la música popular moderna a
través de trabajos como los de Koji Kondo y Nobuo Uematsu, pues con el paso del tiempo las bandas sonoras de los videojuegos se convirtieron en un lugar propenso a la experimentación. Franquicias como Grand Theft Auto y Gran Turismo hicieron uso no solamente de composiciones originales, sino de éxitos del momento y algunos clásicos para ambientar las partidas. Por otro lado, series como Dance Dance Revolution, Guitar Hero o Rock Band, han hecho de la música y el baile elementos centrales de su jugabilidad.

En la actualidad, una serie importante de músicos se han involucrado de una u otra manera con el mundo de los videojuegos. Existen ejemplos como Legacy of the Beast, juego donde puedes controlar a Eddie , la mascota de la agrupación Iron Maiden , por supuesto, todo ambientado con la música de dicha banda. También existen otros ejemplos como el de Steve Aoki, que aparece como un personaje jugable en Speedy Ninja, o Deadmau5, quien lanzó una experiencia de realidad virtual en la que estrenó uno de sus tracks más recientes.

Vemos como entonces el círculo parece comenzar a cerrarse: una generación marcada por las bandas sonoras de videojuegos ahora utiliza las experiencias digitales para promover su
música, la escena musical alimenta a la escena del videojuego y ahora la escena del
videojuego ayuda a revitalizar la escena musical ¿Será ahora a través de los videojuegos que las nuevas generaciones conozcan a los grandes clásicos del pasado? ¿La realidad virtual se convertirá en la ambientación predominante para las experiencias sonoras? ¿La manera de encontrar tracks ocultos será encontrarlos como bonus de un videojuego? Ciertamente, los videojuegos y la música seguirán evolucionando juntos y solamente el tiempo nos dará la respuesta.

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