Buscando a Dory: una secuela inolvidable

Pixar siempre ha tenido una forma única de contar historias. No sólo por su técnica maestra en animación, sino que siempre uno puede esperar una lección moral, en la que un tema importante parece entretenido al mismo tiempo que nos hace voltear a ver de una forma muy humana los problemas y situaciones que nos pasan a lo largo de la vida.

En 2003 se estrenó Buscando a Nemo y, sin que nadie lo esperara, 13 años después llega su secuela.Sólo que ésta deja a un lado a los peces payaso y se centra en un personaje que nadie que haya visto la película, puede olvidar. Aunque ella sí lo olvide.

Buscando a Dory (Finding Dory, 2016) se enfoca en la amigable pez cirujano que Marlin (Albert Brooks) conoció en su aventura por recuperar a Nemo. En su primer encuentro, nos quedó claro que Dory tiene un problema de memoria; sin embargo, es en esta segunda entrega en la que en verdad conocemos su origen.

Un año después de que cruzaron el océano, tras una clase del Maestro Raya (Bob Peterson) sobre la migración, Dory (Ellen DeGeneres) se pregunta por su familia y decide ir a buscarla.  Esta decisión la lleva hasta un Instituto de la Vida Marina en California. Durante su viaje se presentan diferentes flashbacks que enseñan más sobre su origen y de cómo ha lidiado a lo largo de su vida con su problema de falta de memoria a corto plazo.

La película es muy emotiva y también mantiene momentos muy graciosos y
retoma varios temas actuales.
Mientras Dory nada entre algas desesperada por encontrar a su familia, se enreda entre anillos de plástico de un six pack de latas, intentando liberarse para terminar entre las manos de lo que parecen ser investigadores, quienes la ven y dicen: “Ya no hay respeto por la vida en el océano”. La enseñanza es clara: trata de hacer conciencia sobre la contaminación y las diferentes formas en la que afecta a los seres vivos.

“Rescatar, rehabilitar y liberar” es el lema del Instituto que constantemente se repite en el relato y que no sólo para los peces que lo habitan resulta ligeramente propagandístico. La película reitera sus palabras de forma recurrente y resulta en un mensaje hacia toda institución u organización dedicada a extraer animales de su hábitat natural: liberarlos.

Los nuevos personajes son divertidos e interesantes. No sólo apoyan a la narrativa, manteniendo cada quien un par de acciones importantes, sino que también llaman al público a interesarse por la vida marina. Hank el pulpo (Ed O’Neil, Jay en Modern Family), aunque mal humorado, hace que uno se cuestione si es mejor enfrentar la vida en el “océano” o permanecer en “cautiverio”. Por su parte, la beluga Bailey (Ty Burrell, Phil en Modern Family) y el tiburón ballena Destiny (Kaitlin Olson) son un mensaje continuo de cómo los animales no fueron diseñados para vivir entre muros.

Como dije antes, Pixar logra una mirada muy humana sobre los temas que retoma: lo que parece ser sólo la secuela de Buscando a Nemo, en realidad trata sobre cómo es la vida con una persona con discapacidad. No sólo habla de Dory intentado lograr sus objetivos, sino de cómo quiénes la rodean aceptan y adecuan sus vidas a su condición, demostrando que las posibilidades existen.

Si dudan entre ver la película en español o en inglés, ambos son satisfactorios: los doblajes de Disney siempre han sido muy buenos y en inglés tiene su propio encanto.

Buscando a Dory se trata de no olvidar a aquellas personas que requieren un poco más de nosotros, de no olvidar que el planeta sufre por nuestras acciones y, sobre todo, nos recuerda sobre lo grande y variado que es nuestros océanos y planeta, algo que vale la pena rescatar, rehabilitar y liberar.

 

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