The Avalanches: Wildflower

The Avalanches regresan con Wildflower después de 16 años y demuestran que sólo ellos pueden hacer música como la suya.

The Avalanches

Wildflower

Modular/Astralwerks/XL/EMI; 2016

En el año 2000, The Avalanches salieron prácticamente de la nada (bueno, de Australia) y asombraron al mundo con Since I Left You, disco debut construido con base en miles de samples que resultaban en una fiesta interminable. Retomando una técnica que se acercaba más al hip-hop, este equipo de DJs creó un nuevo tipo de música pop. Luego desaparecieron. El mundo esperó por 16 años la secuela de aquella obra maestra, si bien nunca hubo promesa alguna sobre ello.

Hoy, Wildflower, segundo álbum de The Avalanches, es toda una realidad. Una que no fue fácil de concretar. La producción del álbum tardó prácticamente los 16 años que han pasado desde al lanzamiento de su antecesor y transcurrió entre retrasos y paros, la enfermedad de Robbie Chater, problemas legales, la demanda a la disquera Modular y el abandono de Darren Seltmann, miembro fundador.

El segundo álbum de una banda a menudo se percibe como la prueba de fuego. Después de dar una buena impresión con su debut, muchas de ellas se desinflan en la segunda entrega, sin poder responder a las expectativas. Y ahí está la clave: expectativa. Durante 16 años, Since I Left You se convirtió poco a poco en un álbum de culto, y la falta de nuevo material sólo acrecentaba esa condición. Hoy The Avalanches entrega su “prueba de fuego”, pero lo cierto es que parece que no tienen absolutamente nada que demostrar.

La forma en que The Avalanches (entre otros) construye su música es también un desafío al tiempo y a la forma en que la percibimos. Escuchar Wildflower nos hace pensar de dónde vienen los miles de sonidos que lo conforman, de qué época provienen y cómo suenan actuales el día de hoy. Es un trabajo que requiere muchísimo tiempo de escucha: una especie de audiencia productora. (Y también explica en parte por qué tardaron tanto en completarlo).

Es por eso que el resultado es tan impresionante. El que todos estos fragmentos de distintos lugares y tiempos tengan un sentido unificado es de admirarse. Al igual que en su debut, The Avalanches lograron con Wildflower una obra coherente que se siente completa, única de principio a fin. De igual forma, llama la atención que este proceso que pareciera más quirúrgico que artístico resulta en una música tremendamente emocional.

Por momentos, pareciera que este nuevo álbum es una extensión de aquél que apareció hace 16 años. Hay similitudes en términos de estilo, textura y sonido. En ese sentido, The Avalanches tienen bien definido lo que hacen: nuca confundirías su música con la de alguien más. Pero también hay diferencias entre los dos trabajos. Por ejemplo, el gran número de colaboraciones que hay en Wildflower: Danny Brown, MF Doom, Toro y Moi, Jonathan Donahue (Mercury Rev), Ariel Pink, Warren Ellis (The Bad Seeds), Father John Misty, entre otros.

Si en Since I Left You los coros estaban a cargo de actores de películas viejas sampleados y scratcheados, ahora corren por cuenta de artistas en un micrófono. De igual forma, Wildflower incluye instrumentación original, compuesta por Jean-Michel Bernard (The Science of Sleep, Be Kind Rewind, Hugo), cuidadosamente fundida con los sonidos encontrados. Incluso hay un track que no contiene samples, “Colours”, cantado por Donahue, que no desentona ni un ápice del resto del disco.

Todos estos elementos nos dicen que el universo de The Avalanches se ha modificado un poco a lo largo de estos años, adaptándose como un organismo a su ambiente. Sin embargo, sigue conservando su esencia. Un sistema que absorbe todo lo que le conviene y lo pinta de sus propios colores. Todos esos beats, voces, riffs, cuerdas, arreglos orquestales, en una obra épica y compacta a la vez.

Wildflower se mueve a lo largo de una hora entre canciones con un aire pop psicodélico (“If I Was a Folkstar”, “Stepkids”, “Saturday Night Inside Out”, “Subways”) y otras con un estilo más acercado al rap y al funk (“Frankie Sinatra”, “Noisy Eater”, “Because I’m Me”), todas acompañadas por una serie de interludios instrumentales que dan transición a las diferentes variaciones del álbum.

Al igual que en Since I Left You, el álbum parece una especie de suite épica, en la que es difícil precisar dónde comienza y termina cada track. El mismo mood inunda el disco entero, aunque esta vez no se trata de la fiesta de comienzos de siglo del 2000, sino de un mundo parecido a los años 60: un campo abierto lejos de la civilización donde todos visten de colores (y están en drogas, obviamente).

Los diálogos esparcidos por todo el álbum lo hacen parecer el soundtrack de una película inexistente, una road trip por ese gran país/continente que es Australia. El grupo llevó su música del mar al desierto y de la ciudad al campo. Pero, a pesar de todo, The Avalanches siguen siendo ellos mismos y los temas en las canciones son familiares para ellos: amor, niñez, imaginación, tristeza, felicidad. Todo en Wildflower parece querer hacernos sentir, más que otra cosa. Fueron 16 años de un trabajo descomunal para demostrar que, después de todo, sólo The Avalanches pueden hacer música como ésta.