Viola de Metrópolis y las disertaciones amorosas

Shakespeare es un tema recurrente en el cine, mas pocas veces vemos adaptaciones suyas en el cine latinoamericano. El director argentino Matías Piñeiro (Todos mienten, 2009; La princesa de Francia, 2014)  se interesó  desde su mediometraje Rosalinda por explorar el universo shakespeariano en sus historias transportándolo a la vida cotidiana de su generación, tal como sucede en Viola (2012).

Por un lado está Cecilia (Agustina Muñoz), una actriz que ensaya sin parar las líneas del fragmento de Noche de reyes que, junto con otras obras de Shakespeare, presenta cada semana con otras chicas. Por otro lado, Viola (María Villar),  una chica que recorre Buenos Aires en bicicleta mientras reparte pedidos de Metrópolis, un negocio de discos y películas piratas que tiene con su novio.  En un punto, las historias de ambos personajes se encuentran y Piñeiro lleva al espectador a contestar todas las interrogantes que habían quedado pendientes al principio de la película.

Antes de seguir, hagamos un paréntesis para explicar de qué va Noche de reyes. En obra, el dramaturgo inglés desarrolla un triángulo amoroso entre Viola, una mujer enamorada que se hace pasar por hombre (Cesario) para acercarse a Orsino, un duque enamorado de la condesa Olivia que termina enamorada de Cesario, es decir  Viola. Fin del paréntesis.

La cinta va de reflexiones femeninas sobre el amor y está dividida en dos partes: la primera es Viola como personaje de shakespeariano y la segunda como personaje de Matías Piñeiro. La primea inicia con la ruptura amorosa entre Sabrina (Elisa Carricajo) y Agustín, lo que lleva a las chicas del grupo teatral a reflexionar respecto a qué es lo correcto en una relación. ¿Deben Sabrina y Agustín volver? ¿Qué diría Shakespeare al respecto? La conclusión lleva a Cecilia a aplicar un poco de lo que aprendió de su personaje como Viola/Cesario en la obra de teatro para ayudar a Sabrina e intercede como un tercer factor en la relación.

viola2Este triángulo amoroso pasa a ser irrelevante cuando llega la segunda parte en la que Viola es el personaje del director y entra Viola de Metrópolis repartiendo paquetes por toda la ciudad. Los universos de Viola y Cecilia se unen gracias a un hecho que parece irrelevante; sin embargo poco a poco uno se da cuenta de que incluso los personajes que parecían incidentales, no lo son y todo está conectado. El verdadero triángulo amoroso no es el que se plantea en un principio.

Piñeiro retoma a Shakespeare para proyectarlo en la realidad y la vida cotidiana de su generación, transportándolo a un Buenos Aires que bien podría ser cualquier ciudad del mundo. Incluso uno como espectador puede pensar que la historia se desarrolla entre un grupo de amigos treintañeros-hípsters-bohemios de la Condesa o la colonia Escandón. Es un drama universal y entretenido que podría resultar confuso por la verborrea de los actores que por momentos parecen personajes shakespireanos con acento argentino. Fuera de eso, no hay mayor problema con el relato.

Los 65 minutos de la cinta mantienen un buen ritmo gracias a la repetición de diálogos y la velocidad con que suceden cosas encaminadas al desenlace de la historia. Una recomendación es que nunca pierdan atención en los detalles porque todo tiene una conexión, reflejo de la limpieza del guión de Piñeiro, quien juega con la idea de que en una puesta en escena se trata de “ser o parecer” para convencer y conquistar; pero ¿qué pasa cuando eso se traslada a la vida real? Es decir ¿cómo el dramatismo y la teatralidad pueden alterar el orden de las cosas?

Piñeiro utiliza recursos que refieren al cineasta francés Éric Rohmer por la forma en que retrata a  sus personajes proyectando sus dilemas sociales, sexuales y amorosos en largas pláticas casuales entre ellos; un estilo que ha prevalecido en su trabajo. Su película más reciente, La princesa de Francia, también se basa en textos de William Shakespeare y retoma uno de los fragmentos que Viola recita en una de las secuencias de este film.

Con el argentino, estamos ante un nuevo cine de autor que como sello personal retoma a Shakespeare en la vida cotidiana, junto a  María Villar, Agustina Muñoz y Romina Paula, actrices que lo han acompañado desde 2007 en El hombre robado. Son “las chicas Piñeiro”, muy al estilo de Pedro Almodóvar.

Qué mejor manera de conmemorar  los 400 años de la muerte de William Shakespeare que viendo Viola de Matías Piñeiro, un drama breve y entretenido que retoma al maestro de los triángulos amorosos para adentrarse en el universo amoroso femenino, a través de la disertación constante de lo que “debe ser” el amor y las relaciones de pareja.

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