Día de la independencia: Contraataque

El director Roland Emmerich estrenó la semana pasada la secuela de Día de la Independencia y cumple con lo que mejor sabe hacer: una trama insípida con efectos visuales entretenidos y explosiones por doquier.

En 1996 la gran invasión alienígena llegó a la Tierra. Enormes naves se posaron sobre diferentes puntos del planeta y el pánico se apoderó de todos. Nuestra tecnología no era la mejor para enfrentar la nueva amenaza y apenas comenzábamos a asimilar lo que veíamos, cuando rayos verdes comenzaron a salir de las naves, destruyendo lo que tocaron. Fue el 4 de julio el día en que un milagro logró salvarnos de la extinción y nuestro temor se acabó.  Y todo gracias a que la raza humana ganó y la película terminó. O al menos eso creíamos.

Han pasado exactamente 20 años desde que la primera entrega de Día de la independencia (1996) surgió para quedar como uno de los blockbusters de acción y ciencia ficción más emblemáticos de los noventa. El director Roland Emmerich (GodzillaEl día después de mañana, 2012) y la 20th Century Fox  trajeron de nuevo a la pantalla grande la invasión, sólo que esta vez tiene nuevas dimensiones.

Coincidiendo con el tiempo real,  en Día de la independencia: Contraataque (Independence Day: Resurgence, 2016) pasaron 20 años desde que la Tierra fue atacada por extraterrestres. En aquel entonces, la tecnología y recursos estaban limitados para poder hacer frente a los invasores. Todo eso cambia a partir de que la raza humana obtiene la victoria. Las naciones no sólo han hecho a un lado sus diferencias y trabajan juntas, sino que además se han dado grandes saltos tecnológicos gracias a todo lo que los alienígenas dejaron en el planeta.

Jake Morrison (Liam Hemsworth) es un piloto que trabaja en el mantenimiento de la estación lunar  que defiende al planeta en caso de que otro ataque surja. Un día, un punto de observación ubicado en la orbita de Saturno desaparece misteriosamente y una extraña señal que genera variaciones eléctricas y extraños sonidos en el espectro radiofónico comienza a interferir en los sistemas y transmisiones de la estación.

Todo se interrumpe cuando se detecta una enorme nave accediendo al espacio lunar y avisan a la Tierra, obligando a la Presidenta Lanford (Sela Ward) a interrumpir sus actividades conmemorativas de la victoria del 4 de julio—No ahora, por favor—. La estación lunar cumple su función y derriba a la nave, pero la felicidad no dura lo suficiente: una nueva nave, de un tamaño descomunal, que bien podría ser un sombrero para el planeta, aparece y amenaza con acabar con la raza humana, por lo que el capitán Dylan Hiller (Jessie T. Usher) y la piloto Rain Lao (Angelababy) intentarán contraatacar y alertar  a la Tierra.

Todo se vuelve aún más oscuro y confuso cuando vemos a David Levinson (Jeff Goldblum) en una región de África, intentando negociar con Dikembe Umbutu (Deobia Oparei), el líder de un grupo rebelde en la región que ha aprendido muchos sobre los alienígenas y cómo enfrentarlos. Levinson se encuentra con Catherine Marceaux (Charlotte Gainsbourg), una vieja conocida que también se ha interesado en el lenguaje y cultura de los invasores. Ambos se encuentran en África sólo para descubrir que una de las naves que quedaron en la zona se acababa de activar, además de encontrar un extraño símbolo: la clave para conocer las verdaderas intenciones de las invasiones.

No se puede decir que Día de la independencia: Contraataque sea la mejor película de su tipo; sin embargo, cumple perfectamente su función como un estreno de verano y me atrevo a decir que es algo similar a un homenaje a las grandes producciones de los 90. Batallas en naves, grandes explosiones, situaciones que se mantienen entre lo dramático y lo cómico y Jeff Goldblum en su actuación de Jeff Goldblum dan cierta familiaridad a la película, conocida por quienes vivimos en esa década.

No sólo el planeta tuvo 20 años para mejorar su tecnología: también los tuvo el director Roland Emmerich, quien en cada momento te recuerda que su nueva cinta es una continuación directa  de la del 1996, (sólo que sin maquetas y pantallas verdes evidentes). En su mayoría,  cada uno de los personajes tiene su momento, pero es Levinson, su padre, Julius Levinson (Judd Hirsch), el ex presidente Whitmore (Bill Pullman), el Dr. Brakish Okun (Brent Spiner) y su pareja gay el Dr. Isaacs (John Storey) quienes te recuerdan que hay un gran eco de la primera entrega.

No se puede evitar mencionar que el montaje es un poco extraño, por momentos entre tanta acción y explosiones, uno puede perder de vista algún detalle, pero no se preocupen, no fue que parpadearan por 5 minutos, sino que el argumento mantiene diferentes vacíos que al parecer al director y su gran presupuesto no pareció importarle mucho.

Día de la independencia: Contraataque muestra un momento de transición. Los viejos héroes se quedaron en el 96 y ahora es momento de que una nueva generación —guiada por los veteranos— continúe llevando a los seres humanos al siguiente peldaño de la historia y estos nuevos héroes se darán cuenta de que el conflicto va más allá de lo que ellos habían imaginado.

Estos veinte años han sido un largo camino  y no se puede descartar aún que seamos los únicos en el universo. Sin embargo, hay que tener fe en que sea cual sea el problema se podrá resolver, no hay más que trabajar para nuestro presente y futuro, un futuro que posiblemente esté en las estrellas; uno con una inmensidad que nunca  imaginamos —por ahora—.