Amnesiac: la jugada maestra de Radiohead.

Radiohead

Amnesiac

Parlophone/Capitol; 2001

Vaya momento que vivía Radiohead en el 2001. Acababan de lanzar Kid A, disco que se volvió un clásico instantáneo y voló la cabeza del mundo entero. No sólo eso, sino que dicho álbum era el tercero en una serie excepcional, precedido por The Bends (95) y Ok Computer (97). La crítica (y el público en general) los llamaban la banda más grande del mundo. ¿Cómo seguir después de eso?

Ese delicado momento no pareció abrumar a los de Oxford quienes, entre muchas otras  habilidades, han sido capaces de sobreponerse a la presión de la manera más inesperada (y casi siempre la mejor). La respuesta entonces fue lanzar, relativamente rápido, una colección de canciones grabadas durante las mismas sesiones que dieron vida a Kid A.

Amnesiac llegó a las tiendas el 5 de junio de 2001, sólo nueve meses después de su antecesor. Desde su anuncio sufrió las bromas acerca de que era una especie de Kid B, un miembro amputado de aquél niño prodigio. Las comparaciones eran inevitables, y muchos críticos se enfocaron más en valorar al nuevo álbum en razón de su predecesor que como una obra autónoma.

Hoy, a quince años de su lanzamiento, sabemos que Amnesiac no es ningún brazo o pierna malformados del “niño A”. El tiempo lo ha revelado como una obra con valor propio, testigo y evidencia del mejor momento en la historia de Radiohead. Apenas se asentaba el polvo que había generado el debate en torno a Kid A, cuando Amnesiac levantaba el propio, un tanto  parecido al polvo rojo de los inhóspitos campos de Marte.

Sin zapatos que llenar o sombras que perseguir y mucho más que un aborto, Amnesiac es  hermano de Kid A. Fueron creados en el mismo lugar, en el mismo tiempo, pero cada uno parece venir de diferentes lugares. El  álbum también representaba un riesgo por sí mismo: todo mundo esperaría que, después de tu disco más experimental, regreses a tus orígenes. Radiohead nunca actuó de esa manera.

Estos obstáculos no fueron los únicos que dicho álbum tuvo que sortear. Estaba además, la percepción de que las canciones seleccionadas estaban ahí porque no habían quedado en el corte final de Kid A. Como si fueran inferiores. No era así. Más bien, las canciones seleccionadas para cada disco confeccionaban un entramado particular, una después de la otra y no de diferente manera.

Podemos mencionar también el hecho de que Amnesiac fue promocionado de una manera más convencional. Kid A no tuvo sencillo alguno (ni B-sides) o video promocional, unicamente una serie de “blips” que aparecieron en línea y en televisión. Esto daba al álbum un aire de pieza única, completa e irrepetible, que no merecía ser manchada con alguna narrativa extra. Amnesiac tuvo tres sencillos y cinco videos, lo que le daba un aura más ordinaria en comparación con su hermano. Parecía que la banda que intentaba cambiar las reglas de producción, distribución y exhibición en la era digital se rendía (por ahora) a las reglas del mercado.

Previo a su lanzamiento, los rumores apuntaban a que Amnesiac sería un regreso a los orígenes roqueros de la banda. Pero nada más al escuchar los primeros segundos de la abridora “Packt Like Sardines in a Crushd Tin Box”, el mundo se dio cuenta que aquello era una mentira. Aunque las influencias eran las mismas que en Kid A, aquí se manifestaban de maneras diferentes. Baladas que desestabilizaban la mente (“Pyramid Song”, “Like Spinning Plates”); experimentos paranoicos (“Pulk/Pull Revolving Doors”, “Hunting Bears”); marchas funerales de jazz nuevaorleanesco (“Life in a Glass House”) y sí, algo de “rock”, si así se le puede llamar (“I Might Be Wrong”, “Knives Out”).

Kid A, con sus montañas heladas y sintéticas, representaba la ansiedad generada por el futuro informático. Amnesiac, en cambio, era la ansiedad por el pasado desconocido, con su aspecto de libro antiguo. Mucho más emocional, intenso (“You and Whose Army”) y por momentos, más cálido que su hermano mayor. La mejor prueba se encuentra en “Morning Bell”, canción que comparten ambos discos. La primera con un beat seco y repetitivo, órganos resonantes y un bajo preciso; abrasiva, aprehensiva. La segunda, con guitarra acústica, campanas demoniacas y percusiones orgánicas; melodiosa, expansiva.

Este texto se ha convertido en una contradicción. Tratando de reivindicar a Amnesiac como obra en solitario, ha caído en comparaciones con Kid A. Tal vez es inevitable, dado que ambos discos fueron concebidos en conjunto. Dos partes resultantes de un mismo proceso, pero con la suficiente identidad para que su existencia no dependa del otro. Kid A es el último de su tipo: un álbum en toda la expresión de la palabra, con todo lo que esto significaba. Amnesiac parece ser el inicio de la era confusa en la que vivimos, donde poseer álbumes parece cosa del pasado remoto.

Hoy, quince años después, podemos darnos cuenta de lo acertado que fue Radiohead con este álbum. Una movida que en su tiempo quizá parecía algo extraña, pero que los ayudó a salir del problema en que los había metido Kid A. Sí, una buena jugada, pero también un grandioso álbum. Hoy, Amnesiac se ha liberado de aquellas percepciones equivocadas que lo acosaron en su lanzamiento y ha cobrado su merecido lugar como uno (más) de los clásicos de Radiohead.