Quiero ser John Waters

La obra del “Príncipe del Vómito” nos demuestra que hoy la verdadera contracultura está en infiltrarse a la sociedad.

Estoy obsesionado con John Waters. Si yo viviera en Maryland, lo stalkearía día y noche. Trataría de meterme a su casa. Olería sus sábanas. Lamería su alfombra. Me sentaría en la taza de su baño. Robaría sus libros. Me probaría su ropa, zapatos y calcetines. Lo secuestraría y lo obligaría a escribir historias sobre mí. Al menos quisiera encontrarme a alguien que se le parezca y tener sexo con él. “Me lo cogí porque se parece a Juan Aguas” suena mucho mejor que “Estaba pedo”, “Fue sin querer” o “La tiene bonita”.

Divine dijo “Yo soy Dios” antes de matar a sus enemigos. Mintió: John Waters es Dios.

“Ser gay ya no es suficiente”, dijo [Dios] en un discurso de graduación que dio en 2015 en la Escuela de Diseño de Rhode Island (RISD), “No te aísles. El separatismo es para perdedores. […] Hoy en día todo mundo quiere ser un outsider [marginal]. Bien. Espero que estén trabajando para acabar con el racismo, sexismo, la discriminación contra los gordos y por edad. Pero, ¿es suficiente? ¿No ser marginal es muuuy 2014? Tal vez es momento de que dejen de lado la prudencia, realmente sacudan las cosas, y se reinventen como una versión nueva de su más temido enemigo: el insider [infiltrado]. Como yo”.

Suenan hipócritas esas palabras en boca del “Papa de la Basura”, ¿no? ¿Neta el consejo principal del director de Pink Flamingos es que te mezcles en la sociedad? ¿Que no te aísles del mundo? ¿Qué no vayas contracorriente? Tal vez ya chochea. Quizá los años que lleva alejado del cine lo ablandaron. ¿Dónde quedaron sus películas transgresoras, en las que una draga con sobrepeso comía caca de perro calientita sólo para demostrar que era la persona más asquerosa del mundo?

Mas concuerdo con Waters Dios: actualmente la mayoría de los jóvenes quieren pertenecer a una minoría o un grupo ‘contracultural’ sólo porque sí. Sobre todo los universitarios. Piensa en tu amigo que en la prepa eZkRiByA aZy xD y ahora usa palabras como “pusilánime” y comparte en Facebook todas sus ideas posmodernas en contra del capitalismo aplastante. Hoy todos creen que sufren —y por eso luego a quienes sí sufren no se les toma en serio—. Todos se quieren rebelar: ser raro y transgresor está tan de moda que ya es normal.

Pero el “líder de culto” —prefiere ese término a “cineasta de culto”—, escritor y ex director underground ha sido congruente durante toda su carrera. Como dice en entrevistas y en el discurso de la RISD: la sociedad cambió, no él.

Buen día, Baltimore

Imaginen las calles de un pueblito al noroeste de EE. UU. Son los años cincuenta. Acercamiento a la biblioteca local. Un niño llamado John, de 12 años, espera a que la bibliotecaria se mueva del mostrador para poder hurgar en los libros ‘para adultos’. Consigue lo que quiere: una colección de cuentos de Tensesse Williams —una ‘mala persona’, según las monjas de su escuela dominical—.

Sigamos a John al cine. Va a la proyección de La mala semilla (1956). Ve cómo la protagonista, Rhoda (Patty McCormack), mata a quienes la molestan. Le temen. John quiere ser igual de temido por sus compañeros. Se obsesiona con ella. (Medio siglo después, en 2010, conocerá a McCormack, uno de sus modelos a seguir).

Waters distó mucho de ser un niño “normal”. Es divertidísimo leerlo en Role Models (Mis modelos a seguir, 2011), donde narra que, mientras a las niñas que llevaban falda muy corta las regañaban por ser ‘objeto de pecado’, él anhelaba que usaran ese término en él:

“Siempre me preocupé de niño (y aún lo hago) de no ser un ‘objeto de pecado’. ¿Acaso alguna vez en mi vida sería DIGNO de tal cumplido, de tan deseado estado de gracia reverso?”

La frase que la Bruja Mala del Oeste grita antes de derretirse por el agua que le aventó Dorothy en El mago de Oz (1939), ‘¿Quién hubiera pensado que una niña como tú pudiera destruir mi bella maldad?’, fue su motto, su inspiración. El vestuario de la bruja lo marcó: por eso utiliza calcetas  extravagantes de colores.

John creció influenciado por la violencia y el terror de las películas. Y la extrañez de los personajes. Sobre todo, quiso ser precoz: le urgía ser un adolescente para poder hacer fiestas donde todos se estuvieran besando al ritmo de la música de Johnny Mathis (otro de sus role models). Quería ser “la exageración” de un adolescente. Y lo fue.

Bienvenido a los setenta

No, no hablo los años que cumplió el pasado abril. En esa década inició su carrera en el cine under. Desde mediados de los sesenta hizo cortometrajes en 8 y 16 milímetros con sus amigos. Pero a partir de 1969, con la aparición de Mondo Trasho, comienzó a tener proyecciones y notoriedad en los circuitos independientes.

Mondo Trasho y Multiple Maniacs (1970) tienen la fórmula que repitió en sus films más famosos: irreverencia + poco sonido-directo y mucha música-de-fondo + pervertidos + mal gusto +  Divine. La drag queen, cuyo nombre ‘real’ era Harris Glenn Milstead, fue su estrella desde el principio, junto a los otros Dreamlanders como Mary Vivian Pierce, Mink Stole —ambas salen en todas las películas watersianas— y David Lochary.

Junto a ellas —y con la financiación de su padre— Waters hizo en 1972 Pink Flamingos, su film más famoso. La película que Variety llamó una de las más “infames, estúpidas y repulsivas jamás hechas”.

Y no lo es: eso me decepcionó la primera vez que la vi. Yo esperaba vomitar, asquearme, traumarme y no poder dormir por semanas. O de perdida volverme travesti: de eso estuve más cerca porque reí como nunca y me enamoré de —la también cantante— Divine.

Pink Flamingos es una farsa total. Inspiración posterior para cineastas como Almodóvar —tan triunfante ahora con su Julieta—, su trama gira en torno a la lucha de Divine, una buscada asesina, por conservar el título de “la persona más guarra viva”. La fugitiva vive en un remolque con su madre Edie (Edith Massey), su hijo Crackers (un mini-Charles Manson, interpretado por Danny Mills) y su mejor amiga Cotton (Pierce). Sus enemigos: los Marble (Stole y Lochary), una pareja de secuestradores y asesinos, que embarazan a las chicas que raptan para vender a los bebés. El clímax: un juicio presidido por Divine, donde condena al matrimonio Marble de “imbécil-ismo”.

Ese juicio es la parte más importante del film. Todo el relato es la forma en que Waters sacó su trauma por el caso Tate/LaBianca. Ya en Multiple Maniacs había puesto dos o tres diálogos que hacían referencia a los asesinatos de la familia LaBianca, y Sharon Tate —la esposa embarazada de Roman Polanski— junto a otros invitados de una fiesta, a manos del clan —la ‘Familia’— de jóvenes liderado por Charles Manson.

Waters cuenta en Role Models (donde le dedica un ensayo a Leslie Van Houten, una de las chicas Manson sentenciada a cadena perpetua) que para él fue un gran shock ver que chicos de su edad, que se metían LSD como él y se vestían como él y se parecían a gente de su círculo de amigos y amantes, habían asesinado por la influencia de las drogas y un ‘líder’. No se lo podía explicar. Le causó mucho conflicto pensar que él mismo, en otras circunstancias, pudo ser parte de ellos. Así, en el 71, después de presenciar el juicio de tres chicas-Manson “y celoso de su notoriedad”, escribió Pink Flamingos. Al inicio, un rótulo reza: “Dedicado a Sadie, Katie y Les [Van Houten]”.

No puedes parar el ritmo

Yo sí creo que John Waters no cambió. Siempre quiso ser famoso, así que no se traicionó cuando comenzó a trabajar con grandes estudios como Warner. Todos sus filmes tienen como premisa personajes extravagantes que al final, cómicamente, triunfan contra la sociedad. Su sentido del humor, su bigotito-hecho-con-delineador-Maybelline y su voz característica lo han llevado incluso a salir en Los Simpson.

Con sus trabajos queda claro que lo contracultural no se trata sólo de ser ‘raro’, pertenecer a una ‘minoría’ o ir contra el sistema a lo güey. Y eso pocos lo entienden. Él mismo lo repite cada vez que saca un libro o lo entrevistan: para tener y valorar el mal gusto, debes saber qué es el buen gusto. O sea: tienes que infiltrarte un poco al sistema para joderlo desde adentro. Y con humor.  No quiero llamar a lo que hace ‘crítica social’ porque es un lugar común. Pero ¿acaso un artista no tiene permanencia y repercusión por lo que gira en torno a su obra más que por su obra misma? Sí: lo estoy llamando artista.

Su película más reciente es A Dirty Shame, de 2004. Después de Pink Flamingos hizo otras colaboraciones con Divine como Polyester (1981), donde incorporó el sistema Odorama para poder oler lo que la protagonista: flores, pedos, caca… Mas su segunda obra más famosa es Hairspray (1988), la última que protagonizó la gorda adorada, y que triunfó por sus temas, humor y la vuelta-a-lo-sesentero.

Para Waters, ése es su “caballo de Troya”: en 2002 se estrenó en Broadway el
musical de Hairspray y en 2007 hicieron el remake cinematográfico con canciones y actores mainstream, aprobada por él y todo —hasta tiene un cameo como Exhibicionista—. La versión con Zac Efron y Michelle Pfeiffer quizá es más ingenua que la original, pero tiene todo el espíritu watersoniano. Hoy la puesta en escena está en todas las prepas gringas, y desde Divine es tradición que la mamá sea interpretada por un hombre (Harvey Fierstein, John Travolta). A él le da mucha risa eso:

“— nadie parece notar que es una obra con dos hombres cantándose una canción de amor y que también incita a las chicas blancas a salir con hombres negros”.

Ahora sólo se dedica a escribir. Como él dice, siempre ha sido escritor, contador de historias. Ama su ciudad natal, donde aún reside. Los baltimorianos lo inspiran. Es transgresor al no serlo y publicar libros y estar de juez invitado en el programa de RuPaul y hacer shows en vivo. Ya no quiere ser outsider. Y lo respeto: ¿El que todos quieran ir contra la corriente no te hace al final entrar en otra? No creo que esté mal luchar por lo correcto, como Tracy Turnblad (protagonista de Hairspray), que busca la integración racial en la tele cantando “No puedes parar el ritmo”. Pero ella misma primero tuvo que entrar al mundo televisivo para poder cambiarlo.

Mi acto más ‘contracultural’ fue el examen para el taller de redacción de uno de los periódicos nacionales más grandes. Pasé a la segunda etapa: una temible entrevista (de tres). Después me llegó un correo donde lamentaban  no poderme aceptar. A una amiga también la rechazaron (ella cree que por su look yonki); a otros ni los entrevistaron. Otra amiga se quedó. Ni modo: tal vez no estoy listo para ir-contra-la-corriente-mezclándome. O a lo mejor no me vieron madera de reportero-guion-periodista.

Aún no puedo ser John Waters. Pero seguiré intentándolo. Como casi-recién-graduado —tengo foto con toga y birrete, más no la tesis—, me llegan mucho las palabras finales de su speech: “Salgan al mundo y jódanlo hermosamente. […] Es su turno de causar problemas, pero esta vez en el mundo real, y esta vez desde adentro”.