La fórmula secreta del cine mexicano

En los últimos días me pregunté si existe una fórmula secreta para mejorar el cine mexicano. Una de aquellas que funcionan en otros países. El cine nacional pocas veces es apreciado por las audiencias, más allá de los festivales. Existen opciones vanguardistas, que desgraciadamente son menospreciadas y no logran una distribución justa.

Cuando se trata de la genialidad mexicana sólo hace falta buscar un poco y deslumbrarse con lo oculto.

El rock, las drogas y la rebelión son clave para hablar de contracultura. Rebelarse contra el sistema: innovar, sorprender, impactar y, sobre todo, acabar con la guerra, el progreso y la modernidad. Contracultura es oponerse a lo impuesto. Se trata de lo que ocurre en el exterior de la cultura burguesa y legítima; en la oscuridad.

Durante los años 60 y 70, varios artistas mexicanos decidieron unirse para criticar con su arte la estructura convencional. Así, intentaron mejorar el mundo que no los satisfacía. La contracultura mexicana surgió en distintas formas de expresión: la literatura, la pintura, la música y el cine.

Por primera vez en el cine —mexicano— se logró producción marginal a partir de la creatividad y transgresión del lenguaje audiovisual. Jodorowsky y Buñuel son los más mencionados cuando se trata del ‘cine contracultural’ en el país. Sin embargo, son muchas más las producciones cinematográficas que resaltan en esta forma de hacer cine, y pareciese que durante mucho tiempo permanecieron olvidadas.

Dentro del Primer Concurso de Cine Experimental de largometraje en México, en 1965, se presentaron filmes independientes. Diversos directores decidieron hacer cine sin haberlo estudiado, a la manera de la Nueva Ola francesa: dejaron las plumas y agarraron la cámara.
bienamadosFue una generación de intelectuales que querían hacer algo diferente. Para ello debían tomar un camino alejado de las grandes audiencias. Como en Los bienamados (1965), de Juan Ibáñez y Juan José Gurrola, en la cual están presentes artistas de la época, a manera de extras, en algunas secuencias de fiestas. La unión intelectual tenía un mismo interés: transformar el entorno social a partir de los discursos.

¿Existe realmente una fórmula en la contracultura?  Yo podría decir que sí. Se trata de la no-fórmula, la no-ideología; la dialéctica y la transgresión; la ruptura de convenciones. No sólo tiene que ver con lo grotesco y el desnudo. El cine mexicano contracultural no se quedó atrás en propuestas que iban más allá de lo político. Se fundamentó con una nueva forma de rebelión a partir de lo simbólico, y con estilismos que no se habían explotado antes.

La fórmula secreta (Coca-Cola en la sangre)

1965, Rubén Gámez

fórmulaUn machetero levanta a un hombre como si fuera un costal. Una salchicha larga y enorme invade las calles, divide libros con su paso.  Un soldado dispara a las figurillas de una feria. Un grupo de sacerdotes secuestran un parque lleno de niñas y se ponen a jugar. Una Coca-Cola funciona como sátira del imperialismo. Desvíos situacionistas y descontextualización constante. Contrapuntos y contracultura.

Rubén Gámez utilizó lo poético para crear un mediometraje que demuestra los alcances de la contracultura en el cine mexicano. El ritmo musical en su montaje está vinculado con la crítica social. La película está llena de originalidad y libertad creativa. Es una cinta llena de metáforas, paradojas y asociaciones de sentido, donde se explota la música de Vivaldi y Stravinski. Como ejemplo: el lúcido inicio con una cámara en constante movimiento y que da vueltas por el Zócalo de la Ciudad de México.

El texto de Juan Rulfo —en voz de Jaime Sabines— ayudó a que se tratara un mediometraje sin igual. Aquí vemos cómo la contracultura busca romper la narrativa acostumbrada, con una estructura alejada de la lógica. Luis Buñuel y Nacho López son referencias constantes y de esa manera se evidencia el conocimiento del realizador. Cada que la veo me recuerda a Glauber Rocha y su cine político.

La cinta de Gámez es una manera distinta de hacer cine en México. Es una de esas películas que no busca el dinero pero sí la reflexión del espectador. Parte de la imagen y no del verbo. A momentos parece que es más vieja, pero es su poética la que hace resaltar sus deseos de innovar. Se trata de una provocación cinematográfica. Impacta. Todas las secuencias están contrapuestas como si fuesen un juego dialéctico (por ejemplo  la muerte de una res en primer plano y el sonido militar constante en las secuencias).

 La fórmula secreta es la imagen de la explotación que grita y busca el cambio. Un caso fundamental y muy conocido para hablar de contracultura en México.

https://www.youtube.com/watch?v=Loh-DM3ys9Q

De igual manera, existen películas que han permanecido silenciadas. Por ello creo que vale la pena mencionar una cinta censuradísima, de la cual se encuentra poca información:

Recodo de purgatorio

1975, José Estrada

Mediometraje en 16 mm que solamente he podido ver una vez. Cambió mi vida, no miento. He querido verla de nuevo, la he buscado y no he podido encontrarla. Es un gran ejemplo de la contracultura nacional y es una película que ha permanecido casi en secreto. Afortunadamente la pude ver en el FICUNAM del 2013.  En este texto trato de recordarla ya que quedó en mi cabeza como una experiencia ejemplar. Solamente sé que es una película insuperable en su tipo. Es un shock audiovisual.

José Estrada

José Estrada

Un hombre —interpretado por José Estrada Aguirre— entra a un cuarto de hotel e intenta suicidarse con unas pastillas. Se trata del actor principal y director de una de las películas más olvidadas en México, conocido por cintas como El profeta Mimí (1973) y Los indolentes (1977). Recodo de Purgatorio es una película que fue censurada durante muchos años y fue proyectada como un caso especial en el 50 aniversario del CUEC. Me parece curioso que se sepa tan poco de ella. Actualmente el hijo del autor —Luis Estrada— es muy famosón y no le llega a los talones con sus chistes sobre Televisa.

En palabras de Jorge Ayala Blanco, es la cinta que  logra capturar el inconsciente colectivo de la  generación del 68. Una película que todo mundo quiso hacer pero no pudo. Una cinta libre y personal que dio origen a la tendencia cinematográfica de la pederastia. Recuerdo que el investigador mencionó que prácticamente se trataba de un estreno mundial ya que estuvo prohibida y no se pudo exhibir hasta entonces.

En su década fue tachada de porquería. Propositiva y distinta, muestra con fuerza los traumas ocasionados por el movimiento del 68. Claustrofobia y crítica social desde la mente a la pantalla. Nos repite que las drogas no deben juntarse con la familia, o tal vez sí. Solamente un cuarto de hotel le sirve a “El Perro” Estrada para realizar una reflexión contracultural.

recododepurgatorioUn sacerdote sorprende al personaje principal acostado. Introduce su pene en su boca. La cámara filma en primer plano cómo entra en ella una y otra vez. Los pezones de su madre, ya anciana, son succionados por el cuarentón. Vómito y suicidio. Recuerdos y fotografías. Militares y represión. Risas y caos. En el final se nos presentan respuestas, si es que existen.

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Tal vez la fórmula para que el cine mexicano actual deslumbre tiene que ver con lo contracultural. Como lo hicieron los artistas en el pasado, hay que mirar atrás en lo desconocido para cambiar el presente e innovar de nuevo.

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