Skinheads y música: baile multirracial.

Flores en el cabello, melenas largas y rubias, cuerpos desnudos en un gran campo verde y floreciente. Rock psicodélico y el recién inventado ácido lisérgico envuelven las jóvenes mentes en una neblina púrpura de paz y amor. Cuando pensamos en la contracultura de los sesenta, esta es la imagen inevitable que se nos viene a la mente. Sin embargo, no todos los jóvenes se rebelaban de la misma manera.

Hacia 1968, los movimientos juveniles en pro de un cambio se dejaban ver por todo el mundo. El movimiento estudiantil (de trágico final) en México, el Mayo Francés, la Primavera de Praga, las protestas contra la guerra de Vietnam, los primeros movimientos antifranquistas en España. Fuera del debate histórico sobre si se trató o no de una revolución, era claro que algo pasaba.

Mientras en San Francisco y Nueva York los jóvenes se atascaban de ácido y vomitaban arcoiris, en Inglaterra comenzaba a levantarse una ola de muchachos obreros que luchaban contra el océano social a su manera. Si bien los jóvenes clasemedieros ingleses abrazaban las ideas liberales de los hippies americanos, el sector obrero no comulgaba de ellas. Ellos debían trabajar para ganarse la vida y no tenían tiempo de reflexionar tirados en el pasto. Su realidad era la de la calle y el trabajo. Para ellos, lo que necesitaba el mundo para cambiar era un poco de acción, y la actitud pasiva de los hippies no les agradaba.

El año 1969 es considerado por propios y extraños como el de la explosión y consolidación del movimiento skinhead. Sin embargo, la aparición de este grupo se debe a una serie de procesos históricos que es necesario tomar en cuenta. Sin ánimo de simplificar estos complejos procesos, pueden identificarse dos grupos primordiales que dieron origen al movimiento: mods y rude boys.

Mods: violencia y elegancia

mods

Los orígenes skin pueden rastrearse en los inicios de los sesenta, cuando los mods circulaban por las calles de Inglaterra. Eran jóvenes que gustaban del modern jazz (de ahí el nombre, en primera instancia), el R&B y la música jamaiquina. Se les podía ver rodando en motonetas de las marcas Vespa y Lambretta, a menudo modificadas con un buen número de retrovisores. Se vestían con elegantes trajes, ya que, si bien eran jóvenes de clase obrera, tenían una gran inclinación por la elegancia y la sofisticación.

Estos mods (a su vez herederos indirectos de la cultura beat estadounidense) solían bailar su música favorita toda la noche, animados por una buena dosis de anfetaminas. De vez en cuando (muy seguido), provocaban peleas con sus rivales históricos, los rockers. Estos preferían las motocicletas Harley-Davidson, vestían de cuero negro y llevaban el cabello engrasado. Los conflictos entre estos dos estilos de vida (supuestamente) contradictorios terminaban a menudo en peleas masivas en ciudades playeras como Brighton.

Si bien compartían distintos elementos característicos, los mods se unieron en un principio gracias al más importante de ellos: la música. Se reunían para escuchar canciones soul de la Motown y la Atlantic, ska jamaiquino y piezas de be-bop y el cool, estilos de jazz populares en ese entonces. De la apropiación británica de estos géneros surgió el beat, música representada por bandas como The Animals, The Yardbirds, The Kinks, The Zombies y, sobre todo, The Who, banda arquetípica del movimiento mod.

 

Rude boys: necesidad con estilo

rudeboys

En los mods puede verse un adelanto de lo que serían posteriormente los skinheads, tanto en el gusto por la música afroamericana como en el gusto por la violencia callejera. Pero faltaba otro ingrediente. A la par del desarrollo del movimiento mod en Inglaterra, en Jamaica ocurría lo propio. Los rude boys surgieron en Jamaica a principios de los sesenta. Fanáticos de las películas de gangsters y los westerns estadounidenses, comenzaron a imitar la violencia representada en éstas para ganarse la vida.

Muchos de ellos provenían de barrios pobres e incluso eran ex convictos, de ahí el mote de rudos. Obligados por la falta de empleo e inspirados por los personajes fílmicos que admiraban, muchos se convirtieron en delincuentes; eso sí, con mucho estilo. Ser un rude boy significaba ser alguien a pesar de lo que dijeran los demás, encontrar un estilo de vida que no ofrecía la realidad jamaiquina.

De nuevo la música jugó un papel importante. Los jóvenes jamaiquinos gustaban del R&B estadounidense, el cual escuchaban en los soundsystem, pequeñas discotecas ambulantes. Tratando de imitar este sonido, los músicos de la isla lo combinaron con ritmos tradicionales caribeños como el calypso y el mento, dando nacimiento a lo que en poco tiempo se conoció como ska, primer ritmo originario de Jamaica. El ska le dio identidad a la juventud jamaiquina, incluidos los rude boys, que adoptaron este nuevo ritmo como aliciente principal en sus fiestas.

 

El encuentro de dos culturas

skinheads1

Lo verdaderamente importante ocurrió a mediados de los sesenta, cuando los jóvenes jamaiquinos comenzaron a emigrar a Inglaterra en grandes cantidades. La independencia de Jamaica en el 62 había traído dificultades económicas y muchos preferían huir al antiguo colonizador. El encuentro entre los rude boys jamaiquinos y los mods ingleses derivó en una mezcla cultural que, con el paso de los años, derivaría en el nacimiento del movimiento skinhead.

La convivencia entre estos dos grupos fue principalmente amistosa en un principio. Los rude boys traían consigo el rocksteady y el reggae, derivados del ska con un ritmo más lento, debido a que a ellos les gustaba bailar de esa forma. Los mods no tardaron en agarrarle el gusto. Dándose cuenta que tenían más cosas en común que diferentes, la conjunción fue un paso casi lógico.

Además, encontraron un enemigo en común; que era, a decir verdad, todo el mundo. Perdidos entre las ideas izquierdistas de la clase media hippie y las de la extrema derecha, lo de los skinheads era una especie de nihilismo apolítico. Ellos sólo querían bailar y divertirse, sin importar el color de la piel del que estuviera al lado. Se asumieron como ajenos a la política y adoptaron una postura escapista (aunque en el fondo esto sigue siendo una postura política).

Y peleaban. Mucho. Más que con palabras, a ellos les gustaba arreglar las cosas a golpes. Perseguían con tijeras y palos a cuanto hippie encontraran en la calle, además de homosexuales y pakistanís. En resumen, a cualquiera que no fuera como ellos (los cuales eran muchos). El público en general comenzó a saber quiénes eran estos jóvenes, negros y blancos por igual, que parecían estar en contra de todos.

Otro factor importante para delimitar la identidad skinhead fue el gusto por el futbol, exacerbado después de que Inglaterra recibiera (y ganara) el Mundial de 1966. Era común ver a pandillas de skinheads asistir a los estadios para animar a sus equipos favoritos (West Ham, Arsenal, Chelsea, ManCity, todos equipos del pueblo) e iniciar peleas contra los seguidores del equipo contrario (primeros antecedentes de la cultura hooligan actual). En los estadios se escuchaban recurrentemente porras derivadas de canciones reggae.

 

Espíritu del 69

Todos estos elementos explotaron en conjunto en el 69, cuando en ciudades como Londres prácticamente cualquiera que tuviera entre 15 y 20 años era un skinhead. El culto y la identidad se forjaron brutalmente. O eras o no eras. No había puntos medios. Después de ser llamados spykids, noheads, crombie boys, bovver boys, cropheads, peanuts o baldheads, ahora todos ellos se identificaban bajo un solo nombre: skinheads.

El código estético era claro. Cabeza rapada, no afeitada. Camisetas polo Ben Sherman o Fred Perry; botas Dr. Martens bien lustradas; pantalones Levi’s 501 o Wrangler, siempre arriba del tobillo y sostenidos por tirantes. Pero, más que moda, era necesidad. Estas marcas eran baratas y fáciles de conseguir, además de que ofrecían durabilidad para el trabajo de fábrica. Las Ben Sherman eran recurrentes como uniforme escolar. El corte de pelo rapado era el más barato. (Resulta irónico que hoy estas prendas se adquieran como artículos casi de lujo.)

Original-Skinheads

La realidad de los skin no tenía nada que ver con el “peace and love”. Jamaiquinos e ingleses, jóvenes y de clase obrera. Blancos y negros, relegados a trabajar en las fábricas. El movimiento skinhead surgió como respuesta a una economía en declive que dejaba a los jóvenes con pocas oportunidades. Dejando de lado las diferencias culturales, todos tenían algo en común: la música. Soul, ska, rocksteady y reggae: fue lo que unió a blancos y negros. Bailar esta música era lo que los skinheads realmente amaban, a pesar de vivir en un entorno adverso.

Técnicamente, el movimiento duro sólo unos cuantos años, ya que a principios de los setenta perdió fuerza. Claro que hoy podemos ver adeptos en todo el mundo, aunque el concepto ha sufrido cambios radicales que a menudo provocan malentendidos. Pero, al menos por un tiempo, la música pudo unir a un puñado de jóvenes que, sin importar el color o la procedencia, se reunían para bailar al ritmo de su más grande pasión. (Y, ¿por qué no?, darle su merecido a quien se opusiera.)

Homo sapiens | CDMX | Periodismo musical | Producción audiovisual

Deja un comentario