Radiohead: A Moon Shaped Pool

Radiohead

A Moon Shaped Pool

XL; 2016

A Moon Shaped Pool, noveno álbum de estudio de Radiohead, encuentra a la banda en un momento especial. Casi nueve años han pasado del lanzamiento de In Rainbows, álbum lanzado de manera independiente después de terminar su contrato con Parlophone/EMI. Y aunque esto suene a meras cuestiones de negocios, lo cierto es que sólo una banda con la suficiente reputación podía hacer eso, al menos en aquellos años.

Radiohead lleva diez años de gozar de una libertad productiva, creativa y económica que quizá sea única en el mundo. Esto es lo que podemos escuchar en sus últimos tres álbumes: una banda haciendo música por el mero riesgo de hacerla, (casi) sin desesperación por agradar al público (aunque aun así lo consiguen). En A Moon Shaped Pool se percibe a un Radiohead tratando de escapar a cualquier tipo de atadura, más alejados que nunca del rock convencional.

Un comentario recurrente entre los que aprecian la música de Radiohead es que la banda se reinventa en cada nuevo álbum. Aunque esto siempre es debatible (Radiohead siempre suena a Radiohead), lo que sí podemos asegurar es que cada disco tiene su propia identidad y que cada uno fue cocinado de diferente manera, aunque los creadores nunca dejen de ser ellos. A Moon Shaped Pool no es la excepción. Si bien encontramos muchos elementos distintivos de la banda, el nuevo álbum resplandece con brillo propio.

Sobresale, principalmente, el uso extendido de arreglos orquestales y de cuerdas de una manera que Radiohead nunca lo había hecho. Esto se nota desde “Burn The Witch”, donde los violines no sólo funcionan como acompañamiento, sino que prácticamente hacen caminar a la canción como si de un beat se tratara. Y, aun así, se siente como la canción más “rockera”, con un aire a Hail to the Thief. Aunque las cuerdas están presentes en casi todo el disco, no siempre funcionan de la misma manera; a veces lo hacen acentuando piezas conducidas por pianos sutiles muy a la Radiohead, como en “Daydreaming”, “Glass Eyes” y “Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief”.

En ciertos tracks se percibe una especie de continuación a lo hecho en The King of Limbs (aunque mucho más refinado), con ritmos pacientes y repetitivos, adornados con riffs minimalistas y líneas de bajo elegantes. “Decks Dark” y “Identikit” son prueba de ello. “Ful Stop” es una pieza motorik que aprovecha lo mejor de las influencias krautrockeras de los británicos. Las guitarras acústicas, sobrias, constantes, casi como pianos, se hacen presentes en “Desert Island Disk” y “The Numbers”. “Present Tense” es una especie de prima lejana bossa nova de los arpegios del In Rainbows, con una melodía agridulce. Y al final de todo, “True Love Waits”, con su nueva vida, obtenida mediante un piano reverberante que parece estar dentro de nuestra cabeza.

Es también en este álbum donde escuchamos al Thom Yorke más personal, sensible y cercano de toda su discografía, tanto en las letras como en su ejecución vocal. “This goes beyond me, beyond you”, canta en “Daydreaming”. “Broken hearts make it rain”, repite una y otra vez en “Identikit”. Y en “Glass Eyes” confiesa “I feel this love turn cold”. Y aunque para nada se trata un álbum post-separación a la Vulnicura, parece que el “paranoid android” en persona resiente la separación, en agosto del año pasado, de la que fue su pareja por 23 años. En A Moon Shaped Pool descubrimos que, al final,  Thom Yorke también es como todos nosotros.

Todo esto apunta a algo. A veces se dice, a la ligera, que tal o cual grupo ha alcanzado la madurez. Decir eso de Radiohead en este momento, sería ingenuo. Pero sí se percibe, en todos los elementos del álbum, una especie de autoconocimiento mayor. La batería, el bajo, las guitarras: ninguno de ellos grita, sino que susurran, aparecen en los momentos justos, se esconden cuando deben, se transforman de acuerdo al momento musical. Quizá se deba a que la mayoría de los integrantes están cerca de los cincuenta años, pero el grado de “madurez” musical que se percibe parece inalcanzable para cualquier banda promedio. A Moon Shaped Pool encuentra a un Radiohead en plena consciencia y control de sus capacidades.

Muchos han señalado que el nuevo álbum tiene pocas “nuevas canciones”. “Burn The Witch” ha sido adelantada desde hace quince años. “True Love Waits” ha sido una favorita en vivo y consentida de los fans durante el mismo tiempo. Pero eso poco importa, porque aquí encuentran su razón de existir como grabaciones, dentro de una obra más grande con vida propia. Lo que Radiohead demuestra, una vez más, es la paciencia necesaria para hacer las cosas en el momento justo.

No faltarán los comentarios sobre si este es de sus mejores álbumes o no, o sobre qué lugar ocupa en comparación con otros. Eso tampoco debe importar demasiado. A Moon Shaped Pool es el disco más humano de la discografía de Radiohead, coherente con el momento que vive la banda, el cual no hubiera sido posible sin todo el camino recorrido anteriormente. El amor verdadero espera.

Homo sapiens | CDMX | Periodismo musical | Producción audiovisual

Deja un comentario