Malcolm McLaren, el fabricador del punk

La música siempre ha estado rodeada de ideologías tan fuertes, que en ocasiones son el faro que guía la forma de pensar de una sociedad ante el mundo. Mucho se ha hablado de la conducta política de ciertos músicos y géneros musicales, que frecuentemente guían generaciones enteras ante una sociedad que coopta su futuro de una manera tan agresiva que lo único que pueden llegar a aspirar es a una forma de vida que limita su desarrollo moral e intelectual.

Esto no es nuevo; desde la década de los sesenta las sociedades occidentales han vivido épocas en las que sus jóvenes no tienen un camino ideal para el desarrollo de sus vidas, desde cualquier punto, esto ha provocado insurrecciones culturales muy fuertes, dando como resultado el surgimiento estilos, géneros, actitudes e incluso personajes que marcan un antes y un después en el arte, la forma de pensar y la música.

En este tipo de contextos es común que las personas busquen algo que los identifique y represente, para así no sentir que deambulan solos ante esa marea de calamidades llamada sociedad. Muchas veces la contracultura es una respuesta a tal trago amargo que deben sobrellevar diariamente. Para la mitad de la década de los setenta, Inglaterra vivía situaciones desesperanzadoras para una juventud sin un rumbo fijo. Un joven llamado Malcolm McLaren vio en ellos una oportunidad de crear una banda que reinventaría lo que el rock había logrado.

Con ideas políticas que se orientaban más a las tendencias de izquierda, una fuerte influencia por los sucesos de mayo de 1968, en París y una ideología situacionista, que a grandes rasgos consiste en observar un suceso, adaptarlo y crear escenarios concretos donde un factor que se introduce será relevante y cambiará el rumbo establecido en ese momento y en ese particular acontecimiento, todo esto desde el arte y su arma predilecta: la creatividad.

La vida de Malcolm McLaren siempre giró entorno a esta arma, la cual lo llevó a estudiar en varios colegios de arte en Inglaterra, pero nunca concluyó en ninguno. Tomó otro camino: diseñar ropa y subversivos atuendos para poder sobrevivir y seguir generando incomodidad por las prendas que ofrecía al público en una tienda llamada SEX, ubicada en el #430 de King’s Road, en Chelsea.

Trabajaba en una minúscula tienda llamada SEX; vendía ropa de hule para la oficina, los clientes eran en su mayoría jovencitos vírgenes. La idea de vender playeras estampadas con la imagen de un negro enorme mostrando su gigantesco sexo colgante solía asustar terriblemente a la gente. La tienda era puro punk rock; rebosaba actitud. Algunos de esos chicos querían formar parte de un grupo y a ese grupo lo llamé The Sex Pistols. (A. Pemberton, Rolling Stone No. 44, 2006, p. 44)

The Sex Pitols y Malcolm McLaren

The Sex Pistols y Malcolm McLaren

Sus ideas relacionadas al situacionismo hicieron que viera en el rock esa herramienta que materializaba su pensamiento y la forma más práctica y elegante de causar incomodidad y factores de cambio ante la sociedad. Es así como en 1975 comenzó a reclutar a jóvenes que frecuentaban su tienda, encontrando algunos pseudomúsicos que encarnaban lo que él quería. En todo ello encontró al estandarte para comenzar la batalla enfundado en una playera de Pink Floyd que había sido personalizada con una palabra que sería explotada hasta el hartazgo: “Hate”.

“I Hate Pink Floyd” se leía en la camiseta de John Lydon, el cual sería secuestrado para el proyecto y convertido en Johnny Rotten, frontman de The Sex Pistols. Su actitud vandálica, desaliñada y sin esperanza en un futuro prometedor para la sociedad era lo que McLaren buscaba como la cereza del pastel que había estado cocinando.

Lo que importaba no era el virtuosismo musical, si no las reacciones de la gente ante su atípica forma de tocar la clásica alineación de bajo, batería y guitarra eléctrica. Actos en vivo en lugares como el Club 100 donde llovían insultos, botellas y cerveza por ambas partes, forjaron alrededor de la banda una reputación que muchos grupos hubieran querido tener a tan temprana salida del cuarto de ensayo.

Al principio solo con covers de The who y contemporáneos, posteriormente con letras provocativas derivadas de la cabeza de Rotten, claro, con la fuerte influencia de McLaren, quien insertaba ideas en la cabeza de sus allegados, y dejaba que florecieran: “A Lydon se le daba muy bien frecuentar pubs conmigo, Jamie Red y Vivienne (pareja de McLaren en ese entonces); pero la banda nunca lo acompañaba. Lydon se sentaba a beber con nosotros y absorbía todo lo que le contábamos acerca del 68. John se dio a la tarea de escribir letras en torno a esos temas, “Anarchy in the UK”, God Save the Queen”, etc”. (A. Pemberton, Rolling Stone No. 44, p. 44)

La idea del punk fue gestándose en muchos jóvenes que veían a su sociedad en un hoyo al cual eran arrastrados sin que pudieran hacer nada. la generación en blanco, desesperada por escapar de tal situación, recurría a diferentes ídolos que pudieran hacerlos visibles, no políticos o sociales, sino alguien como ellos que tuviera la atención suficiente para poder hacerlo, tal situación fue perfecta para la banda de McLaren que no tuvo elección a tal compromiso.

Pese ver al punk como un conglomerado de ideología, protesta, aspecto y música, que reprogramaba a los jóvenes en todas esas vertientes, McLaren tenía claro que tocar en un circuito pequeño no llevaría a sus ideas, que ya causaban escozor, a tener un impacto real. Poco a poco la prensa especializada se acercaba vertiginosamente a este nuevo estilo, dandole notoriedad en la escena musical inglesa e inminentemente a las diqueras en busca de algo nuevo que vender.

El proyecto del punk para gente como McLaren, Reid, Bernie Rhodes, todos esos managers detrás de escena, ex alumnos de bellas artes, consistía en hacer su propio 68. Esta vez la idea era generar en el espectáculo una serie de “situaciones” potencialmente disruptivas del esplendor apacible y tranquilizado de los medios masivos de comunicación. Las provocaciones y bromas de McLaren (el famoso show de Billy Grundy, EMI, el viaje aniversario en bote donde los Pistols tocaron frente al Parlamento) fueron planeadas, pero lo que les dio vida fue el factor azaroso que implicó la delincuencia de los Sex Pistols. (Reynolds Simon, Después del Rock, 2015p. 55)

Al ir ganando más fama, presentaciones fuera de Londres, presentaciones en televisión, contratos discográficos por parte de Virgin Records, excesos de todo tipo, dinero y más excesos, estos chicos fueron tomando distancia de los pequeños clubes donde habían implantado una semilla que repercutiría en la historia de la música hasta nuestros días. Bandas como The Clash y Patti Smith continuaron musicalmente el legado, mientras que cineastas, escritores y artistas gráficos aprehendieron el do it yourself desde su campo artístico. La generación entera comenzaba a tomarse esta frase con cierta ingenuidad, pero que a la larga sería una alternativa a la forma en la que pensaban o hacían las cosas cotidianamente.

A la salida del bajista Glen Matlock, The Sex Pistols comenzó su decadencia. Las presentaciones en vivo con su nuevo integrante, Sid Vicios –fan afortunado–, eran caóticas, debido a sus excesos y su inherente autodestrucción. Los diversos problemas en Inglaterra y más elementos que fueron sumándose fragmentaron a la banda. La gira por Estados Unidos fue la última. Después de la travesía en el nuevo mundo, The Sex Pistols se separó y lo que Malcolm McLaren comenzó como un experimento dejó en el mundo una gran marca que, hasta ahora, sigue influenciando y generando tendencias entre la música popular.

Tras dejar las riendas de la banda, Malcolm entendía el rumbo que había tomado el punk. Aunque no necesariamente como lo había diseñado, fue inevitable que la gente se apropiara del concepto y lo adecuara a su propia realidad, logrando un escenario que no había previsto, ya no tan cercano a su ideología situacionista, sino más algo trascendente cultural, musical e ideológicamente.

… Y a medida suelos medios progresistas trataban de atar cabos para explicar el punk, McLaren puso a punto su propia versión del punk, entendiéndolo como un programa premeditado ( lo que él llamó “la estafa”) antes que como un caos improvisado de actos terroristas, un vacío de sentido invadiendo los medios como una embolia. Tal vez no quiso quedar fuera de la historia. Pero de allí en adelante McLaren desplazó su rol (como cerebro de la provocación) al centro de la escena. (Reynolds Simon, Después del Rock, 2015p. 56)

Ya sin The Sex Pistols, dirigir bandas no fue una prioridad para McLaren. Al contrario, quizo explorar los campos musicales que tanto había recorrido alrededor, sumergiéndose en varias producciones de su autoría. Quizá no fueron muy trascendentes, pero la reputación que obtuvo años antes le dio los reflectores necesarios para que fuese escuchada.

La muerte de The Sex Pistols significó una redirección al punk, el cual ya no pertenecía a una banda solamente. Diversas corrientes artísticas retomaron la idea, al igual que generaciones venideras que mitificaron lo hecho por una serie de combinaciones de pensamientos que desembocaron en forma de música e imagen arriba del escenario. Malcolm McLaren sentó las bases para este acto coyuntural, que después repudió y posteriormente quizo retomar. Él no veía el punk como un acto de protesta ambiguo, sino como todo un diseño que causara incomodidad en las buenas mentes londinenses de la época.

Fuentes:

A. Pemberton. (Junio, 2006). La mente maestra del punk. Rolling Stone México, 44, 88 págs.

Simon Reynolds. (2015). Después del rock. Ciudad de México: Caja negra.

CEO en Afónica Magazine l Periodista musical l Productor Audiovisual

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