Las elegidas, una mirada a la punta del iceberg

La primera vez siempre es especial. Ya sea la primera vez que tienes sexo con alguien o la primera vez que eliges a una chica para prostituirla en el negocio familiar. Bajo esta premisa, el director David Pablos cuenta la historia de Sofía (Nancy Talamantes), una adolescente enamorada que al aceptar conocer a la familia de su novio Ulises (Óscar Torres), dicta su condena. Ulises es el hijo menor de una familia que se dedica a la trata de personas en Tijuana.

“Debes terapearla bien cabrón, tratarla como nunca nadie la ha tratado” le aconseja su hermano mayor, Héctor,  a Ulises, quien debe volver a ganar la confianza de su familia tras haber cometido el error de enamorarse de su primera “elegida”; su primera vez. Los personajes principales son el hilo conductor de este relato que muestra una de las tantas puntas del iceberg que tiene el funcionamiento de la trata de blancas en México.

Las elegidas es el  segundo trabajo del cineasta mexicano, basado en la idea original del escritor Jorge Volpi. La historia llegó a manos de Pablos gracias a Canana (casa productora de Diego Luna y Gael García Bernal), de quienes recibió el guion que Volpi había dejado inconcluso por cuestiones de trabajo.  David Pablos decidió empezar de cero, manteniendo elementos de la narración original del escritor, quien recientemente publicó la novela con el mismo título en Alfaguara.

Volpi se basó en un hecho ocurrido en 2001, cuando se descubrió la red de los hermanos Salazar Juárez, quienes se dedicaban a secuestrar mujeres para prostituirlas en Tijuana y en los campos de fresas de San Ysidro, California. Además, retomó la supuesta tradición que existe en Tenancingo, Tlaxcala, de prostituir a las mujeres y enseñar a los hermanos a ser sus padrotes para el guion que después convirtió en libro.

Por su parte, Pablos retomó como tema central la trata de personas para reescribir su propia historia y trasladar a sus personajes a un escenario por sí mismo hostil: Tijuana, una ciudad que, al igual que muchas otras del país, se enfrenta diariamente  a las consecuencias del narcotráfico.

Durante la presentación del film en la 68 edición del festival de Cannes en 2015 —donde formó parte de la selección “Una cierta mirada”—, el director dijo que en ningún momento busca concienciar sobre la trata de personas:

“No creo que el cine represente cambios ni pueda lograrlos. Lo que hace es generar una experiencia humana”.

Después, en la presentación especial de la película en la sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario de la UNAM, días antes del estreno comercial en salas mexicanas, Pablos resaltó que  Las elegidas no busca generar conciencia, sino visibilizar un problema que ha estado presente desde hace mucho tiempo no sólo en Tijuana, sino en muchos estados del país.

“Tienes que aprender a matar el sentimiento” es otro consejo de Héctor a Ulises que, de acuerdo con el cineasta, es recurrente entre los proxenetas para no enamorarse de sus víctimas. Como ésta, hay otras frases en el relato de Pablos que retomó de entrevistas realizadas por periodistas que estuvieron en contacto con padrotes y con quienes el director y guionista colaboró durante su investigación de campo, lo cual se ve reflejado en la solidez de los personajes.

Pablos acierta al evitar la violencia explícita. Utiliza de manera inteligente recursos que permiten seguir la trama y saber qué sucede sin poner a cuadro todos los elementos. Ante un tema violento, no tanto por agresiones físicas, sino por lo que representa en cuanto a la perspectiva de género, saldría sobrando dedicar tiempo a lo que ya es evidente.

El filme continúa con la tendencia en el cine mexicano de recurrir a actores primerizos o no profesionales  para los protagonistas. Ya sea para dar naturalidad a las actuaciones o hacer más verosímiles las situaciones a las que se enfrentan los personajes, este recurso pocas veces favorece. En el caso de este film, se vuelve evidente quiénes tienen tablas actorales y quiénes no, lo cual resta intensidad a la historia en escenas que por la emotividad del momento necesitan transmitir el sentimiento a través de los ojos de sus actores.

Nancy Talamantes y  Óscar Torres llevan el peso de la trama y por momentos ella logra destacar más que su compañero. David Pablos trabajó individualmente con cada uno de susSofía protagonistas y  les hizo entender a los actores cuál era su papel dentro del universo de la película. Los actores cumplen —algunos más que otros pues por momentos el intercambio de diálogos se percibe superficial—.

Las elegidas comienza con fuerza y poco a poco se va desentramando el destino de la historia. Sin embargo, llega un punto en que el argumento pierde solidez y da la sensación de que Pablos quiere rescatar las historias de los personajes secundarios para darles a todos la misma importancia; después recuerda que Sofía y Ulises son los principales y retoma su relato para llevarlo a la conclusión. Por momentos las fallas en el guión son evidentes y eso le resta ritmo a la película, generando la sensación de que la hora cuarenta y cinco minutos de duración se duplican o triplican, dependiendo de tu resistencia.

Dejando de lado las observaciones personales, Las elegidas aborda un tema sensible y cae como anillo al dedo ante las movilizaciones y mediatización de casos relacionados con la violencia de género en nuestro país. Y David Pablos cumple con las expectativas que dejó tras la presentación de su ópera prima La vida después en 2013 en el Festival de Venecia, donde formó parte de la sección Horizontes.

Las elegidas se exhibe en la cartelera comercial, Cineteca Nacional, salas de la Filmoteca UNAM y a partir del 8 de mayo estará disponible en el catálogo de Netflix —una apuesta interesante por parte de Mundial [asociación internacional para ventas de películas entre IM Global y Canana] si consideramos que estará disponible en línea a tan sólo 15 días de su estreno en cines—.

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