La música está en el aire: sobre 4’33’’ de John Cage

El auditorio se encuentra lleno. Un hombre aparece en el escenario y se sienta enfrente de un gran piano. Mira el cronómetro que tiene en la mano, acomoda sus partituras y baja la tapa del piano. Permanece sentado, sin tocar una sola nota con el piano ni hacer ningún otro sonido. Termina el primer movimiento. El intérprete levanta la tapa y la vuelve a bajar. De vez en cuando da vuelta a las partituras. El segundo y tercer movimiento transcurren de igual forma.

Termina la pieza. El intérprete levanta la tapa del piano, cierra las partituras, toma su cronómetro y se levanta. La actuación entera transcurrió sin que el intérprete produjera sonido alguno, siendo que, supuestamente, es una pieza sonora.

La obra en cuestión recibe el nombre de 4’33’’ y fue compuesta, ideada, concebida (es difícil hallar el término correcto) por John Cage. Su duración es, como se podrá adivinar, de 4 minutos y 33 segundos, en los que el intérprete está instruido para no tocar su instrumento ni hacer sonido alguno durante el tiempo de la pieza y fue compuesta para cualquier instrumento o combinación de ellos. Suena a broma, a algo que “a cualquiera se le hubiera ocurrido”, sin ser artista o músico.

No es fácil tratar de responder preguntas sobre una obra tan controversial, pero sí es necesario hacerlas y, más aun, saber cuáles son las correctas para no caer en desestimaciones a la ligera. No se puede juzgar a las peras como manzanas o viceversa, porque siempre se estará en desventaja. La cuestión es saber dónde pararse para poder ver una obra (ésta o cualquiera) desde el lugar que le corresponde.

Las bromas causadas por 4’33’’ son recurrentes, y desestiman el valor estético o artístico que pueda tener. El argumento común es que en esta pieza (que el autor calificó como la más importante de su carrera), la técnica desaparece completamente; es decir, se toma en cuenta la nula destreza que se requiere para interpretarla y se argumenta que, entonces, cualquiera de nosotros puede ser músico y que esto es una tomada de pelo en comparación con las sinfonías del romanticismo.

En este sentido, pasa algo similar a lo que sucede comúnmente con el arte visual contemporáneo, donde se desestima tal obra por carecer de una técnica depurada o exquisita, en una concepción donde el artista sólo lo es por esta característica. Se pasa por alto que en el siglo XX ocurrió un proceso de intenso cambio en las concepciones artísticas de los mismos creadores, concepciones donde la técnica raramente ocupaba un puesto privilegiado.

¿Es 4’33’’ música? Quizá su reputación se debe a que ha sido juzgada como algo que no es. Comencemos por las preguntas más obvias: ¿quién es John Cage y cómo se le “ocurrió” 4’33’’? Cage, llamado compositor, artista y teórico, nació en Los Angeles en 1912 y murió el 11 de agosto de 1992. Entre su trabajo más conocido destacan las piezas para piano “preparado” (colocando clavos y otros objetos entre las cuerdas) y algunas obras que acompañaban piezas de danza moderna.

Pero lo importante, como en mucho del arte del siglo XX, no era la obra en sí, sino el proceso que se seguía para que ésta fuera posible. Cage no fue el único en cuestionar y desafiar la noción de música. Desde los años del futurismo, Luigi Russolo escribía en su manifiesto El arte de los ruidos que la revolución industrial había dado al hombre moderno la capacidad de apreciar sonidos más complejos, de la mano con la fascinación de sus compañeros por el ruido, la velocidad y las máquinas.

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Otro antecedente importante lo encontramos en Arnold Schönberg (alguna vez maestro de Cage), quien desarrolló el dodecafonismo. En este método, las doce notas de la escala cromática son consideradas equivalentes y sin una jerarquía establecida. Por lo tanto, no hay nota alguna de referencia, como en la música tradicional, sino que se elige un patrón en el que ninguna nota puede ser repetida hasta que se hayan tocado las otras once. Esa serie original se repetía con distintas variaciones establecidas y así se obtenía una pieza. Algunos compositores desarrollaron otras técnicas utilizando menos o más notas en sus series.

Más allá de las cuestiones musicales, este tipo de procesos abría distintas preguntas sobre la creación artística, donde el compositor no estaba en total control de su obra y dejaba cierta parte del proceso al azar. Esto parece tener correspondencia con el trabajo de algunos artistas plásticos como Jean (o Hans) Arp, quien abrigado en el dadaísmo, pretendía en sus collages liberar a la creatividad de la razón y dejarse guiar por el azar (sin conseguirlo del todo).

Fue Marcel Duchamp quien introdujo una serie de preguntas importantes respecto a la obra de arte y el autor a través de trabajos como L.H.O.O.Q y Fuente. Éstas no eran obras de arte en el sentido tradicional: una era una intervención sobre un material ya hecho; la otra, un ready-made, “objetos manufacturados promovidos a la dignidad de obra de arte por la elección del artista”, como los definía Breton. Aunque esto puede tomarse como un intento arbitrario por decidir lo que es arte, lo cierto es que Duchamp pretendía cuestionar al autor y su función creadora.

Duchamp

Aquí lo importante no es lo material, sino la idea detrás de ello, el proceso mental que lo hizo posible. De igual forma, se cuestiona la idea de obra original: son conceptos viviendo en un sustento material. Como dice José Jiménez: “Al eliminar la finalidad práctica o material de los objetos, al sacarlos de su contexto habitual, se propicia la consideración estética de los mismos, no en un sentido ornamental o sensible, sino en un sentido básicamente conceptual.”

Todos estos antecedentes están presentes en 4’33’’. La apreciación estética de sonidos no musicales del futurismo, la concepción del azar como elemento en la creación artística, el cuestionamiento sobre la obra de arte y la idea de autor. Cage llevó estas ideas al plano sonoro de una manera radical y que puede parecer definitiva.

Todo cobra sentido si pensamos que 4’33’’ no está hecha de silencio, si no, como estableció su creador, de los sonidos que el espectador percibe a su alrededor mientras dura la pieza. Las preguntas que surgen a partir de esta experiencia resultan inquietantes. En primera, cuestiona la idea del ritual en los conciertos, al darle más importancia al entorno ¿Es necesario este ritual, o la pieza puede ser interpretada por cualquiera al escuchar con atención a su alrededor?

La apreciación estética de los sonidos “cotidianos” fue una de las grandes preocupaciones de Cage, quien definía la música como, simplemente, la producción de sonido. Es así que el azar juega un papel crucial en 4’33’’: lo que escuchemos será siempre diferente y la obra nunca será la misma. Esto pone en jaque la misma idea de autor: ¿en verdad Cage creó dicha obra o se trata de simples relaciones indeterminadas de sonido?

El periodista Andrés Ibañez compara 4’33’’ con el cuento “El dinosaurio” de Augusto Monterroso, como algo que “se puede hacer una vez y cuela, pero sólo una vez”. En YouTube se pueden encontrar diversos “covers” a la pieza, donde algunas personas se graban con diversos instrumentos durante el tiempo establecido sin producir sonido alguno.

Pero en esta obra lo importante no es lo material, sino la idea detrás de ello. 4’33’’ no es sobre el silencio, sino sobre escuchar. Es una política de la escucha. La idea no es interpretarla, sino “abrir” los oídos. Quizá pensemos que siempre estamos escuchando (incluso cuando dormimos), pero Cage a través de esta obra nos demuestra que no siempre es así. Pensemos de nuevo en Duchamp: se retoma un objeto (en esta ocasión, un sonido) con cierta función, se le despoja de ella y se le da una estética. Al final, 4’33’’ nos dice que podemos encontrar una experiencia estética en los sonidos cotidianos, o al menos, prestar más atención a ellos.

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